Amazing Grace – Jessye Norman en Bellas Artes

De acuerdo al SMN, se había pronosticado lluvia y chubascos para la zona central del Distrito Federal, justo por la ubicación del Palacio de Bellas Artes, ubicado a pocos pasos del corazón de México. Pero ni Tláloc ni nadie evitaría que el público mexicano pudiera disfrutar de la voz de una de las aún vivientes leyendas del canto lírico, que es estandarte tanto del arte lírico como popular así como exponente del talento afroamericano y activa altruista: la soprano estadounidense Jessye Norman.

Jessye Norman en Bellas Artes

Pocas veces, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes se llena de toda la musicalidad, misticismo y alegría que una gran voz como la de Jessye Norman puede generar por sí sola, acompañada modestamente por un elegante piano ejecutado por el maestro Mark Markham. ¿Cómo podría calificar el trabajo de esta dupla? Como una maravilla. ¿Y el concierto? Como una bocanada de cielo puro.

Quizá el repertorio elegido por la soprano y su acompañante no es el que genera más entusiasmo y quizá se le califique de agringado, pero ello no quiere decir que no sea bello, apasionado y entregado y que después de todo, no todo lo que da Estados Unidos en cuanto a música se refiere tiene que centrarse en una conocida cantante-performancer. Recuerdo como la señora que se había sentado a mi lado se quejaba amargamente de como ella esperaba “una Carmen” o “un Tristan und Isolde“.

Con un ligero retraso de casi diez minutos de la fecha marcada como inicio; Jessye Norman salió al escenario, ataviada en un sobrio vestido en tonalidades rosáceas (¿violeta?, ¿fucsia?, ¿rosa mexicano?) y acompañada por el pianista Mark Markham, siendo recibida con la ovación del público sin apenas haber abierto la boca para cantar.

Jessye Norman en Bellas Artes 01

Dividido en cuatro ciclos, Jessye optó por ofrecer un homenaje sintetizado a la larga tradición de Musicales que se ha generado en su país, es música que la misma Norman ha escuchado y la cual también la ha podido inspirar, así como cantantes que quizá ha esperado imitar en lo interpretativo y que han tenido gran influencia no solo en su propia vida musical, sino en la de todo sus connacionales. Los dos primeros ciclos mostrarían la gran variedad que el género ha dado, mientras que los dos últimos servirían como tributo a Odetta, Lena Horne, Ella Fitzgerald, Nina Simone y Duke Ellington, grandes nombres asociados al mismo.

Celebración del musical americano

I

Somewhere (West Side Story) – Bernstein
You’ll never walk alone (Carousel) – Rodgers & Hammerstein
But not for me (Girl Crazy) – George Gershwin
I got rhythm (Girl Crazy) – George Gershwin

II

The man I love (Lady, be good) – George Gershwin
Sleepin’ bee (House of flowers) – Arlen
Climb ev’ry mountain (The Sound of Music) – Rodgers & Hammerstein
Lonely town (On the town) – Bernstein
My man’s gone now (Porgy and Bess) Gershwin

III

Another done gone man – Tradicional
Stormy Weather – Arlen
Summertime (Porgy and Bess) – Gershwin
My baby just cares for me – Donaldson Kahn

IV

Meditación para piano – Duke Ellington
Don’t get around much anymore – Duke Ellington
I’ve got it bad and that ain’t good – Duke Ellington
It don’t mean a thing if it ain’t got that swing – Duke Ellington

Aparentemente, un repertorio no precisamente exigente en cuanto a lo vocal y que no presentaría un problema importante para las tablas de Norman. Nada más equivocado que eso. Es un repertorio en el cual debe interpretarse además de cantarse, convertir lo conocido en algo totalmente nuevo y mejor/peor aún: dejar huella en él, y Jessye Norman lo logró, con su exquisito arte, su inconfundible voz, sus increíbles habilidades musicales y su majestuosa presencia. Cada una de sus recreaciones de un repertorio tan conocido se ganó el aplauso al término de cada una y la ovación del respetable en determinadas ocasiones.

En cuanto a cuestiones vocales, su voz sigue siendo poderosa, sobre todo en los graves y la zona media. Su habilidad para los pianissimi es aún latente y esa musicalidad innata estuvo siempre presente, sobre todo en aquellas versiones jazzeadas o con swing en los cuales, Norman no dejo de transmitir todo el sentimiento requerido. El respetable no podía más que callar y dejarse llevar por sentimientos tan polarizados entre lágrimas y risas. Efectivamente, el agudo no es su fuerte, cosa que a nadie en la sala le importó.

Una vez finalizado el programa concertado, fue tanto el clamor del público y las ganas de la soprano por estar con nosotros y brindarnos más de su arte, que nos ofreció dos bises: El primero el espiritual He’s got the whole world in his hand y el segundo la fabulosa Amazing Grace, que inició primero tocando el piano por ella misma y después, dirigiendo al público al que pidió que le acompañara con un murmullo al ritmo de tan hermosa canción. El resultado es difícil de descifrar, yo lo calificaría como “algo que no fue de este mundo”.

Jessye Norman en Bellas Artes 02

Fueron dos horas maravillosas en las cuales Jessye Norman nos mostró que sigue vigente y que aún la tenemos por un rato. Que cuando los años de experiencia y calidad vocal hablan por el artista, no es necesaria toda esa parafernalia que las casas discográficas hacen hoy en día para dar a conocer a cantantes líricos de dudosa profesionalidad e incluso talento necesario. Ojalá este tipo de artistas de talla internacional y de talento indiscutible pudieran venir más seguido a México.

Gracias por haber venido Jessye Norman, por regalarnos una noche mágica auténtica de gozo, de alegría y de deleite, pues los que realmente apreciamos la música (conociéndola o no) sabremos apreciar infinitamente.

