¡Al fin Nabucco en Bellas Artes!

Tuvimos que esperar un año para al fin ver hecha realidad la tanda de Nabucco que se nos había prometido anteriormente. Y es que a más de uno nos sorprendió el hecho de que se anunciara en 2011 y nos la cambiaran por una Madama Butterfly.

Después de pasar un agradable rato en compañía de amigos, nos dirigimos todos hacia el Palacio de Bellas Artes para escuchar Nabucco de Giuseppe Verdi. Como les mencioné la semana pasada, yo me sentía muy entusiasmado, este título emociona a más de uno con sus grandes escenas y coros y ver algo así en vivo.


Ocupamos nuestras localidades casi corriendo, la función estaba por comenzar y no hay nada más molesto (o al menos para mí sí) que una vez iniciada la función, todavía haya gente entrando y pasando entre las filas (eso de pasar entre las filas de Anfiteatro y Galería aquí en Bellas Artes y a oscuras debería ser considerado como deporte extremo).

Ni tuve tiempo de hojear el programa de mano para enterarme de los involucrados en la función del domingo. Pero al menos si pude ver su portada muy del mood de libro de texto gratuito. Sé que no es bueno juzgar por las apariencias, y menos cuando se trata de una ópera que no depende del diseño de la portada del programa de mano, pero eso no me auguraba nada bueno.

Fue hasta muy después que me enteré quiénes estaban involucrados en esta función. Estos son el reparto de cantantes y la producción:

Nabucco/Giorgio Ronconi – Genaro Sulvarán
Abigaille/Giuseppina Strepponi – Elena Pankratova
Zaccaria/Prosper Dérivis – Noé Colín
Fenena/Giovannina Bellinzaghi – Belem Rodríguez
Ismaele/Corrado Miraglia – Carlos Arturo Galván
Sumo Sacerdote/Gaetano Rossi – Alejandro López
Anna/Teresa Ruggeri – Verónica Murúa
Abdallo/Napoleone Marconi – Álvaro Anzaldo

Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes

Director concertador: Niksa Bareza
Director de escena: Luis Miguel Lombana
Diseño de escenografía y utilería: Paula Sabina
Director huésped del Coro: Alfredo Domínguez
Diseño de iluminación: Rocío Carrillo
Diseño de vestuario: Nuria Marroquín
Productora ejecutiva: Martha Chávez

Y así, sin esperar tanto tiempo, las luces se apagaron. Comienzo comentando la parte musical y después la escénica.

Vocalmente, Genaro Sulvarán me ha parecido un buen Nabucco. Aprecié de él un timbre cálido y la nobleza justa de los barítonos verdianos, manteniendo la línea vocal durante en gran parte de la función. Conmovedor en su escena Dio di Giuda en el cuarto acto y el tan temido dueto con la Abigaille del tercero a la altura, dándole una genial réplica a la usurpadora. Con mucho gusto le volvería a escuchar haciendo otro papel verdiano.

Quiero creer que la noche de ayer Elena Pankratova estaba enferma o afectada por la altura. Y es que su Abigaille fue el “ya merito” de la noche. Graves medianos, agudos desiguales (algunos gritados, otros de plano ni existían), dificultades en las agilidades. Timbre bello, con ese metal típico de las voces de las latitudes eslavas y aunque tienen la fama de ser voluminosas, por momentos su voz fue tapada por la orquesta. Personalmente, al escuchar este papel siempre espero cierto arrojo por parte de la cantante en cuestión (sobre todo en su escena y aria del segundo acto), no lo hubo con Pankratova, trató el papel con pinzitas. Espero que para el jueves mejore.

Otro que por momentos su voz desapareció fue la de Noé Colín quien hacía al sacerdote Zaccaria. Lo cual me extraña porque como Barak en la pasada tanda de Die Frau ohne Schatten le escuché mejor (y miren que la orquestación es más densa ahí) y aquí no tanto. Por momentos sus graves me daban la impresión de ser muy artificiales.

A pesar de que Fenena no tiene un gran momento para la lucidez vocal, Belem Rodríguez tuvo un muy buen desempeño. Timbre hermoso y con bellos graves (me hizo recordarla como Jezibaba en la Rusalka del año pasado), genial.

De manera general, un buen Ismaele de Carlos Arturo Galván, aunque por momentos escuchaba de él una voz artificial, sobre todo en el trío del primer acto con Abigaille y Fenena. No sé si escuché bien o mal.

Bien por los comprimarios.

