Beverly Sills como Elisabetta I

Feliz cumpleaños, Beverly Sills

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Published in: on mayo 25, 2012 at 8:30 am  Dejar un comentario  

Ettore Bastianini como Rodrigo, Marquese di Posa

Published in: on mayo 23, 2012 at 10:05 pm  Dejar un comentario  

Y en un año, son 200…

Sí. Falta solo un año para celebrar el bicentenario de Wilhelm Richard Wagner, o Richard Wagner, considerado como uno de los más prominentes compositores de ópera.

Desde esta mañana, he estado escuchando Wagner (sí, solo Wagner). Comencé escuchando una grabación de Tristan und Isolde con Jon Vickers y Helga Dernesch dirigidos por el gran Herbert von Karajan. Después, me he puesto a escuchar diversos extractos de su obra operística que mantengo en mi iPod y que me hicieron viajar en medio del mar de gente que inunda nuestra caótica ciudad. Conductores como Erich Kleiber, Karl Böhm, Georg Solti, Herbert von Karajan, Clemens Krauss, dirigiendo voces como la de Birgit Nilsson, Wolfgang Windgassen, Kirsten Flagstad, Gwyneth Jones, Lauritz Melchior, Waltraud Meier, René Pape, etc.

No soy un acérrimo wagneriano, y no conozco toda su obra (pero ya estoy resolviendo eso), hasta confieso (yo y mis confesiones) que le tenía miedo (gran error el mío). Aún con eso, les dejo a manera de Top 5 de esos momentos wagnerianos que más me hacen vibrar (por ahora).

5. O du mein holden Abendstern de Tannhäuser

Una de las más bellas arias compuestas por Wagner, perteneciente a su ópera Tannhäuser. Este título aún conservaba la influencia romántica propia de la época, aunque ya se notaba el particular sello del alemán. Bellísimo fragmento.

4. Preludio al acto I de Parsifal.

Parsifal fue la segunda ópera que conocí de Wagner. Denominado por el mismo compositor como un “Festival Sacro-Dramático”, Parsifal trata de la leyenda del Santo Grial. No es de extrañar entonces que la partitura esté plagada de efectos místicos y grandes escenas. Los coros es una de las cosas que no deben pasarse por desapercibido.

3. Notung! Notung! Neidliches Schwert! de Siegfried.

La tercera jornada de la tetralogía del Anillo del Nibelungo atesora un momento que a me emociona tanto: la escena de la forja. Siegfried reconstruye a Notung, la espada que fuera de su padre Siegmund. ¡Me encanta!

2. La cabalgata de las valquirias de Die Walküre.

Quizá la música más poderosa que hasta el momento he escuchado. Y es que yo creo que debe ser una verdadera experiencia escuchar a una orquesta en vivo interpretar esto. ¿Se imaginan? Frecuentemente relacionada con la película Apocalypse Now de Coppola. Alguna vez cometí la locura de poner esto y subirle todo el volumen al iPod. Seguramente le provoqué un daño irreversible a mis oídos, pero no me arrepiento. ¡Gloria!

1. Liebestod de Tristan und Isolde.

Y este es (para mí) el momento cumbre de la música wagneriana. La “Muerte de Amor” que Isolda canta al final de éste título. Indescriptible lo que esto genera en mí. Quizá la responsable de que esto sea así sea la voz de la sueca Birgit Nilsson. Casi orgiástico.

Gracias Richard Wagner, por dejarnos páginas tan bellas, por hacernos vibrar (a los wagnerianos y a lo que no, también). Nos vemos el año que viene, para festejar tus 200.

Published in: on mayo 22, 2012 at 10:27 pm  Comments (4)  

Yo confieso… (Parte 1)

El pasado sábado, una persona me hizo la siguiente pregunta: “Y dime, ¿cuántos discos tienes tú?”. No supe qué contestar, así que intenté acotar: “¿Discos de qué tipo? ¿De ópera y música clásica?”. “Sí” me contestaron. Silencio sepulcral. En realidad, nunca me he dado a la tarea de contar cuántos discos he comprado desde que escucho ópera. Haciendo cálculos y a “ojo de buen cubero” respondí: “Pues yo creo que como unos 70, más o menos”. Fue el fin del tópico, más no de la conversación, que siguió en otros temas.

