Le Divine Marie

Las cortesanas, más que simple y vulgarmente referidas como prostitutas de lujo, debían ser mujeres bellas, cultas, educadas, instruidas en las bellas artes (aunque sea un poco) y en resumidas cuentas, exquisitas. A veces servían como mero entretenimiento de los hombres adinerados o de alto linaje, algunas otras veces para mediar conflictos internacionales y más de una vez inspiraron violentas pasiones en amantes incautos dispuestos a darlo todo por ellas. Cortesanas hermosas existieron muchas, pero solo pocas pasaron a la eternidad. Ese es el caso de Marie Duplessis.

Quizá su nombre no les diga mucho de su historia y quién era. Pero si les digo que fue ella la que inspiró a Alejandro Dumas hijo para escribir su célebre “La Dame aux Camélias”, que a su vez se basaría la famosa ópera de Giuseppe Verdi titulada “La Traviata” la cosa ya cambia un poco, ¿no?

Como toda cortesana – aunque muchas jamás lo mencionaran – los orígenes de Marie Duplessis eran más bien humildes. Hija de una madre de abolengo cuya familia había caído en desgracia y de un padre violento y alcohólico fruto de la relación prohibida entre un sacerdote y una protituta, Marie tuvo una infancia rodeada de carencias. En realidad, ni si quiera se llamaba realmente Marie, su verdadero nombre era Rose-Alphonsine Plessis.

La razón de su incursión al oficio más antiguo del mundo es la misma que la de casi todas: la necesidad. Pero la manera en que inició es aún un misterio, aunque de acuerdo a sus biográfos, fue su padre el que empezó a ofrecerla a hombres a la tierna edad de doce años. Antes de llegar a ser la mujer legendaria de expresión ambigua, Alphonsine debió pasar las diversas etapas que las damas de la vida galante debían pasar – de acuerdo a las crónicas y relatos de aquellos tiempos – casi como ritual. La mayoría de ellas provenía de la campiña francesa, trabajando jornadas de más de dieciséis horas en las fábricas o establecimientos para ganar un sueldo miserable. Con un poco de suerte y si poseían encanto, algún día conocerían en algún baile o tertulia popular a algún hombre con medios modestos pero suficientes para instalarla en un modesto piso, adquiriendo la categoría de cocottes.

Alphonsine llegó a Paris a los 15 años con una compañía circense de gitanos, aparentemente vendida por su protector padre. Fue en un baile que conoció a un restaurador empleado en la Galería Montpensier, e interesado por su belleza la tomó como su protegida – bonita manera de decirlo – posteriormente, conoció a un tal conde llamado Antoine Alfred Agénor de Guiche, que terminaría convirtiéndose en el Duque de Gramont, Príncipe de Bidache y Ministro de Asuntos Exteriores de Napoleón III. Fue así como comenzó a escalar de posición en el difícil mundo de las cortesanas en Paris. Su nueva situación de amante de un conde instalada en un piso más lujoso le confería la etiqueta de lorette, el término medio entre una simple mantenida y una cortesana. Cambio su simple nombre por el de Marie Duplessis, y con él sus maneras de conducirse en sociedad, enriquecer su cultura e incluso logró hablar francés como toda una parisina, eliminando su acento normando, todo con la ayuda de un tutor expresamente contratado por su nuevo “benefactor”.

La familia del conde al enterarse de la relación de su heredero con una prostituta, temió por el buen nombre de la familia y lo obligaron a abandonar a Marie. Pero ahora Marie ya no era tan simple como antes. Su exquisita belleza y sus refinadas maneras recién adquiridas le otorgaban las armas necesarias para conducirse en la alta vida social de Paris, llegando nuevos amantes protectores a su vida, casi todos presentados a ella en el famoso Jockey Club de Paris, un exclusivo club donde los caballeros adinerados podían darse gusto con las carreras de caballos así como con las mujeres hermosas.

Marie no tardaría mucho en encontrar a un rico protector, siendo el conde de Perregaux (Francois-Charles-Edouard Perregaux) su nuevo amante. Vivieron un verano de ensueño  en una mansión de Bougival que el conde había adquirido solo para la Duplessis. Tristemente, fue también ahí dónde los síntomas de la tuberculosis que terminó con su vida se hicieron evidentes, buscando remedios para tratar su mal. Perregaux, al borde de la ruina por costear su idílica vida con Marie, tuvo que vender la mansión veraniega y se fue a Londres para poner en orden sus asuntos financieros.