¡Es admirable cómo suena el Coro del Teatro de Bellas Artes! Con cuánto profesionalismo y sentimiento han cantado en cada una de sus intervenciones, especialmente en el famosísimo coro de los esclavos hebreos Va, pensiero. Un momento conmovedor cuando se escucha y más si es en vivo. Felicidades a ellos y Alfredo Domínguez, director huésped del coro por su maravillosa labor.

Es mi primer Nabucco en vivo, entonces, no sé si la orquesta debe sonar tan fuerte como la hizo sonar el maestro Niksa Bareza. Por momentos sonaba tanto que llegaba a tapar a algunos cantantes solistas (Pankratova y Colín, concretamente). También hubo recortes a la partitura, la más notable a mis oídos fue en la cabaletta de Abigaille en el segundo acto.

Ahora, ¿qué les puedo decir sobre el elemento escénico? No estoy muy seguro. Decir que la puesta era fea sería mentir, hasta se notaba una hechura de buena calidad; pero que fuera la ideal sería engañar. Empiezo por describirles. ¿Se acuerdan de que en el 2009 la MET Opera de Nueva York estrenó una producción de La Sonnambula de Bellini firmada por Mary Zimmerman que causó controversia por situar la ópera en una sala de ensayos en tiempos modernos y al final, aparecer montada casi totalmente? ¿Sí? Bueno, pues algo parecido. En el Nabucco de ayer, nos situaron en el siglo decimonónico, concretamente en 1842, en los tiempos en los que el mismo Verdi se encontraba dirigiendo los ensayos del Nabucco dos semanas antes de su estreno. En el escenario del Palacio de Bellas Artes nos presentaron el vestíbulo del Teatro alla Scala, donde se llevaban a cabo los preparativos y ensayos. Vimos al mísmisimo Giuseppe Verdi dirigiendo cantantes, pelearse con los empresarios; Giuseppina Strepponi (bueno, Elena Pankratova caracterizada como ella) preparándose para abordar el papel más difícil de su carrera; al célebre Giorgio Ronconi (Genaro Sulvarán, pues) siendo recibido alegremente por todos los miembros de la compañía; el coro de La Scala (en el Coro del Teatro de Bellas Artes) aprenderse la obra, etc. El primer acto nos lo situaban dos semanas antes del estreno, el segundo a una semana, el tercero un día antes y el último ¡zaz! el vestíbulo de La Scala se transformaba en la escalinatas babilónicas, con leones alados y demás parafernalia porque ya era el día del estreno. Y ahí si te creías que estabas viendo Nabucco. Y digo “creías” porque al menos a mí me creaba problemas ver a Giuseppina Strepponi (perdón, Abigaille) gritarle sus cosas a Ismaele y Fenena y al término de su escena, salir corriendo con la vestuarista para probarse sus vestidos. Esos toques producto de la realidad que nos presentaban le quitaban el encanto y hasta dramatismo a tan heroicas escenas.

Paralelamente, y a manera de crear mayor “realismo”, mientras se llevan a cabo los ensayos previos al estreno, se nos presenta una historia paralela, donde un grupo de rebeldes encabezados por el hijo, sobrino, nieto, primo, hermano, no sé, lo ignoro de la vestuarista corren a refugiarse al teatro huyendo de la persecución de guardias austriacos. Mientras se lleva a cabo los “ensayos-ópera”, somos testigos de cómo Austria reprime y trata de mantener a raya al pueblo italiano en su región lombarda. En el “tercer acto-un día antes del estreno” observamos como uno de estos rebeldes es llevado al vestíbulo de La Scala donde cantantes, coristas y demás rinden un homenaje y consuelan a la vestuarista mientras entonan el Va, pensiero, el canto que sirvió en gran parte para unificar a este pueblo reprimido. La cosa finaliza con un gesto patriota y la proclamación de Víctor Emanuel de Saboya como rey de Italia. Conmovedor, sí, pero no creo que haya sido del agrado de todos en el foro.

¿Qué si fue un mal Nabucco? No lo creo, lo cierto es que muchos no habrán salido contentos, y mucho menos satisfechos. Y finalmente, me parece una reacción natural la división de opinión. Haciendo un consenso entre algunos asistentes conocidos, el intento de vanguardia del que todos los presentes fuimos testigos el domingo les resultaba chocoso, especialmente en aquellos que tienen más escuchada/vista/estudiada este título verdiano; mientras que para los que o no la conocían o la habían escuchado poco, resultaba interesante y agradable de ver.