Jessye Norman en Bellas Artes 03

Antes de finalizar este post, quiero agradecer a un asiduo lector y amigo por permitirme usar imagenes captadas por él mismo tan ilustrativas por su excelente ubicación: Alejandro Macías. Gracias por compartir este invaluable material y también por captar, aunque sea unos minutos, parte de su interpretación en The Man I Love. A continuación, les dejo dos videos que pudé captar desde mi localidad, espero los disfruten.

My man’s gone now

Summertime

The man I love*


*Video captado por Alejandro Macías

Publicado en on marzo 30, 2011 at 6:28 am  Comentarios (1)  

Rusalka de Dvòrak en Bellas Artes

Continuando con la actividad operística en nuestro país, y en el marco del Festival de México en su edición número 11, fue presentada ayer (en su segunda función) la ópera Rusalka de Antonín Dvorak.

Rusalka hace su (afortunado) debut en tierras mexicanas a 110 años de su estreno en Praga, y como muchas otras obras, que cuentan con una gran belleza musical, sigue siendo una rareza dentro del repertorio operístico, pero de la cual tuvimos la fortuna de disfrutar en nuestro país.

El reparto completo va de la siguiente manera:

Rusalka: Elisabet Strid
Príncipe: Ludovit Ludha
El Espíritu de las Aguas: Alexander Teliga
Ježibaba: Belem Rodríguez
Princesa Extranjera: Celia Gómez
Guardabosques: Antonio Duque
Un joven cocinero: Sandra Maliká
Cazador: Néstor López
Tres Ninfas: Lucía Salas, Edurne Goyarzu, Nieves Navarro.

En el podio el maestro Ivan Anguélov al frente de la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes.

Suele esperarse que el cantante protagonista sea quien sobresalga de entre todos (por eso es el/la protagonista) sin tener que depender del resto del reparto. Y así sucedió anoche. Es la primera vez que escucho a la soprano Elisabet Strid y me he llevado una grata sorpresa. La sueca, encargada de darle voz a Rusalka, posee la voz justa para este tipo de papeles y que es muy común encontrar en las voces originarias de dichas latitudes: homogeneidad pura, un metal platinado y no por ello frío, interpretativa y musical, manteniéndose en la línea desde principio a fin. Ha sido ella la principal ovacionada (y con justa razón) de la noche con una interpretación emotiva y convincente, en especial por su aria principal “Měsíčku no nebi hlubokém”. ¡Enhorabuena para Strid!

El rol de Ježibaba fue cantando por la mexicana Belem Rodríguez, ofreciendo una bruja de voz imponente aunque de maneras caricaturescas (que pueden no ser propias). Me ha sorprendido lo bien que ha cantado con sus medios: una voz metálica, incisiva y bien impostada, audible en todo el lugar. Igualmente ovacionada por los asistentes, y con justa razón. Una bruja perversa pero muy buena de voz.

Ludovit Ludha realizó un Príncipe con medios muy justos. Con una voz discreta en cuanto a volumen que llegó a ser opacada por la densa orquestación de Dvòrak, falto cierto arrojo e intención. Dentro de lo audible, se escuchaba un timbre limpio, pero el gran problema del cantante fue ese, el volumen. Desconozco si se deba a la altura del lugar, algún resfriado o a una simple mala noche en la cual la voz no estaba en su punto óptimo. No fue el más ovacionado de la noche.

El bajo polaco Alexander Teliga, quien dio vida al Espíritu de las Aguas, comenzó flojo, con una voz que le costó calentar todo el primer acto, pero durante el segundo y tercero su voz tomó lo que podría decirse un segundo aire. Conmovedora durante su aria del segundo acto “Běda! Běda! Celý svět nedá ti”. En todo el tiempo, mostró gran musicalidad.

La Princesa Extranjera encontró vida en la voz de Celia Gómez, quién empezó también baja pero calentó y logró darse a notar.

El resto del reparto a la altura, y es de reconocer su dominio sobre un idioma totalmente diferente de las lenguas romances y que han sabido cantar con gran habilidad, destacando al trío integrado por Lucía Salas, Edurne Goyarzu y Nieves Navarro como las tres ondinas.

La dirección musical corrió a cargo de las afortunadas manos del director búlgaro Ivan Anguélov, quién demostró su conocimiento sobre la partitura de Dvòrak. Aunque los metales de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes no se mantuvieron al orden, sonando casi en todo momento muy estridentes (sobre todo los cornos, un problema similar que pude percibir en el pasado Fidelio).

A pesar de la poca intervención del Coro del Teatro de Bellas Artes, es necesario hacerles un reconocimiento justo, aunque fueron tapados durante su última intervención en el tercer acto por la orquesta.

El cuerpo de ballet hizo su aparición dentro del segundo acto. Siento no poder detalles de su desempeño, ya que mis conocimientos sobre ballet son más que raquíticos, aunque fue visible que el pequeño espacio que tuvieron para hacer sus movimientos fue un problema para ellos.

En cuanto a lo visual, es necesario destacar la creatividad de Jorge Ballina quien a través de una estructura ligera sostenida por arneses que subía y bajaba nos daba la sensación de estar sumergidos en el mundo acuático o llevarnos a la superficie, con ayuda de diversos montículos movibles para la entrada o salida de los personajes (como la espectacular entrada de Ježibaba) durante el primer y tercer acto, ya que durante el segundo (que se desarrolla en el castillo del Príncipe) fueron tarimas, barandales y candelabros los elementos de la escenografía. Es de reconocer de igual manera el trabajo de Eloise Kazan con un vestuario más bien inspirado en cuentos fantásticos disneylanderos (especialmente el de Ježibaba y el del Espíritu de las Aguas).