De regreso a casa, me volví a preguntar lo mismo, ¿cuántos discos tengo ya desde hace (aproximadamente) dos años?

Ya en mi habitación, me di a la tarea de contar todos y cada uno de ellos. Sabía que no podrían ser menos de 70 como había dicho, pero tampoco pensé que fueran muchos más. 84. Y eso solo contando las cajas, ya que algunos son discos dobles y box sets. “¡Aylavirgen! ¿Tantos discos he comprado?”  Pero ¡oh, sorpresa!, había solo contado los recitales y compilaciones. Había olvidado juntar las grabaciones de óperas completas que poseo. 25. No lo podía creer.

Mi asombro era enorme. Inmediatamente me embargo un sentimiento de culpa. ¿Crisis? ¿Cuál crisis? Y aunque intentaba aminorar mi culpa recordando que algunos los había conseguido a un precio de ganga y algunos otros los había recibido como un regalo de algunas amistades (no más de 10 de ellos), mi sentimiento mezcla de sorpresa y culpa seguía ahí.

“Creo que tengo problemas”. Concluí mientras contemplaba mi “pequeña colección” (porque finalmente, lo es).

Hoy es uno de esos días en los que tengo ganas de sincerarme. No es que me cueste hacerlo, lo cierto es que no acostumbro hacerlo ante mucha gente, y mucho menos ante ojos anónimos (otros no tanto) que lean esto. Pero hoy he decidido hacerlo.

Tampoco se trata de algo terriblemente punible, quizá es hasta superfluo e intrascendente, pero he decidido compartirlo con ustedes, quizá algunos pasen por la misma situación.

Sí, confieso que aún compro discos en físico. Sí, voy a la tienda, llevo mi dinero y me estoy dentro mínimamente una media hora (a veces menos) eligiendo mi compra. Y es que es algo superior a mis fuerzas. O por el momento sí.

Tiempo atrás decidí comenzar mi propia discoteca, un acervo operístico donde figuraran las grabaciones de ópera, recitales en solitario y alguna que otra excepción que entrara dentro de mis gustos.

Si alguno de ustedes ha leído este blog, recordará que mi primer disco referente a la ópera y música clásica fue un boxset de tres discos con arias cantadas por La Divina. Después de haberlo devorado (no literalmente), tuve hambre de más, así que comencé a comprar algunos más, sobre todo de los mediáticos. Así, me hice del disco de (¡qué difícil es confesar!) Duets que grabaron la Netrebko y Villazón cuando aún eran la tan famosa y ya choteada Das Traumpaar. A ese le siguió uno de arias puccinianas grabado por Angela Gheorghiu, siguiendo mi enamoramiento del meloso Puccini. Y así fue que empecé.

¡Pero por favor, déjenme contarles como compré mi primera ópera! Los precios tan altos a los que se venden me habían impedido comprar una, y con sólo pensarlo sentía que cometía un acto pecaminoso. Un simple mortal como yo, estudiante (en aquel entonces),  no podría jamás comprar una de esas lujosísimas ediciones de la Decca y la DG tenían en el mercado, con un librillo que incluye el libreto y comentarios relativos al título en cuestión,  y lo único que podía hacer con ellas era solo tocarlas en el aparador. Triste y patética historia la mía.

Generalmente los lanzamientos nos llegan uno o dos meses con retraso, trátese de una nueva grabación, re-edición o serie de colección. Un día, sin tener mucho que hacer, me metí a una tienda de discos y mientras revisaba los nuevos lanzamientos, encontré un box set con una portada amarillenta. La Bohème con Freni y Gedda. Atrás de ese box, había otros similares: La Tosca con Callas y Di Stefano, Aìda con Caballé y Domingo, Tristan und Isolde con Stemme y Domingo y otras más. ¿El precio? Accesible, comparando con otras ediciones. La EMI había anunciado por internet una nueva serie de re-ediciones de títulos de su vasto catálogo de grabaciones (seguramente ya las han visto y saben a cuales me refiero), algunas de ellas verdaderamente interesantes. A mi ya se me había olvidado, pero cuando vi las cajas lo recordé. No pude resistirme y después de mucho debatir conmigo mismo, terminé comprando la Aìda. Y así fue como adquirí mi primera grabación íntegra de ópera.

