Traviticidio escénico en Bellas Artes

Y otra vez tocó ópera en Bellas Artes. Y desde luego, no podía faltar, mucho menos tratándose de una ópera tan importante y conocida: La Traviata de Verdi. Un título así asegura el lleno total del aforo del teatro en que se presente.

Personalmente, yo estaba muy entusiasmado, se trataba de la primera función completa totalmente escenificada a la que yo asistía. Por otra parte, no es necesario recordarles lo mucho que me gusta este título, ¿verdad? Además, se había anunciado que se estrenaría con una producción totalmente nueva. No pues qué padre.

Tomé un programa de mano y me puse al corriente con el reparto completo y el equipo creativo responsable para la función del domingo. Este era: 

Violeta Valery – Leticia de Altamirano
Alfredo Germont – Arturo Chacón
Giorgio Germont – Luis Ledesma
Flora Bervoix – Margarita Botello
Gastone – Ramón Yamil
Dottore Grenvil – Alejandro López
Il Barone Douphol – Octavio Pérez
Annina – Elizabeth Mata

Orquesta y Coro del Palacio de Bellas Artes

Director Concertador – Denis Vlasenko
Puesta en escena – David Attie
Diseño de escenografía e iluminación – Jesús Hernández
Director del Coro – Xavier Ribes
Diseño de Vestuario – Sara Salomón
Coreografía – Jessica Sandova
Producción ejecutiva – Martha Chávez

Fue un gusto encontrarme con el estimado Mauricio Laguardia dentro del teatro. Mientras daban las 5 pm para el inicio de la función, platicábamos de grabaciones varias y funciones pasadas de la CON. Entre plática y más, el tiempo pasa volando. Para cuando me percaté – y eso porque el público empezaba a silbar y aplaudir como si estuviéramos en un palenque –  ya eran 5:10 pm. El aforo de la Sala Principal de Bellas Artes estaba casi lleno. No pasaron más de cinco minutos cuando la función daba inicio. Estos son mis comentarios.

Antes, debo admitir que me enfrento a un problema: ¿Cómo debo comenzar? ¿De lo más a lo menos? ¿De la música a lo visual? ¡Qué cosa tan problemática!… Creo que me basaré en el segundo criterio.

Comenzaré por los cantantes, las damas primero. A Leticia de Altamirano ya la tenemos algo escuchada gracias a la proyección que alcanzó en el reality “Ópera Prima” que pretendía descubrirnos a las nuevas mejores voces líricas del país, y Leticia fue finalista en dicho certamen. Timbre agradable y voz bonita era todo lo que yo conocía de ella. Esta fue la primera vez que pude apreciarla como debe ser – en teatro y sin micro – y bueno, mis impresiones sobre ella siguen siendo las mismas: Tiene un timbre agradable y bonita voz, bien proyectada, una lírica completa. Durante el primer y parte del segundo acto se le nota cómoda, luce segura y hasta metió variaciones propias en la cabaletta de su escena final del primer acto, coronándola con un sobreagudo que le valió los aplausos y bravos del respetable. Pero a partir de la mitad del segundo acto hasta el final de la función, pudieron notarse algunas deficiencias, principalmente la ausencia de graves y fiato algo limitado. Aún con esto, afronta el papel muy lucidamente y lo lleva a su terreno. Físicamente luce muy bella. Confieso que no iba con altas expectativas respecto a ella, pero le he aplaudido con gusto al final de la función.

Quien realmente se merece mi más efusiva admiración es el tenor Arturo Chacón como Alfredo Germont. No le había escuchado anteriormente y ha sido para mí un gusto escucharle en un papel tan malagradecido y a veces tan olvidado en importancia como lo es Alfredo. Y es que Chacón conoce tan bien el personaje que hace lo que quiere con él, eso sí, con mucho gusto y elegancia. Ni gritos ni desafinaciones gracias a su buena técnica. Un timbre bello y cálido y que corre también por todo el teatro, excelentes dicción y fraseo. Son pocos los tenores que realmente me convencen como Alfredo (de momento, se me vienen a la mente Bergonzi, Gedda y Kraus), creo que agregaré a mi lista el nombre de Arturo Chacón. ¡Bravo!