Antes de finalizar, quiero dar nota de un detalle. De nueva cuenta, fuimos víctimas de los golosos que abren sus dulcecillos finamente empaquetados en una bolsa de celofán ruidoso y que esperan en el momento en que la orquesta está al mínimo para dar a notar que están por engullir algo. ¿Qué no se supone que se prohíbe el acceso a la sala con alimentos y bebidas? Realmente resulta molesto.

Como ya es costumbre, aquí les dejo unos enlaces para que los que ya asistieron y gusten recordar la bella música de Verdi o para los que aún no han ido y quieran ir calentando motores, les dejo esta grabación radiofónica. El año es 1960, en el teatro de la MET Opera. El reparto va así:

Abigaille – Leonie Rysanek
Nabucco – Cornell Macneil
Zaccaria – Cesare Siepi
Fenena – Rosalind Elias
Ismaele – Eugenio Fernandi

MET Opera Orchestra & Chorus

Director: Thomas Schippers.

Se trata de una función redonda, donde Cornell Macneil hace un excelente Nabucco, siendo él el más destacado de la noche. El Zaccaria de Cesare Siepi es estupendo para darle réplica al orgulloso rey babilonio. No tanto así (a mi gusto) la Abigaille de Leonie Rysanek, pero no molesta. El resto estupendo y Thomas Schippers al frente de la orquesta, haciendo los cortes habituales de aquél entonces. Tristemente esta grabación no cuenta con un gran sonido, sin embargo aún se deja escuchar. Seguramente esta misma grabación podrán encontrarla por otros medios y mejor calidad, editada por el sello Myto o por otros sellos independientes.

Parte 1   Parte 2

¡Hasta luego!

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Published in: on junio 12, 2012 at 8:39 pm  Comments (2)  

FROSCH en Bellas Artes

¡Pero cómo disfruté la función de ayer! En serio que sí. No solo por que fuera una composición de mi adorado Richard Strauss, o porque me despertará cierta emoción presenciar tan monumental obra en el Palacio de Bellas Artes (como manifesté en mi entrada anterior). Pero es que realmente lo pasé muy bien. Sería mucho declarar que ha sido lo mejor que he visto presentado por la CNO, no. Pero si de lo que más me ha gustado.

Después de haber disfrutado de unos momentos muy amenos con algunas amistades, nos enfilamos al Palacio de Bellas Artes para presenciar esta función de Die Frau ohne Schatten (o Frosch para abreviar, de acuerdo como lo haría el mismo Strauss) cuyo estreno nacional ocurrió apenas tres días antes. Una ópera complicada para gran parte del respetable por muchas razones: una orquestación densa, cantada en su idioma original que no es el más cercano a las lenguas romance, larga duración, argumento plagado de enigmas, etc. Pero que al final de cuentas, representaba un acontecimiento y desde luego, yo no perdería la oportunidad de presenciarlo.

Ya ocupados nuestros asientos y casi a punto de iniciar, el recinto lucía ocupado si acado en un 70%, lo cual no me parecía extraño por las razones arriba mencionadas. Mientras estábamos en la plática pre-función, di un vistazo rápido al programa de mano para revisar algunos pormenores de la función.

El reparto compuesto por talento nacional y extranjero (¡gracias!):

El Emperador – Carlo Scibelli
La Emperatriz – Rebeca Nash
La Nodriza – Malgorzata Walewska
Barak – Noé Colín
Su mujer – Olga Sergeyeva
El Mensajero – Óscar Velázquez
Un centinela del umbral del templo – Anabel de la Mora
La aparición de un joven – Juan Carlos López
La voz del halcón – Ana Gabriella Schwedhelm
El tuerto – Josué Cerón
El manco – Octavio Pérez Bustamante
El jorobado – Víctor Hernández

Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes

Director concertador – Guido Maria Guida
Puesta en escena – Sergio Vela
Diseño de escenografía – Philippe Armand
Diseño de vestuario – Violeta Rojas
Coreografía y movimiento actoral – Ruby Tagle
Director artístico del Coro del Teatro de Bellas Artes – Xavier Ribes

Prácticamente el quinteto principal compuesto de voces extranjeras. Seguramente, si se hubieran limitado a contratar solo talento nacional como en otras ocasiones, todo hubiera quedado seguramente en “buenas intenciones” y tendríamos que conformarnos con el pucciverdi de siempre con algún Donizetti y Rossini por ahí. Afortunadamente, no sucedió así con este título.

Poco tiempo pasado de las 5 de la tarde (uno o dos minutos), la sala empezaba a oscurecer, mientras una odalisca guiaba a un narrador que iría explicando la trama al inicio de cada uno de los actos de la función. Al terminar su discurso, salieron del escenario y entonces sí, inició la función.

No sé hasta qué punto mis comentarios sean objetivos, sigo aún con la emoción a flor de piel de haber presenciado con mis propios ojos tan monumental obra, pero intentaré ser lo más realista posible.

Como es habitual, iré por partes. Primero la vocal. Se dice que para cantar esta ópera, se necesitan voces especializadas en la composición straussiana, cantantes de primer nivel y es precisamente esa una de las razones por las que este título se represente poco.

Ladies first. Si bien me pareció que la voz de la australiana Rebecca Nash como la Emperatriz fue la más ligerita en cuanto a volumen, lograba ser audible frente a la orquesta. Nash tiene un timbre bonito, con agudos seguros y graves un poco menos. Más volumen tenía la voz de la soprano rusa Olga Sergeyeva  que hizo de la Tintorera (o la mujer de Barak) graves y centro interesantes y no por eso con agudos despreciables; es de esas voces cuya resistencia son ideales para estos roles straussianos, me encantaría escucharle una Elektra.

Mención aparte merece la mezzo polaca Malgorzata Walewska. Y es que hay que tener un vozarrón, saber manejar el volumen y mantener la línea para tan temerario papel como lo es el de la Nodriza. Agudos sostenidos y graves totalmente audibles, su voz tiene el metal incisivo típico de las voces de esas latitudes, con un conocimiento tal de su instrumento y la sabiduría (porque hoy en día lo es) de cómo manejarlo. Sin duda, la más meritoria de todos, a la que bravee mucho y que desde luego me encantaría volverla a ver en el escenario de Bellas Artes.

Es sabido que los papeles masculinos de Strauss son un tanto ingratos con los cantantes, sin embargo me parece que los ayer presentes salieron avante con su respectivo rol. Me sorprende bastante que un tenor italiano ande cantando Strauss, sin embargo, Carlo Sciebelli ha dado el ancho cantando el papel del Emperador. Por alguna razón (mi mala fe, supongo) pensé que en algún momento gritaría o algo así, pero para mi sorpresa no fue así. Tiene una voz ancha y buenos agudos, y aún así logra mantener esa calidez propia de los italianos. El Barak a cargo del bajo mexicano Noé Colín también a la altura, si bien por momentos era tapado por el vozarrón de los otros, se hacía oír muy bien por todo el teatro, lo cual para mí es un gran logro hacerse oír a través de tan densa orquestación. Bravo por los caballeros.

El resto de los comprimarios, elenco nacional, muy cumplidores, completando la parte vocal de manera satisfactoria.

Es importante destacar la gran labor de los cuerpos corales que participaron en esta función: El Coro del Teatro de Bellas Artes, la Schola Cantorum de México y el Grupo Vocal “Caritas”. Personalmente, jamás había escuchado tan potente al coro del Teatro, enhorabuena por ellos.

Una maravillosa y apasionada dirección musical por parte del maestro Guido Maria Guida, matizando maravillosamente, haciendo sonar y hasta rugir a la orquesta del Palacio de Bellas Artes. Y logró algo que yo no creí posible: ¡hacer sonar afinados los alientos! Cornos, trompetas, etc, sin afear la rica y complicada orquestación straussiana. Más de 100 músicos en acción, ¿no es para emocionarse? Fue una emoción indescriptible escuchar las fuerzas de la orquesta ejecutando esas notas orgiásticas de Strauss en todo su esplendor, volumen. Cornos y tubas wagnerianas, trombones, trompetas, percusiones, hasta un órgano. Hay quienes consideran la música de Strauss como ruido. Si yo escuchara un ruido así en las calles de esta ciudad, no me molestaría.

En la parte visual/escénica, la puesta en escena minimalista de Sergio Vela cumplió satisfactoriamente, con algunas fallas que ya mencionaré. Aprovechando los nuevos recursos tecnológicos que el Palacio de Bellas Artes tiene desde hace poco menos de dos años, tenemos desniveles con estructuras que suben y bajan, un constante fondo azul que hace del palacio del emperador, la casa de Barak y el templo de Keikobad, principalmente.

Al ser esta una ópera situada en una época legendaria, los escenográfos y registas se pueden dar el lujo de jugar con los ambientes (corríjanme si me equivoco) y a grandes rasgos lo visto ayer no molesta, aunque si hay cosillas que me chiflan un poco, principalmente las olas “de carton” (así se veían desde mi localidad) mal cortadas con la barca coquetona y rústica que transportaba a la Emperatriz y a la Nodriza hasta el templo de Keikobad o ese horrendo marco de luz neón (?) que también se vio en la pasada Traviata: visualmente, cansa mucho la vista. Un poquito de coordinación no les vendría mal, pues mientras aún vemos volando por medio de arneses en la parte superior a las bailarinas caracterizadas como la Emperatriz y la Nodriza al llegar a la casa del tintorero, las cantantes ya están en a nivel del piso iniciando sus partes.

