FROSCH en Bellas Artes

¡Pero cómo disfruté la función de ayer! En serio que sí. No solo por que fuera una composición de mi adorado Richard Strauss, o porque me despertará cierta emoción presenciar tan monumental obra en el Palacio de Bellas Artes (como manifesté en mi entrada anterior). Pero es que realmente lo pasé muy bien. Sería mucho declarar que ha sido lo mejor que he visto presentado por la CNO, no. Pero si de lo que más me ha gustado.

Después de haber disfrutado de unos momentos muy amenos con algunas amistades, nos enfilamos al Palacio de Bellas Artes para presenciar esta función de Die Frau ohne Schatten (o Frosch para abreviar, de acuerdo como lo haría el mismo Strauss) cuyo estreno nacional ocurrió apenas tres días antes. Una ópera complicada para gran parte del respetable por muchas razones: una orquestación densa, cantada en su idioma original que no es el más cercano a las lenguas romance, larga duración, argumento plagado de enigmas, etc. Pero que al final de cuentas, representaba un acontecimiento y desde luego, yo no perdería la oportunidad de presenciarlo.

Ya ocupados nuestros asientos y casi a punto de iniciar, el recinto lucía ocupado si acado en un 70%, lo cual no me parecía extraño por las razones arriba mencionadas. Mientras estábamos en la plática pre-función, di un vistazo rápido al programa de mano para revisar algunos pormenores de la función.

El reparto compuesto por talento nacional y extranjero (¡gracias!):

El Emperador – Carlo Scibelli
La Emperatriz – Rebeca Nash
La Nodriza – Malgorzata Walewska
Barak – Noé Colín
Su mujer – Olga Sergeyeva
El Mensajero – Óscar Velázquez
Un centinela del umbral del templo – Anabel de la Mora
La aparición de un joven – Juan Carlos López
La voz del halcón – Ana Gabriella Schwedhelm
El tuerto – Josué Cerón
El manco – Octavio Pérez Bustamante
El jorobado – Víctor Hernández

Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes

Director concertador – Guido Maria Guida
Puesta en escena – Sergio Vela
Diseño de escenografía – Philippe Armand
Diseño de vestuario – Violeta Rojas
Coreografía y movimiento actoral – Ruby Tagle
Director artístico del Coro del Teatro de Bellas Artes – Xavier Ribes

Prácticamente el quinteto principal compuesto de voces extranjeras. Seguramente, si se hubieran limitado a contratar solo talento nacional como en otras ocasiones, todo hubiera quedado seguramente en “buenas intenciones” y tendríamos que conformarnos con el pucciverdi de siempre con algún Donizetti y Rossini por ahí. Afortunadamente, no sucedió así con este título.

Poco tiempo pasado de las 5 de la tarde (uno o dos minutos), la sala empezaba a oscurecer, mientras una odalisca guiaba a un narrador que iría explicando la trama al inicio de cada uno de los actos de la función. Al terminar su discurso, salieron del escenario y entonces sí, inició la función.

No sé hasta qué punto mis comentarios sean objetivos, sigo aún con la emoción a flor de piel de haber presenciado con mis propios ojos tan monumental obra, pero intentaré ser lo más realista posible.

Como es habitual, iré por partes. Primero la vocal. Se dice que para cantar esta ópera, se necesitan voces especializadas en la composición straussiana, cantantes de primer nivel y es precisamente esa una de las razones por las que este título se represente poco.

Ladies first. Si bien me pareció que la voz de la australiana Rebecca Nash como la Emperatriz fue la más ligerita en cuanto a volumen, lograba ser audible frente a la orquesta. Nash tiene un timbre bonito, con agudos seguros y graves un poco menos. Más volumen tenía la voz de la soprano rusa Olga Sergeyeva  que hizo de la Tintorera (o la mujer de Barak) graves y centro interesantes y no por eso con agudos despreciables; es de esas voces cuya resistencia son ideales para estos roles straussianos, me encantaría escucharle una Elektra.

Mención aparte merece la mezzo polaca Malgorzata Walewska. Y es que hay que tener un vozarrón, saber manejar el volumen y mantener la línea para tan temerario papel como lo es el de la Nodriza. Agudos sostenidos y graves totalmente audibles, su voz tiene el metal incisivo típico de las voces de esas latitudes, con un conocimiento tal de su instrumento y la sabiduría (porque hoy en día lo es) de cómo manejarlo. Sin duda, la más meritoria de todos, a la que bravee mucho y que desde luego me encantaría volverla a ver en el escenario de Bellas Artes.

Es sabido que los papeles masculinos de Strauss son un tanto ingratos con los cantantes, sin embargo me parece que los ayer presentes salieron avante con su respectivo rol. Me sorprende bastante que un tenor italiano ande cantando Strauss, sin embargo, Carlo Sciebelli ha dado el ancho cantando el papel del Emperador. Por alguna razón (mi mala fe, supongo) pensé que en algún momento gritaría o algo así, pero para mi sorpresa no fue así. Tiene una voz ancha y buenos agudos, y aún así logra mantener esa calidez propia de los italianos. El Barak a cargo del bajo mexicano Noé Colín también a la altura, si bien por momentos era tapado por el vozarrón de los otros, se hacía oír muy bien por todo el teatro, lo cual para mí es un gran logro hacerse oír a través de tan densa orquestación. Bravo por los caballeros.

El resto de los comprimarios, elenco nacional, muy cumplidores, completando la parte vocal de manera satisfactoria.

Es importante destacar la gran labor de los cuerpos corales que participaron en esta función: El Coro del Teatro de Bellas Artes, la Schola Cantorum de México y el Grupo Vocal “Caritas”. Personalmente, jamás había escuchado tan potente al coro del Teatro, enhorabuena por ellos.