A Luis Ledesma tampoco le había escuchado anteriormente, o no que yo recuerde. Más que barítono, su voz me sonó de bajo-barítono, graves rotundos y un centro estable, pero con agudos algo entubados. Buena técnica vocal. Actualmente se adolece por la falta de buenos barítonos de nobleza para roles verdianos. Me gustaría escucharlo en otra cosa más que en Verdi.

Del resto del reparto, bien. Excelente labor del coro, con todo y que entró tarde en el Godiam, godiam del primer acto, que fue muy notorio.

Del director no tengo gran cosa que decir. Se paró y dirigió. Si bien parecía que estaba en piloto automático, de repente se excedía con el volumen de la orquesta, casi tapando a la terna principal donde el respetable sabía que decía algo porque movían la boca y el subtitulaje lo decía, nada más por eso.

Paso ahora al trabajo del equipo creativo de esta puesta de Traviata. Me parece que fue un trabajo tan conceptual y tan dirigido a cierto público que yo no entendí y al final, terminó por fastidiarme.

Vamos a la parte que menos me gustó –¿ o que no entendí? –: la parte visual. No creí encontrar algo tan sin chiste como escenografía para una Traviata después de la mentada puesta con el enorme reloj, producción del Festival de Salzburgo y que hicieran conocida Anna Netrebko y Rolando Villazón, una puesta muy vista y muy fea. Pues bueno, ayer vi otra también muy fea. Existía un marco de luz tipo neón – corríjanme si es necesario – alrededor del proscenio, tipo la Carabina de Ambrosio – pensé que en cualquier momento podrían salir Beto el Boticario, El Simpatías, Gina Montes y compañía – lo cual ya estaba feo y limitaba el espacio. La escenografía, simple y sin chiste. Unas estructuras, unas escaleras dobles, unas tablas que hacían de paredes que bajaban y subían y unas sillas. Y ya. Eso fue toda la escenografía. Con eso representaban la opulencia de la casa de Violeta y Flora, eso mismo sirvió para hacer una casa de campo y el cuartucho miserable al final – aquí sí quedó bien –. La iluminación tampoco ayudó. 

No sé si era una producción para un público muy ecléctico y entendido que por eso los ignorantes y desinformados como yo no supimos entender  y menos apreciar. O si es que yo tengo tan mal gusto que hubiera preferido una producción de cartón y piedra como las que suelen ponernos en Bellas Artes en cuanto a ópera se refiere en lugar de una cosa tan abstracta.

Explico. El primer acto iniciaba con un pre-preludio a piano con las notas de Addio del passato, Violetta-Leticia caminaba hacia el centro contemplando uno piano suspendido por una cuerda – jamás entendí ese elemento –  para después proseguir con el preludio orquestal. Al finalizar este comienza la fiesta… O el delirio.

El color rojo presente en todo el primer acto me hace pensar más en un burdel de mala muerte que en la rica casa de Violeta. Unas sillas rojas por todo mobiliario. Mi pobre Violeta, antes de su muerte ya vivía en la miseria.

En el segundo acto, nos enteramos que ella y Alfredo-Arturo viven en una casa de campo. Pero nos enteramos por que así dice el programa de mano o porque ya conocemos la historia. La casa igual de sombría que un cuento de Edgar Allan Poe con un árbol al fondo y más sillas – esta vez de color azul – por todo mobiliario. Y luego, durante la confrontación entre Violeta y papá Germont-Luis, ¡se abre un abismo en el suelo más claro que toda la casa! De acuerdo al estimado Mauricio Laguardia, esto parecía un homenaje al filme “Pulp Fiction” de Quentin Tarantino, donde sucede una escena similar. Qué bueno que me explicó eso, pero aún así sigo sin entender que significa eso o que relevancia tenía. Tendré que ver esa película

Para el tercer acto, Violeta y Flora tenían al mismo diseñador de interiores y tenían el mismo guía de feng-shui, aunque estaba orientada de otra manera ya que le entraba más luz. Seguro a Flora le iba peor que a Violeta, porque ni para una mesa tenía para que sus invitados jugaran a las cartas y había que imaginárselo, pero eso sí, tenía muchas sillas.