A esa Aìda le siguieron otras tantas. Actualmente mi pequeño discoteca tiene óperas de Bellini, Donizetti, Massenet, Mozart, Strauss, Verdi, Wagner, entre otros. Casi todas en re-ediciones, y alguna que otra edición de lujo, como Il Trovatore con Callas y Di Stefano o Thaïs con Fleming y Hampson.

Así es como he comenzado esta especie de fetiche coleccionista. Y es que para mí, no existe la misma emoción de comprar un CD en físico que comprarlo y descargarlo por internet. No tengo nada en contra de hacerse de música de esa manera, yo mismo he adquirido algunas grabaciones así, pero generalmente se tratan de aquellas que no están disponibles en el mercado nacional (aún), como la Lucia di Lammermoor con Dessay y Beczala (¡oh sí!, pero es que soy fan de la Dessay) o los discos en estudio de Alexandrina Pendatchanska (ya va siendo hora de que la conozcan). Respeto a quienes sus hábitos de compra se limiten solo a descargas electrónicas, existen varias ventajas, como el precio (suele ser más barata la descarga que el disco físico) y el espacio (mientras la descarga puede estar tranquilamente en el gadget de tu preferencia, yo necesito un estante más grande para poner mis discos), pero al final de cuentas, para mí no es lo mismo.

Seguramente habrá algunos que están pensando en comprarse por vez primera un disco de música clásica, ópera o algún box set, o también quien esté pensando en seguir agrandando su pequeña o grande colección. ¡Qué bien! Pero si me permiten un consejo: Compren solo aquello que ya hayan escuchado. Actualmente hay muchas opciones donde pueden escuchar un pequeño preview de nuevas y viejas grabaciones, ya sea en su tienda digital o en la sucursal de su preferencia. También si lo que piensan comprar es por valor estético, profesional y hasta sentimental, pues adelante, háganse de él. Personalmente, yo compro lo que ya he escuchado y me ha gustado tanto, que no pienso en si comprarlo o no. Hasta tengo una lista en mi bloc de notas titulado “Discos y grabaciones a comprar”, aunque luego uno encuentra cada ganga que a veces no puedo respetar esa lista.

Ahora que si ustedes no tienen en que gastarse el dinero (lo dudo) y para ustedes gastar en discos en precios de más de cuatro cifras es una bicoca, compren todo lo que deseen.

Este gusto culposo también me ha dejado algunas cosas buenas, pero sobre todo aprender a comprar (y los efectos se reflejan en mi bolsillo). Mis primeras compras fueron casi como un arrebatamiento por haber encontrado tal o cual CD, pero con el tiempo ha disminuido. Recuerdo el día que compré un disco de Bejun Mehta. En una tienda estaba a un precio realmente alto. La voz de ese contratenor, el repertorio elegido (arias de Handel) y el acompañamiento musical (René Jacobs dirigiendo la Freigburg) me habían impulsado a hacerme de él, pero definitivamente no a ese precio. Decidí esperar. Tiempo después, entré a curiosear a una librería, sin nada en particular que comprar. Mientras revisaba el apartado de música clásica y ópera, encontré ese mismo disco, a un precio razonable. No lo dudé y me lo llevé.

También llega a suceder que muchos discos cuando recién son sacados a la venta, tienen precios altos. Pero con el tiempo, precisamente como esos discos son muy caros y mucha gente no está dispuesta a pagar por ellos, las mismas tiendas deciden ponerlos en “precio especial”. La espera no siempre es fácil, pero si pueden, hagan el intento. Su bolsillo se los agradecerá.

En todo caso, cada quién conoce las necesidades propias y cada uno sabe cómo se gasta el dinero.

Ante todo, quiero que quede claro que este post no lo he escrito en un afán de presunción y vanidad. Nada de eso. Inicié como un acto de sinceridad al admitir que soy de la “escuela antigua” que todavía se toma la molestia de ir a una sucursal de tienda de discos y resolver el dilema de “¿Cuál me llevo?”; y terminé hasta compartiendo un par de consejos para comprar y resolver la pregunta de “¿Para cuál me alcanza?”.