Mucho se ha comentado y discutido la cantidad de recursos gastado para el montaje de esta ópera, una cifra alta y que puede rayar en el escándalo. Personalmente, contando con los efectos de producción y la plantilla de cantantes, coros y orquesta contratada por cuatro funciones, logística y demás, me parece demasiado. Dicen que hablar de dinero es una banalidad cuando se trata de arte. A mí no me lo parece, menos en la situación económica en que nuestro país se encuentra y agregando que faltan todavía otros títulos de la temporada de ópera por presentar. También faltaría conocer de donde han provenido los recursos. Veamos qué sucede.

Sí, fue una función altamente disfrutable, detallitos por aquí y por allá, pero que finalmente no molestan demasiado cuando se mira en su totalidad. Y sí, salí muy contento.

Una verdadera pena que el foro no luciera lleno para contemplar esta magna obra. Entiendo que Die Frau ohne Schatten no es un título que llame mucho la atención o que sea altamente conocido, y casi puedo apostar que los que acudieron a la función del domingo son auténticos diletantes en su mayoría que saben que Strauss es más que Salome y Der Rosenkavalier. Qué tristeza que se hayan perdido tan genial función. Si alguno aún no la ha visto y tiene boletos para asistir, vaya, le gustará, y olvídese de que estará dentro del teatro por cinco horas, realmente disfrutará.

Lo que sí me parece definitivamente triste es que se esté perdiendo el respeto por el trabajo de los músicos y cantantes que están trabajando ahí en el foso o sobre el proscenio. Explico: Más de una vez (lamentablemente) pude escuchar los ruidos de gente que abría sus empaques de celofán con dulces o cacahuates, el ruido al abrir sus latas de refresco e incluso como a algún emocionado (o dormido) se le caía la lata vacía (supongo) cuando la orquesta era tan reducida. Me parece una total falta de respeto ya no solo a los músicos y cantantes, sino incluso para el resto del público que está disfrutando de la música.

No resta más que esperar que sorpresas nos deparan para la siguiente tanda de Nabucco que tiene programada para el mes que viene.

Si ustedes se perdieron la oportunidad de asistir o si quieren revivir en sus oídos esta maravillosa ópera, aquí les dejo (como es costumbre) una grabación de la misma. Se trata de una de las funciones realizadas hace diez años en el escenario de la MET. El reparto es el siguiente:

La Emperatriz – Deborah Voigt
El Emperador – Thomas Moser
Barak – Wolfgang Brendel
Su mujer – Gabriele Schnaut
La Nodriza – Reinhild Runkel
Un mensajero –  Eike Wilm Schulte
La voz del halcón – Julia Faulkner
El Jorobado – Allan Glassman
El Tuerto – Timothy Nolen
El Manco – James Courtney

Coro y orquesta de la MET Opera, dirigidos todos por el director Christian Thielemann. Una muy buena función, con el quinteto principal muy bien plantado. Si bien Thomas Moser luce con los agudos algo apretados, conoce el rol y aún lo saca adelante. Las damas están simplemente maravillosas. Espero les agrade.

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Published in: on mayo 7, 2012 at 11:18 pm  Comments (1)  

¡Yo también quiero ir a ver a Sondra Radvanovsky!

Pero me voy a tener que quedar con las ganas. Me hacía mucha ilusión poder ver y escuchar en vivo – aunque sea en un recital a piano – a una de las cantantes actuales a las cual puedo ponerle pocas pegas y que me gusta como canta Verdi. En medio de una sequía de auténticas sopranos verdianas, Sondra Radvanovsky se ha abierto paso y se posiciona como una de las mejores en la actualidad. Lo mismo canta una Aìda que una Elena o que una Leonora, como antaño lo hicieran grandes de la talla de Aprile Millo, Leontyne Price y también la gran Renata Tebaldi.

Cuando me enteré que visitaría nuestro país, intercalada entre Deborah Voigt y Dmitri Hvorostovsky, me dio mucha emoción. Unos días después de enterado, me encontré con un amigo que también gusta mucho de la ópera. Le compartí las buenas nuevas y también se sintió emocionado; aunque no supo quién era Sondra Radvanovsky.