Pero para el último acto, casi les entendí todo. Les creí que Violeta vivía en la miseria más vergonzosa, tan es así que ni una simple cama tenía y la pobre tenía que reposar ¡en sillas!, esta vez blancas. Un cuarto oscuro y desnudo. Hasta aquí sí entendí – ¿o le atinaron? –. Pero, de nuevo ese piano suspendido… ¿Cómo para qué?

No señores, no le entendí al trabajo de Jesús Hernández.

Añadamos el cuerpo de baile de unas gitanas (tres bailarinas) con complejo de bailarinas de cancán de cuarta categoría enseñando unas bragas rojas y un matador con el torso desnudo. Yo no me espanto de tales elementos, pero enseñar por enseñar no va. Además de una coreografía… ¿Inexistente? ¿Fea? ¿O de nuevo muy conceptual y ecléctica para el simple público? No, lo siento, tampoco entendí el trabajo de la coreógrafa Jessica Sandoval

La dirección escénica de David Attie tampoco me convenció mucho.

Hasta eso, el vestuario no me pareció tan malo. Al principio chocaba un poco en mi ver a los caballeros con trajes de doble tela. Uno podría pensar “¡Qué bárbaros! No les alcanzo el presupuesto porque se lo acabaron con las luces en el proscenio y tuvieron que agarrar de otros retazos de tela sobrante para que acabar los trajes” pero no, así estaban diseñados por Sara Salomón.

Les juro que no me fui a meter a un tugurio de mala muerte, lo que les cuento es la verdad. Si quieren buscar fotos de la producción, encontrarán algunas disponibles en la web – aunque se aprecia otra cosa en ellas – algunas de ellas pueden verlas en el siguiente enlace – las fotos no son mías –: http://prensaescenario.wordpress.com/2012/03/17/inba-regresa-a-palacio-de-bellas-artes-opera-la-traviata-de-verdi-2/

¿Incidentes? Pocos. Me enteré que en la función del jueves pasado parte del  público se quejó porque durante el tercer acto el subtitulaje falló y dejó de proyectarse. En la función de ayer, además del pequeño fallo del coro en el primer acto con ese Godiam!, a los cinco minutos fue evidente el desprendimiento de una de las tablas sujetadas por arneses que subían y bajaban. Tan evidente fue que el público murmuró y una señora se espantó.

Todo esto quedó demostrado en los bravos y silbidos al final de la función. Aplausos y bravos para los cantantes, el coro y un poco más modestos para el director de orquesta que jamás le bajó el volumen a la orquesta, tapando a los cantantes. Y sonoros silbidos y abucheos para el equipo “creativo” de esta producción, cuyo descontento fue notorio.

Decir que la Traviata de ayer fue un rotundo fracaso sería exagerado. Si hubo una Traviata de Verdi ayer fue gracias a los cantantes solistas y al coro que a mi entendimiento y juicio lo hicieron muy bien. Mención aparte me merece Arturo Chacón, a quién bravée y aplaudí con mucho entusiasmo. Pero por esa cosa que montaron como escenografía, ni silbar era bueno, al menos no para mí. Es desconcertante pasar de la genialidad de una puesta bien pensada como lo fue la anterior ópera montada en Bellas Artes (Muerte en Venecia) y de repente, que nos pongan esto. Yo pensé que no volvería ver algo tan feo y falto de interés como aquella Tosca – también montada en Bellas Artes – el año pasado.  Pero ¡oh, sorpresa! Si lo lograron. Y casi se superaron.

No estaba esperando una producción zeffirelliana. Ya sabía yo que no sucedería así. Pero al menos algo bien pensado, que fuera acorde al espíritu romántico de la ópera, un poco más colorido. Pero lo de hoy en día es la tecnología y el conceptualismo. La modelindá llego a la ópera – hace años – y también a Bellas Artes.