Seguramente no faltará el que piense “Pobre de este tipo, ahí anda decidiendo para cuál le alcanza” o “Cuando se trata de arte, hablar de dinero es una frivolidad”. Recuerden señores, la situación económica actual está muy difícil y como dicen las abuelitas, guardianas de la sabiduría popular, el horno no está para boyos. También es importante recordar que no todo lo que se comercia (en este ambiente) es arte.

Después de haber escrito esto, aún puedo determinar si tengo problemas con mi fetichismo. Sin embargo, creo que sabiéndose administrar, hay oportunidad para todo, aún para permitirse ciertos caprichitos a los cuales uno termina sucumbiendo en un mundo bombardeado por opciones y también por mercadotecnia.

Por mi parte, yo ya estoy deliberando que comprar primero. Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.

Published in: on mayo 21, 2012 at 2:04 pm  Comments (9)  

Joan Sutherland como Alcina

Published in: on mayo 21, 2012 at 1:51 pm  Dejar un comentario  

Birgit Nilsson como Salome

Happy Birthday Birgit Nilsson

Published in: on mayo 17, 2012 at 10:34 am  Dejar un comentario  

Bidù Sayao como Manon

Published in: on mayo 9, 2012 at 10:38 pm  Dejar un comentario  

FROSCH en Bellas Artes

¡Pero cómo disfruté la función de ayer! En serio que sí. No solo por que fuera una composición de mi adorado Richard Strauss, o porque me despertará cierta emoción presenciar tan monumental obra en el Palacio de Bellas Artes (como manifesté en mi entrada anterior). Pero es que realmente lo pasé muy bien. Sería mucho declarar que ha sido lo mejor que he visto presentado por la CNO, no. Pero si de lo que más me ha gustado.

Después de haber disfrutado de unos momentos muy amenos con algunas amistades, nos enfilamos al Palacio de Bellas Artes para presenciar esta función de Die Frau ohne Schatten (o Frosch para abreviar, de acuerdo como lo haría el mismo Strauss) cuyo estreno nacional ocurrió apenas tres días antes. Una ópera complicada para gran parte del respetable por muchas razones: una orquestación densa, cantada en su idioma original que no es el más cercano a las lenguas romance, larga duración, argumento plagado de enigmas, etc. Pero que al final de cuentas, representaba un acontecimiento y desde luego, yo no perdería la oportunidad de presenciarlo.

Ya ocupados nuestros asientos y casi a punto de iniciar, el recinto lucía ocupado si acado en un 70%, lo cual no me parecía extraño por las razones arriba mencionadas. Mientras estábamos en la plática pre-función, di un vistazo rápido al programa de mano para revisar algunos pormenores de la función.

El reparto compuesto por talento nacional y extranjero (¡gracias!):

El Emperador – Carlo Scibelli
La Emperatriz – Rebeca Nash
La Nodriza – Malgorzata Walewska
Barak – Noé Colín
Su mujer – Olga Sergeyeva
El Mensajero – Óscar Velázquez
Un centinela del umbral del templo – Anabel de la Mora
La aparición de un joven – Juan Carlos López
La voz del halcón – Ana Gabriella Schwedhelm
El tuerto – Josué Cerón
El manco – Octavio Pérez Bustamante
El jorobado – Víctor Hernández

Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes

Director concertador – Guido Maria Guida
Puesta en escena – Sergio Vela
Diseño de escenografía – Philippe Armand
Diseño de vestuario – Violeta Rojas
Coreografía y movimiento actoral – Ruby Tagle
Director artístico del Coro del Teatro de Bellas Artes – Xavier Ribes

Prácticamente el quinteto principal compuesto de voces extranjeras. Seguramente, si se hubieran limitado a contratar solo talento nacional como en otras ocasiones, todo hubiera quedado seguramente en “buenas intenciones” y tendríamos que conformarnos con el pucciverdi de siempre con algún Donizetti y Rossini por ahí. Afortunadamente, no sucedió así con este título.