Fue en un viaje a las aguas termales en Bagnères-de-Luchon dónde conoció al conde Gustav Ernst von Stackelberg. De acuerdo a las habladurías, más que una relación amorosa, se trataba de una relación de padre e hija ya que Marie le recordaba a su recién fallecida hija, víctima del mismo mal. Fue él quien le puso un nuevo lujoso piso, donde la Duplessis realizaría diversas tertulias, rodeada de los grandes artistas de su tiempo. Fue en estas reuniones dónde sería presentada ante personalidades como Charles Dickens, Alfred Mussent, Eugène Sue, Alejandro Dumas (padre), entre otros, convirtiéndose también en la mujer mejor pagada por sus amores. Así, Marie lograba lo que toda dama de la vida galante aspiraba, la máxima categoría de entre las de su clase: cortesana. Ya afianzada como tal, en 1844 la Duplessis conoce al que se encargaría de inmortalizarla para la eternidad, Alejandro Dumas (hijo).

Su romance con Dumas no duraría mucho. Abandonda por él, Marie aún se dio el lujo de conquistar a otro notable hombre: Franz Liszt. Vivieron un amor apasionado, que duró hasta que Liszt siguió su camino cosechando éxitos en toda Europa. Para entonces, el mal de la Duplessis ya era severo.

Finalmente, 1846 se casa con su antiguo protector, el conde de Perregaux, aunque el matrimonio solo pudo ser legal en Reino Unido. Fallece el 3 de febrero de 1847. Solo su marido y el conde Gustav Ernst von Stackelberg, quien la acogiera como hija propia, estuvieron en su sepelio.

 Ici Repose
ALPHONSINE PLESSIS
Née Le 15 Janvier 1824
Decedée le 5 Fevrier 1847
De Profundis

El amor que inspiró a Alejandro Dumas (hijo) fue la fuente para que este escribiera su obra “La Dame aux Camélias”. La noticia de su muerte le llegó mientras él estaba en Marsella. Se enteró por medio de un amigo. En su “Dame aux Camélias”, Dumas transforma a la Duplessis en Margarita Gautier, joven cortesana que sacrifica su amor por el joven Armand Duval y muere en la más absoluta miseria y sola.

Es claro que existen ciertas similitudes en la historia entre la Duplessis y Dumas con la de Gautier y Duval. Ambas eran hermosas y refinadas, gentiles con su servidumbre y siempre embriagadas de la juventud y la alegría, acaso por el conocimiento de sus destinos fatales. También es claro que existen diferencias, la principal la muerte de ambas: mientras Margarita Gautier muere en lastimosa pobreza, la Duplessis no. Murió con un título nobiliario y todavía después de su muerte y de pagar a sus acreedores, fue posible entregar una herencia a su hermana Delphine.

Con todos estos elementos, era imposible que alguien no intentara adaptar la obra de Dumas en una ópera.

No ahondaré en esa historia puesto que me parece redundante hablar de una ópera para todos (o casi) bien conocida, tampoco hablaré de los momentos cruciales de la misma ni de cuan famosa es hoy en día, a pesar del fracaso en su estreno la noche del 6 de marzo de 1853, principalmente achacado a la soprano Fanny Salvini-Donatelli que gracias a su gruesa figura y a su edad en aquel entonces (38 años), no encajaba como la frágil cortesana caída en desgracia. La escena final en lugar de provocar lloriqueos, provocó risas. Al día siguiente, Verdi escribió en una carta a un amigo suyo: “La Traviata anoche fue un fracaso. ¿Fallo mío o de los cantantes? El tiempo lo dirá”. Y el tiempo ya ha respondido a esta pregunta.

Al año siguiente, se presentó en Venecia y Maria Spezia-Aldighieri encarnó una Violetta más acorde a la idea concebida a la cortesana joven y enferma. El éxito esta vez fue rotundo. Desde entonces, La Traviata se mantiene en repertorio en los principales teatros del mundo y sigue siendo un papel de ensueño para cualquier soprano.

Un hecho curioso que deseo resaltar es el hecho de para cuando Marie Duplessis se encontraba en la cima de la fama y el glamour parisino como la cortesana que era, fue llamada “La Divina Marie”. ¿Será una simple coincidencia que casi un siglo más tarde, otra dama fuera llamada La Divina y que tuviera entre sus caballos de batalla el papel de la cortesana parisina?

Published in: on marzo 17, 2012 at 12:08 am  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://operomano88.wordpress.com/2012/03/17/le-divine-marie/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: