Ansias straussianas

El pasado jueves 3 de mayo, se dio el estreno nacional de una de las óperas más ambiciosas, monumentales y seguramente más imposibles del repertorio operístico: Die Frau ohne Schatten, ópera en tres actos, compuesta por Richard Strauss con libreto de Hugo von Hofmannstahl; dentro del marco del Festival de México en su edición número 28 en el Palacio de Bellas Artes. Yo no he asistido aún y me encuentro en un estado de ansiedad por presenciar una función. No suelo ser una persona ansiosa… Bueno, a veces sí.

Yo amo las óperas de Strauss, pero eso no quita que existan algunas que me cuesten más trabajos que otras. Arabella y Der Rosenkavalier entraron directito a mi top de favoritas, mientras que otras como Elektra y la mencionada Die Frau ohne Schatten me costaron un poco más. Y es esta última la que me he dado a la tarea de “estudiar” para no llegar tan en blanco.

Mi primer acercamiento con este título fue por el DVD editado por la Decca, con el gran sir George Solti en el foso y unos cantantes de primera: Eva Marton, Cheryl Studer, Marjana Lipovsek, Thomas Moser y Robert Hale. Y a pesar de haber leído un poco de ella antes de comenzar a ver esta grabación visual, no por eso mi tarea resultó tan fácil. Posteriormente me dí a la tarea de escuchar la versión realizada por el mismo director y cuyo reparto lo encabezan Hildegard Behrens, Julia Varady y Plácido Domingo, y aunque traté de escucharla con detenimiento, no se simplificó mi tarea.

Y es ahora que me he dado ahora a la investigación de todo lo que rodea ésta ópera que le he empezado “a agarrar bien el hilo“.

¿De qué va este título? A grosso modo, la Emperatriz (que es hija de Keikobad, el rey del mundo de los espíritus) solo tiene tres días para conseguir una sombra y si no la consigue para entonces, su esposo el Emperador será petrificado. La Nodriza de la emperatriz es la más feliz de poder regresar al mundo de los espíritus ya que detesta vivir entre los humanos, sin embargo, accede a buscarle una sombra a su protegida y la encuentran en una agria Tintorera, esposa de Barak el tintorero, con quien sostiene diversos conflictos, ya sea por la dura vida a su lado, la intromisión persistente de sus cuñados deformes, etc. Visto de esta manera, puede parecer un argumento muy soso y/o fantasioso, pero está muy lejos de serlo.

En 1911, a una semana del estreno de Der Rosenkavalier, Hugo von Hofmannstahl ya estaba pensando en la nueva obra que presentaría a Richard Strauss, basándose en una pieza de Goethe, que fuera el eco a la mozartiana Die Zauberflöte como lo fue Der Rosenkavalier para Le Nozze di Figaro. Sin embargo, el proceso creativo se alargó de 1911 hasta 1917. Durante ese período, había comenzado y finalizado la primera guerra mundial y Strauss no había permanecido ocioso en ese lapso, sino que creo otros trabajos como la ópera Ariadne auf Naxos (también con la colaboración de Hofmannstahl), la Sinfonía Alpina, etc, pero aún quedaba por terminar Die Frau. La tardanza se justifica por las exigencias mismas del libreto y la música (orquesta y cantantes, como más adelante les explico), ya que tanto Strauss como Hofmannstahl sabían que esta ópera no podría representarse en el período de la posguerra.

Fue hasta 10 de octubre de 1919 cuando por fin pudo representarse enteramente en la Wiener Staatsoper. El reparto lo encabezaron dos de las más grandes sopranos de principios del siglo XX y grandes favoritas de Strauss (y rivales): Maria Jeritzia como La Emperatriz y Lotte Lehmann como La Tintorera. Completando el quinteto principal Lucie Weidt como la Nodriza, Karl-Aagaard Oestvig como El Emperador y Richard Mayr como Barak. Dirigidos por Franz Schalk. Solo unos días después fue estrenada en la Staatsoper Dresden y otras más de Alemania. Ya en 1949 Erich Klieber la estrena en el Teatro Colón de Buenos Aires y diez años más tarde, hace su debut en Estados Unidos en la ópera de San Francisco. Ya en 1966 llega por fin a la MET Opera.