Debo reconocer que no conozco mucho acerca de la regia y todo lo que a la actividad se refiere, pero debo decir que el trabajo de Enrique Singer me ha gustado, adaptándose al libreto, aunque con alguno que otro detalle que me ha contrariado, como aquella pseudo-relación afectiva entre el Espíritu de las Aguas y Ježibaba o la quasi escena lésbica de las ondinas (no quiere decir que me moleste, y desconozco las indicaciones del autor en dichas escenas).

Rusalka aún se sigue presentando en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, por dos fechas más: Jueves 17 a las 20:00 horas y Domingo 20 a las 17:00, si tienen oportunidad de asistir a alguna de las funciones no duden en hacerlo, me parece que disfrutarán de un gran espectáculo.

Después de esta serie de funciones, nos queda esperar la presentación de la soprano estadounidense Jessye Norman en el mismo foro, presentando lo que parece ser un programa compuesto por piezas del musical americano. Más adelante, se habla de llevar a escena las desventuras del pueblo judío y su tiempo como esclavos del rey babilonio Nabucodonosor o también de las histerias y celos de una célebre cantante romana, su nacionalista pintor y un perverso jefe de policía.

Publicado en on marzo 15, 2011 at 6:19 am  Comentarios (3)  

Jessye Norman

Salome de Strauss siempre me ha parecido una ópera fuerte, con una protagonista que requiere una voz robusta y por ende poderosa. O al menos esa es la impresión que tengo desde que escuché por primera vez una grabación de ese título, con la voz de la soprano estadounidense Jessye Norman como la trastornada princesa de Judea. Desde entonces, el nombre de Norman resuena en mi memoria musical.

Originaría de Augusta, Giorgia y nacida el 15 de Septiembre de 1945, Jessye Norman es hija de una familia de músicos amateurs. De padre corista y con una abuela y madre pianistas, fue ésta última la que insistió que tomara clases de piano a temprana edad. A los cuatro años cantaba canciones gospel pero fue a los nueve años cuando escuchó por primera vez ópera, admirando a figuras como Marian Anderson y Leontyne Price (afroamericanas también). Gracias a su participación en la Marian Anderson Vocal Competition en Philadelphia, obtuvó una beca para asistir a la Howard University donde estudió con Carolyn Grant. Para 1968, ella ya poseía un Master Degree de la University of Michigan.

Como suele ocurrir con muchos cantantes líricos, Norman no fue profeta en su tierra, o al menos no durante los inicios de su carrera profesional, teniendo que emigrar a Europa para buscar su gran oportunidad y para ello tendría que ganar la ARD International Music Competition en Munich para adquirir notoriedad. Y lo logró. Fue en la Deutsche Oper Berlin dónde hizo su debut en la ópera Tannhäuser de Wagner, cantando el papel de Elisabeth, que le valió que su voz fuera equiparada a la de la gran Lotte Lehmann. A este hecho siguieron otros debut y papeles en diversas casas de ópera, llegando a Italia gracias al oratorio Deborah de Haëndel y a L’Africana de Meyerbeer.

Aìda de Verdi y Casandre de Les Troyens de Berlioz fueron los papeles con los que debutó en dos grandes mecas operísticas: La Scala y Covent Garden (en 1972). Fue también Aìda la obra que le permitió debutar en su país natal (aunque en versión concierto), realizando también una serie de conciertos.

Para 1975 decide realizar una pausa “operística” para desarrollar mejor sus habilidades vocales (aunque vulgares suposiciones refieren a una crisis de la cantante por su peso y apariencia), aunque siguió siendo reconocida como gran concertista, dando recitales durante todo el resto de la década. Y es hasta 1982 cuando Norman realiza su auténtico debut operístico con la Opera Company of Philadelphia como Jocasta de Oedipus Rex de Stranvinsky y Dido de Dido and Aeneas de Purcell. Para el año siguiente, conquista el escenario de la MET Opera como Casandre en Les Troyens de Berlioz. Desde entonces, su carrera subió de manera impresionante, trabajando con las más diversas orquestas y con los más renombrados directores, entre los que se destacan a Seiji Ozawa, James Levine, Colin Davis y Herber von Karajan (con quién realizó, a mi particular gusto, una de las más bellas versiones del Liebestod de Tristan und Isolda)

Intentar definir la voz de Jessye Norman sería intentar mutilar su arte y trayectoria. Si bien ha sido una destacada cantante de ópera,  Su repertorio operístico abarca desde Hippolyte et Aricie de Rameau y Le Nozze di Figaro de Mozart, pasando por la infortunada Un Giorno di Regno de Verdi y la colosal Die Walküre de Wagner, llegando hasta La Voix Humaine de Poulenc, entre otros papeles. Es importante resaltar también su faceta como concertista, cantando ciclos y canciones artísticas de compositores como Alban Berg, Gustav Mahler, Arnold Schoenberg, Richard Wagner y Richard Strauss, entre otros, resaltando sus interpretaciones de los Wesendonk lieder de Wagner y Vier letze lieder de Strauss. Son también muy reconocidas sus interpretaciones de Espirituales Negros.
 

La voz de Jessye Norman no entiende de clasificaciones vocales (y ni su a voz ni a ella preocupan). Frecuentemente señalada como “soprano dramática”, su voz alcanza tonos propios de una mezzo-soprano e incluso de una contralto, lo cual le ha permitido saltar entre papeles cantados por tal o cual tesitura. Algunos expertos la han incluso delimitado como soprano Falcon. Para lo que a nosotros ocupa, no es importante una etiqueta, no mientras el cantante pueda dar las notas correcta y limpiamente (vaya, sin necesidad de recurrir a trucos), interpretar y transmitir.