Una maravillosa y apasionada dirección musical por parte del maestro Guido Maria Guida, matizando maravillosamente, haciendo sonar y hasta rugir a la orquesta del Palacio de Bellas Artes. Y logró algo que yo no creí posible: ¡hacer sonar afinados los alientos! Cornos, trompetas, etc, sin afear la rica y complicada orquestación straussiana. Más de 100 músicos en acción, ¿no es para emocionarse? Fue una emoción indescriptible escuchar las fuerzas de la orquesta ejecutando esas notas orgiásticas de Strauss en todo su esplendor, volumen. Cornos y tubas wagnerianas, trombones, trompetas, percusiones, hasta un órgano. Hay quienes consideran la música de Strauss como ruido. Si yo escuchara un ruido así en las calles de esta ciudad, no me molestaría.

En la parte visual/escénica, la puesta en escena minimalista de Sergio Vela cumplió satisfactoriamente, con algunas fallas que ya mencionaré. Aprovechando los nuevos recursos tecnológicos que el Palacio de Bellas Artes tiene desde hace poco menos de dos años, tenemos desniveles con estructuras que suben y bajan, un constante fondo azul que hace del palacio del emperador, la casa de Barak y el templo de Keikobad, principalmente.

Al ser esta una ópera situada en una época legendaria, los escenográfos y registas se pueden dar el lujo de jugar con los ambientes (corríjanme si me equivoco) y a grandes rasgos lo visto ayer no molesta, aunque si hay cosillas que me chiflan un poco, principalmente las olas “de carton” (así se veían desde mi localidad) mal cortadas con la barca coquetona y rústica que transportaba a la Emperatriz y a la Nodriza hasta el templo de Keikobad o ese horrendo marco de luz neón (?) que también se vio en la pasada Traviata: visualmente, cansa mucho la vista. Un poquito de coordinación no les vendría mal, pues mientras aún vemos volando por medio de arneses en la parte superior a las bailarinas caracterizadas como la Emperatriz y la Nodriza al llegar a la casa del tintorero, las cantantes ya están en a nivel del piso iniciando sus partes.

Mucho se ha comentado y discutido la cantidad de recursos gastado para el montaje de esta ópera, una cifra alta y que puede rayar en el escándalo. Personalmente, contando con los efectos de producción y la plantilla de cantantes, coros y orquesta contratada por cuatro funciones, logística y demás, me parece demasiado. Dicen que hablar de dinero es una banalidad cuando se trata de arte. A mí no me lo parece, menos en la situación económica en que nuestro país se encuentra y agregando que faltan todavía otros títulos de la temporada de ópera por presentar. También faltaría conocer de donde han provenido los recursos. Veamos qué sucede.

Sí, fue una función altamente disfrutable, detallitos por aquí y por allá, pero que finalmente no molestan demasiado cuando se mira en su totalidad. Y sí, salí muy contento.

Una verdadera pena que el foro no luciera lleno para contemplar esta magna obra. Entiendo que Die Frau ohne Schatten no es un título que llame mucho la atención o que sea altamente conocido, y casi puedo apostar que los que acudieron a la función del domingo son auténticos diletantes en su mayoría que saben que Strauss es más que Salome y Der Rosenkavalier. Qué tristeza que se hayan perdido tan genial función. Si alguno aún no la ha visto y tiene boletos para asistir, vaya, le gustará, y olvídese de que estará dentro del teatro por cinco horas, realmente disfrutará.

Lo que sí me parece definitivamente triste es que se esté perdiendo el respeto por el trabajo de los músicos y cantantes que están trabajando ahí en el foso o sobre el proscenio. Explico: Más de una vez (lamentablemente) pude escuchar los ruidos de gente que abría sus empaques de celofán con dulces o cacahuates, el ruido al abrir sus latas de refresco e incluso como a algún emocionado (o dormido) se le caía la lata vacía (supongo) cuando la orquesta era tan reducida. Me parece una total falta de respeto ya no solo a los músicos y cantantes, sino incluso para el resto del público que está disfrutando de la música.

No resta más que esperar que sorpresas nos deparan para la siguiente tanda de Nabucco que tiene programada para el mes que viene.

Si ustedes se perdieron la oportunidad de asistir o si quieren revivir en sus oídos esta maravillosa ópera, aquí les dejo (como es costumbre) una grabación de la misma. Se trata de una de las funciones realizadas hace diez años en el escenario de la MET. El reparto es el siguiente:

La Emperatriz – Deborah Voigt
El Emperador – Thomas Moser
Barak – Wolfgang Brendel
Su mujer – Gabriele Schnaut
La Nodriza – Reinhild Runkel
Un mensajero –  Eike Wilm Schulte
La voz del halcón – Julia Faulkner
El Jorobado – Allan Glassman
El Tuerto – Timothy Nolen
El Manco – James Courtney

Coro y orquesta de la MET Opera, dirigidos todos por el director Christian Thielemann. Una muy buena función, con el quinteto principal muy bien plantado. Si bien Thomas Moser luce con los agudos algo apretados, conoce el rol y aún lo saca adelante. Las damas están simplemente maravillosas. Espero les agrade.

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Published in: on mayo 7, 2012 at 11:18 pm  Comments (1)  

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One CommentDeja un comentario

  1. Yo asisti al estreno, hermoso publico en verdad y la presentacion simplemente magica. Ni siquiera senti el paso del tiempo al estar presente. Me gusto tanto que fui a la tercera funcion y en efecto, en la fila donde estaba sentado (luneata fiila b) una jovencita con sobrepeso, sin el mas minimo recato, quitando la emboltura de celofán de sus dulces.


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