Palabras más, palabras menos, reproduzco de manera casi fiel el diálogo que mantuvimos:

Yo. – (Emocionado.) ¡Ya viste! Van a venir Deborah Voigt, Sondra Radvanovsky y Dmitri Hvorostovsky. Qué bien, parece ser que ahora sí escucharemos cantantes actuales internacionales.
Mi amigo. – (Emocionado.) ¡Sí! A Dmitri si tengo ganas de verlo en vivo. ¿Deborah Voigt? ¿Qué no es ella la que hace las presentaciones en las transmisiones de la MET aquí en el Auditorio Nacional?
Yo. – Sí, es ella. Pero no solo hace eso, también canta y lo hace muy bien.
Mi amigo. – (Indiferente.) ¡Ah! Es que de ella no he escuchado mucho. ¿Y la otra quién es?
Yo. – ¿La otra? (Sorprendido.) ¿Te refieres a Sondra Radvanovsky?
Mi amigo. – Sí, ¿ella qué canta o qué?
Yo. – ¿Cómo que qué canta Sondra? ¡Ópera! Es una buena cantante de ópera. Es muy buena cantando roles de Verdi. ¿Cómo es que no la conoces?
Mi amigo. – Pues no, no la había escuchado mencionar. ¿Qué ha cantado?
Yo. – Pues varias cosas, pero te repito: Ella es muy buena cantando Verdi. Lo último que le vi fue una Leonora de Il Trovatore que se transmitió aquí en el Auditorio Nacional y estuvo muy bien.
Mi amigo. – (De nuevo indiferente.) ¡Ah!… No, pues no sé nada de ella.

Admito que me quedé un sorprendido de que una cantante como Sondra pasara desapercibida aún, siendo tan buena como lo es. Quizá sea porque ella no tiene el respaldo de una gran disquera y que no es precisamente la que canta de todo, lo haga o no bien.

Por eso, este post, además de dedicarlo a Sondra, lo dedico a aquellas personas – como mi amigo – que solo saben que Sondra es una cantante de ópera, pero que no conocen parte de su carrera.

Sondra Radvanovsky nace un 11 de abril en Berwyn, un suburbio al sur de Chicago, Illinois. A la edad de 11 años se muda a Richmond, Indiana, donde empieza a tomar sus primeras lecciones de canto, un tanto inspirada después de una Tosca en donde Plácido Domingo hacía el papel de Caravadossi. Ingresó a la University of Southern California con la tesitura de mezzo-soprano, eventualmente seguiría estudiando con Martial Singher. Hasta entonces, Sondra se mantenía cantando arias de Mozart, pero fue Singher quien le apuntó que ella podría convertirse en una soprano verdiana. A la par de sus estudios de canto, estudia teatro en la UCLA.

Diez años fueron necesarios para que Sondra cantara en una ópera completa, siendo su debut en La Bohème en el papel de Mimì en Richmond, Indiana. Por esas mismas fechas, conoce a Diana Soverio, su actual maestra de canto.

Gracias al trabajo constante, Sondra gana en 1995 el Met’s National Council Auditions, lo que le permitiría ser parte del programa Lindemann Young Artist Development, donde perfeccionaría su técnica con diversos maestros como Renata Scotto. Realiza algunos papeles pequeños (como en Elektra y Rigoletto), para después realizar otros con mayor importancia (en Les Contes d’Hoffmann, Carmen, etc.) pero es en 1999, cuando canta por vez primera su Leonora de Il Trovatore, cuando empieza a adquirir cierta notoriedad y su carrera empieza a tomar vuelo.

Desde entonces, se ha destacado con otras heroínas verdianas como Aìda, Violetta, Luisa Miller, Leonora (de Ernani y de Il Trovatore), Elena (I Vespri Siciliani) y Lina (Stiffelio), convirtiéndose en una especialista en Verdi. Además, ha agregado otros papeles de otros compositores a su repertorio, como Tosca y Sour Angelica de Puccini, Roxane de la versión operística que hiciera Alfano de Cyrano de Bergerac, Rusalka de Dvòrak, Sussanah de Floyd, Rosalinde en Die Fledermaus e incluso ha llegado al belcanto cantado Lucrezia Borgia de Donizetti y recientemente Norma de Bellini.

Además de cantar en el escenario neoyorquino, ha cantado en otros escenarios importantes como la Royal Opera House, la Opèra de Paris, el Teatro alla Scala, la Wiener Staatoper, la Lyric Opera of Chicago y San Francisco Opera, entre otros.