Actualmente y desde hace mucho tiempo, Jessye Norman ya no hace ninguna aparición operística y se mantiene en activo como cantante recitalista, ofreciendo lo mejor de su arte y su voz dentro de las salas de conciertos. Como lo hará este próximo 26 de marzo en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México por segunda vez, al lado del pianista Mark Markham. Respecto al repertorio a presentar aún no tengo conocimiento, lo más probable es que se trate de lieder y canciones (mismo programa que ha presentado anteriormente con el pianista, con trabajos de Brahms, Mahler, Berg, Strauss, Wolf, etc). Si gustan de los recitales que constan de obras del post-romanticismo y de geniales voces, no duden en asistir.

Les dejo a continuación, como saben (y a manera de ilustración) unas grabaciones de esta maravillosa soprano. Son dos conciertos. El primero data del año 1974 en el prestigioso Royal Albert Hall cantando el ciclo Wesendonk lieder de Wagner acompañada por la BBC Symphony Orchestra y al podio con el “enfant terrible” de la conducción: Pierre Boulez. El segundo consta de las Cuatro Últimas Canciones de Strauss y la escena final de la ópera Cappricio (del mismo compositor) con la London Symphony Orchestra y Franz-Paul Decker en el podio en Melbourne, el año 1981. Pido disculpas por la grabación, ya que a pesar de que cuentan con un sonido aceptable, la escena final de Cappricio sufre una mutilación, ya casi hasta el final. Espero aún así que disfruten de las grabaciones.

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Parte 1 y Parte 2

Publicado en on marzo 7, 2011 at 4:55 am  Comentarios (2)  

Rumbo a Rusalka

A manera de ilustración por las próximas funciones de la ópera “Rusalka” que se presentarán en el escenario del Palacio de Bellas Artes y que disfrutaremos (espero), he preparado una pequeña ficha referente a ella, que además supone su estreno (110 años después) en nuestro país. Esta ópera en tres actos, cantada en checo y compuesta por Antonín Dvorák, es considerada como una rareza dentro del repertorio, acaso sea porque sea interpretada en un idioma que está muy lejos de ser una lengua romance, o quizá la historia no es un drama terrible lleno de traiciones, intrigas y mentiras. De tratarse de una rareza, sería una de esas que son extrañas y bellas a la vez, tanto por su música como por su argumento.

Cualquier parecido con una historia Disney es mera coincidencia. Rusalka cuenta la historia de una ninfa acuática que busca transformarse en humana para poder enamorar a un joven que suele bañarse en el estanque (medio vouyerista la muchacha), a pesar de las advertencias de su padre “El Espíritu del Agua” y pide ayuda a la hechicera del bosque Ježibaba, esta accede a darle un bebedizo a cambio de dos condiciones: Rusalka debe renunciar a su voz y sí es rechazada por su hombre amado, será condenada a vagar por el lago en completa soledad sin ser ninfa ni humana, aceptando inmediatamente. El dichoso objeto de sus deseos resulta ser un príncipe, que al encontrarla en el estanque se enamora de ella y se la lleva a su palacio. El voluble Príncipe comienza a hacer la corte a una dichosa Princesa Extranjera durante los preparativos de su boda con Rusalka y la ninfa abandona el lugar con ayuda de su padre. Ježibaba sentencia a Rusalka que, para que vuelva a ser una ninfa, debe matar al hombre que la llevo a tal estado, ella se niega rotundamente, pero durante su último encuentro, el Príncipe muere al recibir un beso de Rusalka, quién se convierte en un fuego fatuo deambulando en el estanque por toda la eternidad.

Es innegable que la música de Dvorák tiene fuertes influencias wagnerianas y otro tanto de Liszt. La partitura de Rusalka refleja perfectamente el estado musical del siglo que entonces terminaba. Dvorák se valió de todos los recursos estilísticos de moda en esos tiempos, el desarrollo clásico, la técnica del leivmotiv, las formas del lied y del aria, todos ellos se sintetizan de manera armoniosa para ofrecer una mezcla interesantísima de los modismos de la música impresionista y tintes del expresionismo.

En la música de Rusalka, se transmite el sentimiento de calidez y familiaridad para los personajes elementales o que consideraríamos inanimados, destacando en toda la ópera los motivos del agua y del bosque. Otro motivo existe para reflejar el lado humano, pero escaso de sentimientos.

De todos los pasajes vocales existentes, es la llamada Canción a la Luna (Měsíčku no nebi hlubokém) el más destacable. En ella, Rusalka le pide a la luna, el astro celeste que todo lo ve en las noches, que lleve su amor esté donde éste él.

 Měsíčku no nebi hlubokém,
světlo tvé daleko vidí,
po světě bloudíš širokém,
díváš se v příbytky lidí.
Měsíčku, postůj chvíli,
řekni mi, kde je můj milý!
Řekni mu, stříbrný měsíčku,
mé že jej objímá rámě,
aby si alespoň chviličku
vzpomenul ve snění no mne.
Zasvit mu do daleka,
řekni mu, kdo tu naň čeká!
O mně-li duše lidská sní,
af se tou vzpomínkou vzbudí!
Měsíčku, nezhasni, nezhasni!

Sin tener a un compositor en mente, el libreto escrito fue finalizado en 1899 por el poeta Jaroslav Kvapil, cuenta con influencias de los cuentos de hadas de Karel Jaromir Erben y Bozena Nemcová, así como de La Sirenita de Hans Christian Andersen y Undine de Friedrich de la Motte Fouqué. Fue Antonín Dvorák quién leyó el libreto gracias a su admiración por el poeta y se encargó de la música, terminándola en solo 7 meses.