Poco tiempo pasado de las 5 de la tarde (uno o dos minutos), la sala empezaba a oscurecer, mientras una odalisca guiaba a un narrador que iría explicando la trama al inicio de cada uno de los actos de la función. Al terminar su discurso, salieron del escenario y entonces sí, inició la función.

No sé hasta qué punto mis comentarios sean objetivos, sigo aún con la emoción a flor de piel de haber presenciado con mis propios ojos tan monumental obra, pero intentaré ser lo más realista posible.

Como es habitual, iré por partes. Primero la vocal. Se dice que para cantar esta ópera, se necesitan voces especializadas en la composición straussiana, cantantes de primer nivel y es precisamente esa una de las razones por las que este título se represente poco.

Ladies first. Si bien me pareció que la voz de la australiana Rebecca Nash como la Emperatriz fue la más ligerita en cuanto a volumen, lograba ser audible frente a la orquesta. Nash tiene un timbre bonito, con agudos seguros y graves un poco menos. Más volumen tenía la voz de la soprano rusa Olga Sergeyeva  que hizo de la Tintorera (o la mujer de Barak) graves y centro interesantes y no por eso con agudos despreciables; es de esas voces cuya resistencia son ideales para estos roles straussianos, me encantaría escucharle una Elektra.

Mención aparte merece la mezzo polaca Malgorzata Walewska. Y es que hay que tener un vozarrón, saber manejar el volumen y mantener la línea para tan temerario papel como lo es el de la Nodriza. Agudos sostenidos y graves totalmente audibles, su voz tiene el metal incisivo típico de las voces de esas latitudes, con un conocimiento tal de su instrumento y la sabiduría (porque hoy en día lo es) de cómo manejarlo. Sin duda, la más meritoria de todos, a la que bravee mucho y que desde luego me encantaría volverla a ver en el escenario de Bellas Artes.

Es sabido que los papeles masculinos de Strauss son un tanto ingratos con los cantantes, sin embargo me parece que los ayer presentes salieron avante con su respectivo rol. Me sorprende bastante que un tenor italiano ande cantando Strauss, sin embargo, Carlo Sciebelli ha dado el ancho cantando el papel del Emperador. Por alguna razón (mi mala fe, supongo) pensé que en algún momento gritaría o algo así, pero para mi sorpresa no fue así. Tiene una voz ancha y buenos agudos, y aún así logra mantener esa calidez propia de los italianos. El Barak a cargo del bajo mexicano Noé Colín también a la altura, si bien por momentos era tapado por el vozarrón de los otros, se hacía oír muy bien por todo el teatro, lo cual para mí es un gran logro hacerse oír a través de tan densa orquestación. Bravo por los caballeros.

El resto de los comprimarios, elenco nacional, muy cumplidores, completando la parte vocal de manera satisfactoria.

Es importante destacar la gran labor de los cuerpos corales que participaron en esta función: El Coro del Teatro de Bellas Artes, la Schola Cantorum de México y el Grupo Vocal “Caritas”. Personalmente, jamás había escuchado tan potente al coro del Teatro, enhorabuena por ellos.

Una maravillosa y apasionada dirección musical por parte del maestro Guido Maria Guida, matizando maravillosamente, haciendo sonar y hasta rugir a la orquesta del Palacio de Bellas Artes. Y logró algo que yo no creí posible: ¡hacer sonar afinados los alientos! Cornos, trompetas, etc, sin afear la rica y complicada orquestación straussiana. Más de 100 músicos en acción, ¿no es para emocionarse? Fue una emoción indescriptible escuchar las fuerzas de la orquesta ejecutando esas notas orgiásticas de Strauss en todo su esplendor, volumen. Cornos y tubas wagnerianas, trombones, trompetas, percusiones, hasta un órgano. Hay quienes consideran la música de Strauss como ruido. Si yo escuchara un ruido así en las calles de esta ciudad, no me molestaría.

En la parte visual/escénica, la puesta en escena minimalista de Sergio Vela cumplió satisfactoriamente, con algunas fallas que ya mencionaré. Aprovechando los nuevos recursos tecnológicos que el Palacio de Bellas Artes tiene desde hace poco menos de dos años, tenemos desniveles con estructuras que suben y bajan, un constante fondo azul que hace del palacio del emperador, la casa de Barak y el templo de Keikobad, principalmente.