Su divulgación la debe gracias a toda la gama de directores alemanes que se interesaron en dirigir y grabar la ópera, comenzando con el paladín de Strauss: Karl Böhm. Siguieron su ejemplo otros directores como Joseph Keilberth, Rudolf Kempe y hasta el propio Herbert von Karajan.

Arriba mencionaba que las dificultades que implicaban tanto el libreto como la partitura. Ahora veamos.

Die Frau ohne Schatten no se trata solo de un simple “cuentito de hadas”, la trama misma está plagada de simbolismos y enigmas. El misterio queda expuesto y el significado de lo representado se presta a múltiples interpretaciones. Pudiera ser que la “sombra” que desea proyectar la emperatriz represente la condición terrenal que todo ser humano tiene con todas sus virtudes y defectos y que ella no, o también (de manera singular) la fertilidad propia que le hace falta para concebir hijos. Y a todo esto, ¿por qué el emperador se la vive buscando a su halcón? ¿Qué representa?. ¿Por qué el tintorero es el único que tiene nombre propio? ¿Y por qué elegirle el oficio de tintorero en lugar de otro? ¿Será simple casualidad que los hermanos de Barak tengan determinados defectos físicos (uno es ciego, otro jorobado y uno más manco)? La nodriza, ¿es buena o mala?. Efectivamente, hay demasiadas preguntas. Y tanto misterio y simbología pudiera aburrir al respetable y quizá sea por esto que ha tardado más tiempo en ser aceptada por el público.

Vocalmente: El quinteto principal está conformado por voces “de uso rudo”: Dos sopranos dramáticas, una mezzosoprano o contralto con un grave potente y agudos solventes, un heldentenor y un barítono. La emperatriz y la tintorera exigen dos voces de gran peso y de alta resistencia, además de que la primera aún mantiene algunos pasajes con coloratura. La nodriza es un papel de esos que se denominan “rompevoces”. Es sabido que Strauss no solía tratar muy amablemente las voces masculinas y en ésta ópera no hizo la excepción, así que el tenor y el barítono que se atrevan con el emperador y Barak (respectivamente) tienen una ardua tarea. El resto de los cantantes en los demás personajes tampoco son muy fáciles de cantar.

La orquesta tampoco la tiene fácil: Más de 100 músicos en el foso, dotándola de un poderoso arsenal de percusiones y dándole la mayor importancia hasta entonces recibida por los metales. Además, introduce otros instrumentos atípicos en cualquier orquesta que dan cierta exoticidad a la ópera, instrumentos tales como timbales, campanillas, un xilófono, cinco gongs chinos, un tam-tam, dos celestas, una armónica de cristal y hasta un órgano. Por momentos, la orquesta straussiana llega a ser más pesada que la wagneriana, y sin embargo, Strauss introduce ciertos momentos intimistas de cámara.

Debido a todas estas implicaciones, esta ópera es muy poco representada y desgraciadamente cuenta con tan pocas grabaciones comerciales disponibles. Me parece que el principal problema ha sido (y sigue siendo) encontrar a los cantantes capaces de hacer justicia a tan grandes papeles, y sin embargo, los ha habido. Leonie Rysanek es quizá la más famosa “Emperatriz” de la historia, seguida por Inge Borkh y Birgit Nilsson (que agregó este papel a su repertorio al final de su gran carrera); incluso algunas se han atrevido a cantar los dos papeles como Gwyneth Jones y la gran Eva Marton. Como mencioné, la Nodriza son “palabras mayores” para cualquier cantante que se atreva con ese papel, y han sido las especialistas las que han logrado destacar ahí, especialistas como Martha Modl, Astrid Varnay, Hanna Schwarz y Marjana Lipovsek. Como el “Emperador” han destacado James King, Rene Kollo, Thomas Moser y Peter Seiffert y como Barak los barítonos Dietrich Fischer-Dieskau y José Van Dam.

Con todos estos antecedentes, ¿cómo no estar ansioso por ver esta monumental obra? Habrá que esperar unas horas…

Published in: on mayo 5, 2012 at 11:22 pm  Dejar un comentario  

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