El estreno se llevo a cabo en Praga el 31 de marzo de 1901, y la primadonna encargada de cantar el rol por primera vez fue la célebre Ružena Maturová, favorita del compositor. El reparto de los personajes más importantes fue el siguiente: 

Rusalka – Ružena Maturová
El Príncipe – Bohumil Pták
Vodník, El espíritu del agua – Václav Kliment
La Princesa Extranjera – Marie Kubátová
Ježibaba, una bruja – Ružena Vykoukalová-Bradácová
La Duquesa – Marta Krásová-Jirák

El título se convirtió en un éxito inmediatamente, volviéndose muy popular dentro de las fronteras checas, y alcanzó cierta notoriedad fuera de su país. Actualmente sigue siendo habitual dentro de sus límites y algunos países vecinos, y programada de manera esporádica en otras casas de ópera, notorias o no.

Rusalka no cuenta con más de la docena de grabaciones, casi todas ellas de auténtica referencia. Quizá la más destacada es la conducida por el director Vaclac Neumann con Gabriela Benacková, Wieslaw Ochman, Vera Soukopová, Drahomira Drobklová y Richard Novák, el Coro y la Orquesta de la Filármonica de Praga. Benacková, de origen checo, fue una de las más destacadas representantes de éste rol, sobre todo en la década de los 80′s. El resto del elenco, también de la misma nacionalidad, complementan la grabación de la cual muchos especialistas califican como “la más completa de todas”.

 
Otra grabación muy conocida (aunque confieso que no la he escuchado) es la realizada por el director Zdenek Chalabala en 1961, al frente del Coro y Orquesta del Teatro Nacional de Praga y dirigiendo a Milada Subrtová, Ivo Zídek, Eduard Haken, Marie Ovcacíková y Alena Míková.  Siento no poder comentar más de esta grabación, pero sería impensable no mencionarla en la presente ficha.

La primera Rusalka que vi (y que puedo recomendar ampliamente) es la realizada por el recién fallecido Charles Mackerras, al frente de la Filarmónica de Praga y con un reparto más conocido para los neófitos como uno: Reneé Fleming, Ben Heppner, Franz Hawlata, Dolora Zajick y Eva Urbanová. Mackerras fue un gran conocedor de la música checa (además del repertorio barroco y clásico) y sabe imprimir los matices justos de la partitura. Fleming, quién a estás alturas a paseado el rol y de la cuál es digna representante, enmarca una Rusalka inocente y algo edulcorada a la vez que intensa. Heppner airoso como el Príncipe (papel muy lastimoso para un tenor). Hawlata un tanto bruto para mi gusto y Zajick genial.

En grabaciones visuales, la más conocida (y la cuál recomiendo) es la dirigida por James Conlon al frente del Coro y la Orquesta de la Opéra National de Paris con Renée Fleming de nuevo en el protagónico, Sergei Larin, Larissa Diadkova y Franz Hawlata (de nuevo), en una producción minimalista que sustituye al bosque, el lago y el castillo y que gracias a geniales trucos de iluminación, crean una atmosfera acuática idónea para la ópera.

La grabación que les dejo a manera de “ilustración” proviene de una función en concierto (esto es, no escenificada con todo y parafernalia) que se ofreció en la Washington Opera, allá por el año de 1993, con el siguiente reparto:

Renée Fleming – Rusalka
Wieslaw Ochman – El Príncipe
Richard Cowan – El Espíritu del Agua
Sandra Walker – Jezibaba
Lauren Flanigan – La Princesa Extranjera

Fleming, que por aquel había estrenado este papel, ofrece una Rusalka inocente y con voz fresca. Evidentemente carece de la madurez y el metal cálido que actualmente posee, desde luego que aún le hacía falta madurar el rol como tiempo después se ha comprobado. Wieslaw Ochman con su voz lírica rotunda, pero un poco carraspeada en las zonas altas (lo bueno al caso es que el Príncipe no tiene tantas notas agudas y es más bien de resistencia), mucho mejor en su grabación en estudio con Benacková. Al resto del reparto jamás los había escuchado, casi todos ellos propiedad de la Washington Opera, mostrándose sobresaliente Sandra Walker en el papel de la hechicera.

 

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Publicado en on marzo 4, 2011 at 6:39 am  Dejar un comentario  

Algunos anuncios

Bueno, cómo se han podido dar cuenta, no he actualizado mucho que digamos este espacio, y no ha sido por la falta de ideas o tópicos de los cuales escribir, sino por falta de tiempo, pero he resuelto terminar con esa situación.

Han notado que no he hecho comentarios sobre las últimas dos transmisiones de ópera desde la MET Opera de Nueva York: Nixon in China de Adams e Iphigènie in Tauride de Gluck. De la primera poco tengo que decir, salvo los repetidos gallos que soltaba James Maddalena (cantante principal) admito que la obra no logró atraparme, ni su trama ni su música. No tengo nada en contra de las obras contemporáneas (que conste que muchas me encantan), pero esta no tuvo mucha suerte conmigo. En cuanto a la Iphigènie, en ese caso si tengo algunas cosas que decir, con todo y el resfrío anunciado de los protagonistas Susan Graham y Plácido Domingo por Peter Gelb, manager general de la MET. Pero eso aún hay tiempo de discutirlo.

En México, la actividad operística también está en un buen momento. Primero fue anunciada la inminente visita de la soprano estadounidense Jessye Norman, quién actualmente realiza solo recitales (después de una intensa actividad operística en la década de los 80′s en los más variados roles). El foro encargado de recibirla es el Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México, el 26 de marzo, evento al cual un servidor espera acudir.

Aunado a eso, la Compañía Nacional de Ópera en conjunto con el Festival de la Ciudad de México preparan el estreno en México de la que quizá es la ópera checa más famosa fuera de sus fronteras: Rusalka de Dvòrak. El cast, integrado por miembros nacionales e internacionales, cantarán en una puesta montada en el Palacio de Bellas Artes los días jueves 10 y 17 y los domingos 13 y 20 de marzo.