Al ser esta una ópera situada en una época legendaria, los escenográfos y registas se pueden dar el lujo de jugar con los ambientes (corríjanme si me equivoco) y a grandes rasgos lo visto ayer no molesta, aunque si hay cosillas que me chiflan un poco, principalmente las olas “de carton” (así se veían desde mi localidad) mal cortadas con la barca coquetona y rústica que transportaba a la Emperatriz y a la Nodriza hasta el templo de Keikobad o ese horrendo marco de luz neón (?) que también se vio en la pasada Traviata: visualmente, cansa mucho la vista. Un poquito de coordinación no les vendría mal, pues mientras aún vemos volando por medio de arneses en la parte superior a las bailarinas caracterizadas como la Emperatriz y la Nodriza al llegar a la casa del tintorero, las cantantes ya están en a nivel del piso iniciando sus partes.

Mucho se ha comentado y discutido la cantidad de recursos gastado para el montaje de esta ópera, una cifra alta y que puede rayar en el escándalo. Personalmente, contando con los efectos de producción y la plantilla de cantantes, coros y orquesta contratada por cuatro funciones, logística y demás, me parece demasiado. Dicen que hablar de dinero es una banalidad cuando se trata de arte. A mí no me lo parece, menos en la situación económica en que nuestro país se encuentra y agregando que faltan todavía otros títulos de la temporada de ópera por presentar. También faltaría conocer de donde han provenido los recursos. Veamos qué sucede.

Sí, fue una función altamente disfrutable, detallitos por aquí y por allá, pero que finalmente no molestan demasiado cuando se mira en su totalidad. Y sí, salí muy contento.

Una verdadera pena que el foro no luciera lleno para contemplar esta magna obra. Entiendo que Die Frau ohne Schatten no es un título que llame mucho la atención o que sea altamente conocido, y casi puedo apostar que los que acudieron a la función del domingo son auténticos diletantes en su mayoría que saben que Strauss es más que Salome y Der Rosenkavalier. Qué tristeza que se hayan perdido tan genial función. Si alguno aún no la ha visto y tiene boletos para asistir, vaya, le gustará, y olvídese de que estará dentro del teatro por cinco horas, realmente disfrutará.

Lo que sí me parece definitivamente triste es que se esté perdiendo el respeto por el trabajo de los músicos y cantantes que están trabajando ahí en el foso o sobre el proscenio. Explico: Más de una vez (lamentablemente) pude escuchar los ruidos de gente que abría sus empaques de celofán con dulces o cacahuates, el ruido al abrir sus latas de refresco e incluso como a algún emocionado (o dormido) se le caía la lata vacía (supongo) cuando la orquesta era tan reducida. Me parece una total falta de respeto ya no solo a los músicos y cantantes, sino incluso para el resto del público que está disfrutando de la música.

No resta más que esperar que sorpresas nos deparan para la siguiente tanda de Nabucco que tiene programada para el mes que viene.

Si ustedes se perdieron la oportunidad de asistir o si quieren revivir en sus oídos esta maravillosa ópera, aquí les dejo (como es costumbre) una grabación de la misma. Se trata de una de las funciones realizadas hace diez años en el escenario de la MET. El reparto es el siguiente:

La Emperatriz – Deborah Voigt
El Emperador – Thomas Moser
Barak – Wolfgang Brendel
Su mujer – Gabriele Schnaut
La Nodriza – Reinhild Runkel
Un mensajero –  Eike Wilm Schulte
La voz del halcón – Julia Faulkner
El Jorobado – Allan Glassman
El Tuerto – Timothy Nolen
El Manco – James Courtney

Coro y orquesta de la MET Opera, dirigidos todos por el director Christian Thielemann. Una muy buena función, con el quinteto principal muy bien plantado. Si bien Thomas Moser luce con los agudos algo apretados, conoce el rol y aún lo saca adelante. Las damas están simplemente maravillosas. Espero les agrade.

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Published in: on mayo 7, 2012 at 11:18 pm  Comments (1)  

Leonie Rysanek como Die Kaiserin

Published in: on mayo 7, 2012 at 1:36 pm  Dejar un comentario  

Ansias straussianas

El pasado jueves 3 de mayo, se dio el estreno nacional de una de las óperas más ambiciosas, monumentales y seguramente más imposibles del repertorio operístico: Die Frau ohne Schatten, ópera en tres actos, compuesta por Richard Strauss con libreto de Hugo von Hofmannstahl; dentro del marco del Festival de México en su edición número 28 en el Palacio de Bellas Artes. Yo no he asistido aún y me encuentro en un estado de ansiedad por presenciar una función. No suelo ser una persona ansiosa… Bueno, a veces sí.

Yo amo las óperas de Strauss, pero eso no quita que existan algunas que me cuesten más trabajos que otras. Arabella y Der Rosenkavalier entraron directito a mi top de favoritas, mientras que otras como Elektra y la mencionada Die Frau ohne Schatten me costaron un poco más. Y es esta última la que me he dado a la tarea de “estudiar” para no llegar tan en blanco.

Mi primer acercamiento con este título fue por el DVD editado por la Decca, con el gran sir George Solti en el foso y unos cantantes de primera: Eva Marton, Cheryl Studer, Marjana Lipovsek, Thomas Moser y Robert Hale. Y a pesar de haber leído un poco de ella antes de comenzar a ver esta grabación visual, no por eso mi tarea resultó tan fácil. Posteriormente me dí a la tarea de escuchar la versión realizada por el mismo director y cuyo reparto lo encabezan Hildegard Behrens, Julia Varady y Plácido Domingo, y aunque traté de escucharla con detenimiento, no se simplificó mi tarea.

Y es ahora que me he dado ahora a la investigación de todo lo que rodea ésta ópera que le he empezado “a agarrar bien el hilo“.

¿De qué va este título? A grosso modo, la Emperatriz (que es hija de Keikobad, el rey del mundo de los espíritus) solo tiene tres días para conseguir una sombra y si no la consigue para entonces, su esposo el Emperador será petrificado. La Nodriza de la emperatriz es la más feliz de poder regresar al mundo de los espíritus ya que detesta vivir entre los humanos, sin embargo, accede a buscarle una sombra a su protegida y la encuentran en una agria Tintorera, esposa de Barak el tintorero, con quien sostiene diversos conflictos, ya sea por la dura vida a su lado, la intromisión persistente de sus cuñados deformes, etc. Visto de esta manera, puede parecer un argumento muy soso y/o fantasioso, pero está muy lejos de serlo.

En 1911, a una semana del estreno de Der Rosenkavalier, Hugo von Hofmannstahl ya estaba pensando en la nueva obra que presentaría a Richard Strauss, basándose en una pieza de Goethe, que fuera el eco a la mozartiana Die Zauberflöte como lo fue Der Rosenkavalier para Le Nozze di Figaro. Sin embargo, el proceso creativo se alargó de 1911 hasta 1917. Durante ese período, había comenzado y finalizado la primera guerra mundial y Strauss no había permanecido ocioso en ese lapso, sino que creo otros trabajos como la ópera Ariadne auf Naxos (también con la colaboración de Hofmannstahl), la Sinfonía Alpina, etc, pero aún quedaba por terminar Die Frau. La tardanza se justifica por las exigencias mismas del libreto y la música (orquesta y cantantes, como más adelante les explico), ya que tanto Strauss como Hofmannstahl sabían que esta ópera no podría representarse en el período de la posguerra.

Fue hasta 10 de octubre de 1919 cuando por fin pudo representarse enteramente en la Wiener Staatsoper. El reparto lo encabezaron dos de las más grandes sopranos de principios del siglo XX y grandes favoritas de Strauss (y rivales): Maria Jeritzia como La Emperatriz y Lotte Lehmann como La Tintorera. Completando el quinteto principal Lucie Weidt como la Nodriza, Karl-Aagaard Oestvig como El Emperador y Richard Mayr como Barak. Dirigidos por Franz Schalk. Solo unos días después fue estrenada en la Staatsoper Dresden y otras más de Alemania. Ya en 1949 Erich Klieber la estrena en el Teatro Colón de Buenos Aires y diez años más tarde, hace su debut en Estados Unidos en la ópera de San Francisco. Ya en 1966 llega por fin a la MET Opera.