Les habría salido más barato si lo hubieran hecho en versión concierto. Y al menos, habría más presupuesto para las siguiente óperas que se supone también montaran el resto del año.

Palabras más, palabras menos, nos quedaron a deber.

Y bueno, para quitarles el mal sabor de boca a los asistentes y que estén leyendo esto, les dejo no una, sino dos grabaciones de Traviata.

La primera es una grabación transmitida en radio de una función del 2008 realizada en la Royal Opera House con un cast estelar que muchos amarán:

Violetta Valery – Anna Netrebko
Alfredo Germont- Jonas Kaufmann
Giogio Germont  – Dmitri Hvorostovsky

Orchestra and Chorus from the Royal Opera House, Covent Garden.
Dir.: Maurizio Benini 

Parte 1  Parte 2 Parte 3

Ya sabemos que muchas veces un reparto plagado de estrellas de la ópera no siempre funciona. Netrebko no es ni de lejos una gran Violetta – más bien la aterriza a sus dominios –, pero en escena convence y la gente le aplaude. Jonas Kaufmann hace un Alfredo muy entregado sin gritos histéricos, aunque con una italinianitá más que dudosa y la voz entubada en ciertas partes. Hvorostovsky conoce el rol y el estilo, pero lo prefiero más en otros roles verdianos. Aún así, la función se deja escuchar, también gracias al trabajo de Maurizio Benini.

La segunda, se trata de la grabación in-house de una función de este año en el Teatro Massimo di Palermo, Italia. Un reparto no del todo conocido, pero bien soportado por la primadonna:

 Violetta Valéry – Mariella Devia
Alfredo Germont – Stefan Pop
Giorgio Germont – Simone Piazzola

Orchestra e Coro del Teatro Massimo di Palermo
Dir.:  Carlo Rizzi

Parte 1  Parte 2  Parte 3

Si, posiblemente Devia ya esté un poco cascadita de la voz para cantar el juvenil rol, pero su prodigiosa técnica, su intención y sus tablas la avalan, lo cual la vuelve una Violeta muy aceptable, que aún puede y que haría temblar a muchas que se las dan de grandes divas. Completan la terna principal dos cantantes (Pop y Piazzola) de los cuales no tenía conocimiento, pero se dejan oír muy bien. La dirección de Rizzi, eficaz.

Espero disfruten de las grabaciones.

Y señores, más ópera y menos variedad burlesquera, por favor.

Published in: on marzo 19, 2012 at 2:57 pm  Comments (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Como siempre, una reseña muy compleja, muy detallada…abordaste cada parte cual debe ser. Qué lástima que la propuesta fuera tan…eh, incomprensible (por decir lo menos). No creo que sea que te falte conocimiento a ti para apreciarla; por lo que he leído que han comentado, objetivamente la regie fue extraordinariamente mala…quizás un pobre intento de emular las propuestas de regie europeas (que, dicho sea de paso, no todas son buenas….). Lástima que buenos cantantes, como mencionaste, se vean opacados por un pobre trabajo escenográfico.

  2. Así es, mi estimado. Lo del abismo es un fusil directo de una de las primeras escenas de “Tiempos Violentos”. Sólo que Tarantino usó un portafolio cuyas chapas se abrían con la combinación 666, pero tiene la misma intención con eso de la luz.

    Fue un gustazo el haber platicado con vos antes, durante y después de la función.

    • Yo esa escenografía no puedo bajarla de una horrendez terrible que espero jamás vuelvan a montar.
      Tanta impresión causó en mi que ahora cuando escucho Traviata y el “Coro de los gitanos” siempre vuelve a mi mente esa imagen de las “bailarinas”… Golpearon mi imaginación😦
      Igualmente, un gusto y espero coincidir en otras funciones🙂

  3. jajaja me parto de risa…y digo,eso hago porque trato de mentalizarme a que mi primer traviata en vivo pueda ser tan desatroza…Y que no digan que es falta de presupuesto,sino falta de creatividad y exceso de pretensión..

    • Es que al final parecio eso Noche, un exceso de pretensión…:/


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