Sondra viene de cantar recientemente una tanda de Aìda en Chicago y de debutar imprevistamente ese mismo papel en la MET Opera de Nueva York reemplazando a Violeta Urmana. En mayo estará en el Teatro Real de Madrid para cantar el papel de Roxane en el Cyrano de Bergerac de Alfano y en julio en el Liceu de Barcelona otra tanda de Aìda. Está por debutar en la ópera Anna Bolena de Donizetti, en la Washington Opera, además de cantar en otras funciones más delante de Aìda, Don Carlos y Tosca en escenarios de Europa y Estados Unidos.

Una de las cosas que le reconozco a Radvanovsky es la particularidad de su timbre. Un timbre oscuro, aterciopelado y de gran extensión; con un gran fraseo y buen fiato, y acaso a algunos pueda molestar ese vibrato constante que a mí me recuerda un poco a la antigua camada de cantantes de por ahí de la década de los 50’s y 60’s. Más entregada en los pasajes de patetismo que en los de virtuosismo, y no es que no sepa cómo resolver esas secciones de la partitura, sino a su gusto particular por cantar más bien “cosas tristes” que “cosas alegres”, de ahí que ella prefiera cantar D’amor sull’ali rosée más que la cavatina Di tale amor de la Leonora de Il Trovatore.

No queridos lectores, Sondra Radvanovsky no se trata de una simple nueva voz lírica, se trata de una cantante que lleva ya su tiempo picando piedra en este exigente y azaroso mundo de la ópera, dónde hoy estás encumbrado y mañana en el fango. Aún en la plenitud de su carrera, se da el tiempo de elegir el repertorio que más le interesa y que vaya de acuerdo a su vocalidad y no solo por el hecho de acaparar o presionada por otros lados. Trabajo, criterio y paciencia son cualidades deseables en un cantante lírico, y Sondra ha demostrado tenerlas.

Así que, para todos aquellos que estén leyendo esto y mañana asistan a su recital en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, o aquellos que lean esto después del día sábado 24 de marzo de 2012 y que hayan asistido a su concierto, sepan muy bien y desde ya que se han ganado mi más sincera envidia. Perderme la oportunidad de asistir a un concierto como este me puede mucho, pero primero están esos compromisos familiares ineludibles, y contra eso no hay nada que hacer.

Aún con toda mi envidia, deseo que pasen una velada maravillosa. De acuerdo a lo anunciado por Bellas Artes, el programa se compone de canciones y arias de Cilèa, Giordano, Verdi, Rachmaninov, Duparc, entre otros. Presumo entonces que escucharán cosas como Io son l’umille ancella de Adriana Lecouvreur, La mamma morta de Andrea Chénier, Mercé dilette amiche de I Vespri Siciliani y las hermosas Ne poy, krasavitsa, pri mne y Zdes’ khorosho. Pero bueno, esas no son más que simples presunciones mías.

Para los que tendremos que conformarnos con no asistir, o que deseen recordar la voz de Sondra Radvanovsky, les dejo este pequeño concierto que realizó en Rusia en el 2009 con la Russian State Chamber Orchestra, dirigida por Constantin Orbelian. Arias de Il Trovatore, La Forza del Destino, I Vespri Siciliani, Tosca, Madama Butterfly y Gianni Schicchi. Disfruten

Concierto

Published in: on marzo 23, 2012 at 8:35 pm  Dejar un comentario  

Crónica de una feliz muerte en Venecia

This is frenzy, absurd.
The heat of the sun must have made me ill.
So longing passes comes back and forth
Between life and the mind.
Ah, don’t smile like that!
No one should be smiled at like that.
I love you.

Afiche Muerte en Venecia

Basada en el libro “Der Tod in Venedig” de Thomas Mann, editado en 1912, la historia de la ópera “Death in Venice” (Muerte en Venecia), compuesta por Benjamin Britten, se centra en Gustav von Aschenbach, escritor cincuentón en plena crisis creativa, que viaja a Venecia para recuperar su inspiración y lo que termina trastornado a causa de su enamoramiento por Tadzio, un jovencito que también pasa sus vacaciones en Venecia con su familia, justo en el momento en que la ciudad está siendo arrasada por la plaga del cólera. El argumento parece simple y no habrá quien lo catalogue de una historia de amor entre homosexuales tal como lo hizo en su momento Joan Cross(o de temática gay, si se quieren sentirse modernos); pero va más allá de eso.

No se trata de cómo le llega su segundo aire un hombre maduro al ver a un chico, ni de la idealización (mucho menos consumación) de su amor, no es la versión homoerótica de la novela Lolita de Vladimir Navokov y que después Stanley Kubrick (y tiempo después Adrian Lyne) hicieran película.