Su divulgación la debe gracias a toda la gama de directores alemanes que se interesaron en dirigir y grabar la ópera, comenzando con el paladín de Strauss: Karl Böhm. Siguieron su ejemplo otros directores como Joseph Keilberth, Rudolf Kempe y hasta el propio Herbert von Karajan.

Arriba mencionaba que las dificultades que implicaban tanto el libreto como la partitura. Ahora veamos.

Die Frau ohne Schatten no se trata solo de un simple “cuentito de hadas”, la trama misma está plagada de simbolismos y enigmas. El misterio queda expuesto y el significado de lo representado se presta a múltiples interpretaciones. Pudiera ser que la “sombra” que desea proyectar la emperatriz represente la condición terrenal que todo ser humano tiene con todas sus virtudes y defectos y que ella no, o también (de manera singular) la fertilidad propia que le hace falta para concebir hijos. Y a todo esto, ¿por qué el emperador se la vive buscando a su halcón? ¿Qué representa?. ¿Por qué el tintorero es el único que tiene nombre propio? ¿Y por qué elegirle el oficio de tintorero en lugar de otro? ¿Será simple casualidad que los hermanos de Barak tengan determinados defectos físicos (uno es ciego, otro jorobado y uno más manco)? La nodriza, ¿es buena o mala?. Efectivamente, hay demasiadas preguntas. Y tanto misterio y simbología pudiera aburrir al respetable y quizá sea por esto que ha tardado más tiempo en ser aceptada por el público.

Vocalmente: El quinteto principal está conformado por voces “de uso rudo”: Dos sopranos dramáticas, una mezzosoprano o contralto con un grave potente y agudos solventes, un heldentenor y un barítono. La emperatriz y la tintorera exigen dos voces de gran peso y de alta resistencia, además de que la primera aún mantiene algunos pasajes con coloratura. La nodriza es un papel de esos que se denominan “rompevoces”. Es sabido que Strauss no solía tratar muy amablemente las voces masculinas y en ésta ópera no hizo la excepción, así que el tenor y el barítono que se atrevan con el emperador y Barak (respectivamente) tienen una ardua tarea. El resto de los cantantes en los demás personajes tampoco son muy fáciles de cantar.

La orquesta tampoco la tiene fácil: Más de 100 músicos en el foso, dotándola de un poderoso arsenal de percusiones y dándole la mayor importancia hasta entonces recibida por los metales. Además, introduce otros instrumentos atípicos en cualquier orquesta que dan cierta exoticidad a la ópera, instrumentos tales como timbales, campanillas, un xilófono, cinco gongs chinos, un tam-tam, dos celestas, una armónica de cristal y hasta un órgano. Por momentos, la orquesta straussiana llega a ser más pesada que la wagneriana, y sin embargo, Strauss introduce ciertos momentos intimistas de cámara.

Debido a todas estas implicaciones, esta ópera es muy poco representada y desgraciadamente cuenta con tan pocas grabaciones comerciales disponibles. Me parece que el principal problema ha sido (y sigue siendo) encontrar a los cantantes capaces de hacer justicia a tan grandes papeles, y sin embargo, los ha habido. Leonie Rysanek es quizá la más famosa “Emperatriz” de la historia, seguida por Inge Borkh y Birgit Nilsson (que agregó este papel a su repertorio al final de su gran carrera); incluso algunas se han atrevido a cantar los dos papeles como Gwyneth Jones y la gran Eva Marton. Como mencioné, la Nodriza son “palabras mayores” para cualquier cantante que se atreva con ese papel, y han sido las especialistas las que han logrado destacar ahí, especialistas como Martha Modl, Astrid Varnay, Hanna Schwarz y Marjana Lipovsek. Como el “Emperador” han destacado James King, Rene Kollo, Thomas Moser y Peter Seiffert y como Barak los barítonos Dietrich Fischer-Dieskau y José Van Dam.

Con todos estos antecedentes, ¿cómo no estar ansioso por ver esta monumental obra? Habrá que esperar unas horas…

Published in: on mayo 5, 2012 at 11:22 pm  Dejar un comentario