Respecto a éstos eventos que se llevarán a cabo en México, he decidido hacer una semblanza de cada una (si, admito que aún debo el Boris Godunov), así que Jessye Norman y Rusalka tendrán un lugar aquí en estos días futuros. Estén pendientes

Publicado en on marzo 1, 2011 at 12:39 pm  Dejar un comentario  

La Mulata de Córdoba/La Vida Breve

La ópera puede escribirse en cualquier idioma que uno pueda imaginar. A pesar de que estamos acostumbrados a escuchar la ópera en idiomas “más propios” o “cantables” como el italiano, el francés y el alemán, también hay una gran cantidad de óperas cuyos libretos y partituras han sido pensados para el idioma español y que son prácticamente desconocidas.

Es España el país más cercano a la tradición operística, gracias sobre todo a su situación histórica y geográfica. Mientras en Italia, Inglaterra y Francia florecía en aquel entonces éste joven arte, en España también se producían títulos nacionales tales como La Briseida, La Madrileña, Clementina y Amor aumenta valor y los nombres de Vincente Martin i Soler y José Melchor de Nebra se hacían de cierto prestigio.

Sin embargo, es la zarzuela lo que se nos viene a la cabeza cuando hablamos del género lírico en este país con títulos como El Gato Montés, Luisa Fernanda, La Tabernera del Puerto y otras historias picarescas, aunque también se hayan producido óperas.

En México, cabe destacar que no se trata de un acto del mal llamado “malinchismo” lo que hace que éstos títulos hayan sido relegados, sino que muchas de ellas carecen de la calidad notable, sobre todo aquellas que fueron producidas durante el siglo XIX ya que, en lo que respecta las mexicanas, eran copias del estilo romántico tan popular en aquel entonces por Europa.

Afortunadamente, a partir del siglo XX, comenzaron a surgir una serie de títulos cantados en español que lograron un notable éxito dentro y fuera de nuestras fronteras, tal es el caso de Ildegonda, Carlota, Tata Vasco, entre otras.

La gente puede emocionarse escuchando los dramas belcantistas o gozando con las melodías francesas, pero despreciar totalmente la producción operística en español es injusto.

Una perfecta oportunidad para disfrutar una pequeña parte del acervo lírico mexicano-español es asistir a partir de hoy a las funciones que dará la Compañía Nacional de Ópera en el Palacio de Bellas Artes, presentando dos títulos: La Mulata de Córdoba de José Pablo Moncayo (si, el mismo compositor del célebre “Huapango”) y La Vida Breve de Manuel de Falla.

La Mulata de Córdoba y La Vida Breve en Bellas Artes

La Mulata de Córdoba, estrenada en México en 1948 con la gran Oralia Domínguez en el papel principal, se basa en la antigua leyenda colonial homónima. Soledad es una mulata que además de poseer belleza, tiene otros dones poco comunes que le serán útiles para sortear los problemas que se cuentan en esta brevísima ópera.

La Vida Breve, estrenada en 1913 en Niza en una adaptación al idioma francés, se estrenaría tal cual un año después en Madrid. La historia, basada en un poema de Carlos Fernández Shaw quién a su vez realizó el libreto de ésta obra, relata el infortunio amoroso que sufre la gitana Soledad a manos de un mal hombre llamado Paco.

El estreno de este programa tendrá lugar hoy 13 de Febrero, las funciones subsecuentes son Martes 15, Domingo 20 y Martes 22 de Febrero. El elenco es como sigue:

La Mulata de Córdoba

Grace Echauri, mezzosoprano: Soledad
Gerardo Reynoso tenor: Anselmo
Enrique Ángeles, barítono: Aurelio
Arturo López Castillo, bajo: Inquisidor
Francisco Javier Martínez: Enamorado

La Vida Breve

Violeta Dávalos, soprano: Salud
Dante Alcalá, tenor: Paco
Nieves Navarro, mezzosoprano: La abuela
Arturo López Castillo, bajo: El tío Salvador
Alejandro Coreño, tenor: Voz de vendedor-Voz lejana
Edgar Gutiérrez, tenor: Voz de la Fragua
Belinda González, soprano: Carmela
Octavio Pérez, barítono: Manuel
Lucía Salas, Elizabeth Mata y Belinda González: Tres vendedoras

Acompañados por el Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes, dirección musical de Ramón Tebar, regia (dirección escénica) de Horacio Almada, dirección del coro por Xavier Ribes y coreografía para La Vida Breve de Pilar Urreta.

Publicado en on febrero 14, 2011 at 3:54 am  Dejar un comentario  

Adiós a ti, Margaret Price.

DAME MARGARET PRICE (1941-2011)

Hace poco menos de una hora, me enteré que la soprano galesa Margaret Price ha fallecido hoy, 28 de Enero, a los 69 años.

Desafortunadamente, no poseo más información al respecto, sin embargo, la fuente de donde la obtuve no suele equivocarse (si, el blog de la Cieca).

Recuerdo que escuché por vez primera la voz de Price en una gran grabación de la ópera Der Freischütz de Weber, dicho título no esta precisamente dentro de mis favoritos, pero la carnosa voz y el aterciopelado timbre de la soprano principal (así es, Margaret Price) me cautivó.

Eclipsada por muchas de sus contemporáneas, Margaret Price se destacó como soprano lírica en el repertorio verdiano, encarnando muchas heroínas del de Buseto.  También llegó a tocar el repertorio belcantista, verista y romántico alemán, grabando incluso la Isolde. También fue reconocida como una consumada liederista.

Una gran pérdida para el mundo lírico, cuyo firmamento ha ido perdiendo inevitablemente (pero de manera muy rápida) sus estrellas.

D.E.P.

Publicado en on enero 29, 2011 at 12:36 pm  Comentarios (1)  

Juan Diego Flórez

Debo admitir que no soy precisamente un diletante de las voces masculinas (a no ser que sean de contratenor), aunque ello no me impide reconocer las cualidades y belleza de un timbre, pertenezca a un hombre o una mujer.

También confieso que tenía cierta reticencia a conocer más a fondo el arte de Juan Diego Flórez, puesto que cada escucha no podía objetarle nada en lo vocal, pero tampoco lograba conectar con él, supongo que se debe a que no es tan carismático como otros (léase Villazón, a quien entonces lo tenía en un pedestal). Todas esas barreras fueron derrumbadas cuando escuché esto:

Me es difícil imaginar que las primeras presentaciones vocales de Flórez fueran con canciones de Led Zepellin y Los Beatles cuando siempre lo he visto haciendo con la coloratura lo que se le da la gana (bueno, es un decir).

Nacido de padres artistas en 1973 en la capital de Perú, Juan Diego Flórez Salom realizó sus estudios vocales en el Conservatorio Nacional de Música de Lima en 1990 alentado por su profesor Genaro Chumpitzi, a quien había conocido en educación secundaría y que le había dado sus primeras lecciones de impostación vocal y ayudado a participar en eventos. Ya dentro del Conservatorio, logró cantar como solista en la Misa de Coronación de Mozart y en la Petite Messe Solennelle de Rossini.

Comienza sus estudios en el Instituto Curtis de Filadelfia, E.E. U.U. en 1993, donde participó en algunas representaciones estudiantiles cantando papeles del repertorio belcantista (mismo repertorio que aún hace), incluso tomó clases con la respetada Marilyn Horne. Es en 1994 cuando Flórez conoce al tenor (también peruano) Ernesto Palacio, quien lo invita a la grabación de la ópera Il Tutore Burlato de Martin i Soler. Desde entonces es maestro y mentor de Flórez.

Con 23 años y una pequeña participación en la ópera rossiniana Ricciardo e Soraide en el Rossini Festival que se realiza anualmente en la ciudad de Pésaro, Flórez tiene que reemplazar a Bruce Ford en el papel del tenor principal en Matilde di Shabran, llegándole de manera inesperada (como suele sucederle a las grandes estrellas) la aprobación del público y el éxito inminente. Ese mismo año debuta en el prestigioso Teatro alla Scala de Milán como Il Cavaliere Danese en Armide de Glück, desde entonces, su carrera internacional ha venido en ascenso, siguiéndose sus debuts en importantes casas de ópera, como la Wiener Staatsoper y la MET Opera de Nueva York.

Juan Diego ha sido distinguido con diferentes premios y condecoraciones, tanto de su natal Lima como de muchos países europeos. Además, ha logrado hacerse de un lugar dentro de los grandes nombres operísticos, al grado que Plácido Domingo lo ha nombrado como “el tenor ligero más grande de todos los tiempos” y el desaparecido Luciano Pavarotti lo consideró como su posible “sucesor” (algo que nunca terminé de entender, ya que apenas si comparten repertorio). Ha compartido el escenario (y realizado grabaciones) tanto con figuras consagradas como Edita Gruberová y con colegas contemporáneos como Natalie Dessay, Annick Massis, Cecilia Bartoli, etc.

Todo esto ha sido gracias a la técnica vocal y a la brillantez de su timbre, su exquisito fraseo, la perfecta dicción en italiano y francés (idiomas en los que más ha cantado), su facilidad en la coloratura y su destacable fiato. Estás características lo vuelven como el cantante ideal para abordar el repertorio belcantista con especial énfasis en Rossini (del cual, ha cantado gran número de sus óperas), aunque también ha cantando en óperas de Bellini, Donizetti, llegando a Verdi y Puccini. Ha realizado algunas incursiones en pequeños papeles mozartianos y franceses, compositores que tiene planeado cantar más en el futuro, sin olvidarse de los anteriores.

Personalmente, me gusta mucho la voz de Juan Diego Flórez. Es un correcto actor y un cantante más que solvente, tal vez sea ésta cualidad la que más valoro en él, ya que logra transmitir con la voz y sus exactitudes respecto a la partitura y comunicarse con la audiencia. Considero que es un cantante que puede verse, pero que definitivamente puede disfrutarse más en la mera escucha. Destaco sus creaciones como Il Conte Almaviva de Il Barbiere di Siviglia, Don Ramiro en La Cenerentola (ambas de Rossini), Tonio en La Fille du Régiment de Donizetti y Elvino en La Sonnambula de Bellini.

A fin de recrearse con su arte, les dejo este recital que se llevo a cabo en Paris el 20 de octubre de 2004. Acompañado de la Orchestre Nacionale de France y el Choeur de Radio France y dirigido por Enrique Mazzola, Flórez ofrece parte de su mejor repertorio, cantando arias de Il Barbiere di Siviglia, Il signor Bruschino, Semiramide y La Cenerentola de Rossini, Le Fille du Régiment, L’Elisir d’Amore y Rita de Donizetti, Rigoletto de Verdi y como encore la famosa canción Granada de Agustín Lara. Una verdadera gozada (perdón por la expresión, pero solo así se me ocurre describir estas grabaciones).

 

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Publicado en on enero 15, 2011 at 12:01 pm  Dejar un comentario  

J’ai Versé le Poison dans cette Coup d’Or

Se presume que Cléopâtre fue la última ópera completa compuesta por Jules Massenet. Tuvo su prémiere dos años después de la muerte del compositor (Massenet murió en 1912), siendo la segunda de las tres óperas estrenadas de manera póstuma a su muerte (Panurge se estrenó en 1913 y Amadís en 1922) en la Ópera de Monte Carlo. Fue la rusa Maria Kuznetsova la encargada de cantar el papel principal.

Desgraciadamente, dichos títulos no han corrido con la suerte de ser famosos y por ende, formar parte del repertorio mundial, gracias a las escazas representaciones que han tenido. La historia se centra en el conocido romance entre la reina egipcia y el militar romano Marco Antonio, con algunas variaciones en favor de hacerla más dramática. De éste título, se desprende la que es quizá su única aria destacable, títulada J’ai versé le poison dans cette coup d’or, donde Cléopâtre ofrece a cualquiera de sus esclavos que se atreva a beber venenoen una copa dorada un beso suyo.

La partitura contiene esa voluptuosidad que Massenet sabía imprimir a sus óperas ambientadas en el exótico oriente y que es también audible en otro título no muy conocido de él: Thaïs. En nuestros días ha adquirido cierta notoriedad gracias a Montserrat Caballé, que cantó en versión concierto este título.

La versión que les dejo a manera de ilustración fue grabada en 2006 por Renée Fleming para su álbum “Homage: The Age of the Diva”. Fleming ha destacado como una gran intérprete de Massenet, en especial por sus retratos de Manon y Thaïs (aunque también cantó Salomé de L’Herodiade). En esta aria, Fleming imprime cierto aire de sensualidad ayudada por su morbideza y melancolía como sentimiento. Personalmente, creo que ella podría hacer una grabación estupenda del rol completo, veamos si más adelante lo aborda.

J’ai versé le poison dans cette coupe d’or.
Quiconque effleurera ses bords,
en la vidant boira la mort!
Mais à celui qui la prendra mon baiser viendra répondre
à son baiser!
Et j’offrirai mon doux regard…oui, j’offrirai mon
regard le plus tendre…mon doux regard… mon doux
baiser le plus tendre!
Ô mes esclaves, parmi vous, en est-il un qui m’aime et
me désire assez, pour vouloir se griser… d’une caresse?
Ô mes esclaves, parmi vous, en est-il un qui m’aime et
me désire assez? Il connaîtra mon doux regard…il connaîtra
mon plus tendre baiser!

Publicado en on enero 13, 2011 at 3:52 am  Dejar un comentario  

Oro, apuestas y una dama – La Fanciulla del West desde la MET Opera

Fue el día de ayer que tuvo lugar la quinta transmisión de la temporada 2010-2011 en HD desde la MET Opera. Se trató de una de las óperas de Giacomo Puccini y que recién cumplió su aniversario centenario en el mismo teatro: La Fanciulla del West, ópera en tres actos.

Los involucrados en esta función de matinée fueron como sigue:

Minnie: Deborah Voigt
Dick Johnson: Marcello Giordani
Jack Rance: Lucio Gallo
Joe: Michael Forest
Bello: Richard Bernstein
Harry: Adam Laurence Herskowitz
Happy: David Crawford
Sid: Trevor Scheunemann
Sonora: Dwayne Croft
Nick: Tony Stevenson
Ashby: Keith Miller
Cartero: Edward Mout
Castro: Jeff Mattsey
Billy Jackrabbit: Philip Cokorinos
Wowkle: Ginger Costa-Jackson

Producción: Giancarlo del Monaco
Dirección Musical: Nicola Luisotti

Por alguna razón que aún no entiendo, Fanciulla nunca ha contado con el mismo favor de parte del respetable que sus otras hermanas como Tosca, Butterfly, etc. Tal vez sea por que se considere que hay mucho relleno, o ese final feliz que no termina de cuajar, en realidad no tengo idea, lo cierto es que no es un título nada fácil de cantar y tampoco de es fácil de dirigir. He aquí el resultado (bastante personal) de la función de ayer.

Es la primera vez que escucho a Deborah Voigt en un papel pucciniano, suelo asociar su nombre a Wagner o Strauss. No es que sea mala cantante, sin embargo creo que el repertorio verista le es algo ajeno (a pesar de que ya ha cantado más papeles italianos). Su timbre suena desgastado y en momentos apagado. Aún así, aún muestra algunos brillos. Es muy aplaudible su compenetración con el personaje, mostrándose muy histriónica y simpática. Veamos qué tal le va en su próximo debut en el rol principal de Die Walküre de Wagner (y de la cual también habrá transmisión).

Cumplidor y hasta destacable pondría la labor de Marcello Giordani. El tenor consentido de la MET ha sacado la casta, sobre todo en las notas agudas que tan seguras son en él, con sus respetivos puntos flacos en los graves (y Dick Johnson tiene varias notas bajas), pero que ha salido avante en todo. Comprende el canto verista y eso es notable.

Quién no terminó de agradarme, para nada, ha sido el barítono Lucio Gallo. Voz gruesa y carente de morbideza, muy bruta, y no por tratarse de una ópera verista debe declamarse ni gritarse, sino cantar.

El resto de los comprimarios, sin falta alguna, destacando quizá a Dwayne Croft como Sonora y a Keith Miller como Ashby.

Muy acertada la orquestación de Nicola Luisotti, conservando el sello de Puccini en la partitura y apoyando a los cantantes en todo momento, dirigiendo a la orquesta todoterreno de la MET.

La tradicionalista producción de Giancarlo del Monaco puede verse en un DVD grabado con anterioridad, dónde el trío principal está compuesto por Barbara Daniels, Plácido Domingo y Sherrill Milnes.

La siguiente transmisión a proyectarse en diferido será de la ópera contemporánea Nixon In China de Adams ya no el 12 de febrero, sino el siguiente fin de semana a ese día (19 de febrero), en teoría por algunos problemas técnicos, donde James Maddalena hará el papel principal.

Hasta entonces, y si no sucede algo antes, la crónica.

Publicado en on enero 9, 2011 at 12:47 pm  Comentarios (1)  
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