 

Muerte en Venecia puede interpretarse de diferentes maneras, algunas más complejas que otras y dicha apreciación dependerá de la percepción propia. Personalmente, pienso que presenta la lucha entre lo ideal y lo real,  el pensamiento y la belleza (representado por el dios Apolo) contra lo carnal y la pasión (representado por el dios Dionisio), una lucha que culminará con el desgaste y posterior colapso del personaje principal.

La historia de su gestación va más o menos así: Britten mantenía desde hace años la idea de realizar una adaptación operística del título de Thomas Mann, y solicitó la aprobación de Golo Mann en 1970, hijo del autor y a quién conoció durante su exilio en Estados Unidos. La respuesta fue afirmativa. Por aquel mismo tiempo, el controvertido Luchino Visconti hacía su versión fílmica de la misma historia.

El compositor comenzó al año siguiente a trabajar con su acostumbrado equipo: El tenor Peter Pears, su pareja sentimental y cantante protagonista en las anteriores óperas de Britten; Myfanwy Piper, crítica de arte y anterior libretista de dos trabajos previos de Britten (The Turn of the Screw y Owen Wingrave); John Piper, pintor y escenógrafo (esposo de Myfanwy). Durante ese año, vacacionaron en Francia donde comenzaría a realizarse la adaptación y más adelante, viajaron a la propia Venecia para afinar detalles de la obra que ya empezaba a tomar forma.

En la novela de Thomas Mann, Aschenbach y Tadzio jamás llegan a cruzar palabra, y Britten y M. Piper debían encontrar la manera de resolver para su ópera la ausencia de un diálogo entre el personaje y su obsesión. Decidieron que ni Tadzio ni ninguno de sus relacionados tuvieran voz, y que solo a través de movimientos expresaran su parte, de ahí que dichos roles sean encarnados por bailarines, lo que obligó a Britten a incorporar a su equipo a Frederich Ashton, coreógrafo con el cual mantenía una amistad de años. La música donde tiene cabida Tadzio fue aderezada con el exótico sonido del “gamelan”, un conjunto de percusiones típico en la música indonesia y del cual el compositor quedo fascinado durante su estancia en Bali, agregando una extrañeza inusual a su partitura, extrañeza percibida por Aschenbach cuando ve en Tadzio todo aquello que él jamás se ha permitido vivir.

Peter Pears como Gustav von Aschenbach

Ya en 1972, Britten se dedicaba a escribir el borrador de la partitura, aún introduciendo cambios y ajustes, con algunas ligeras interrupciones. Su trabajo de composición finalizó el año siguiente y el estreno se llevo a cabo el 16 de junio de 1973, en el marco del Festival de Aldeburgh que se realizaba en The Maltings, Snape, Inglaterra. El compositor no pudo ni estar al frente de los ensayos y mucho menos asistir al estreno mundial de la que sería su última ópera, debido a una operación quirúrgica. Solo hasta que el Covent Garden la programó en octubre del mismo año, Britten pudo ver su obra culminada. Tres años después, Britten muere.

Desde su estreno, “Death in Venice” fue objeto de escándalo en los arraigados sectores conservadores de la sociedad y al solo considerarse una simple historia homosexual que podría  incitar esta conducta “inmoral” entre quienes la presenciaran. En algunas ciudades inglesas, la ópera fue prohibida para su representación.

Hay quienes sostienen varias semejanzas entre el escritor Gustav von Aschenbach y el propio Benjamin Britten. Una de ellas es el estancamiento intelectual de ambos en la edad madura: Mientras Aschenbach no encuentra la inspiración necesaria para seguir con su vocación, Britten estaba en un “período de sequía” después del estreno de su “War Requiem”. Otra de ellas es la atracción por hombres jóvenes: Así como Aschenbach se enamora del pequeño Tadzio, es sabido de la constante atracción de Britten hacia los jovencitos y sus coqueteos con ellos (pese a su relación estable desde 1937 con su compañero sentimental, el tenor Peter Pears).

Benjamin Britten en 1979

Las semejanzas van más allá de estas simplezas: en el libro de Mann, se detalla a Aschenbach de la siguiente manera “había crecido […] aislado, sin amigos, dándose cuenta prematuramente de que pertenecía a una generación en la cual escaseaba, si no el talento, sí la base fisiológica que el talento requiere para desarrollarse; a una generación que suele dar muy pronto lo mejor que posee y que rara vez conserva sus facultades actuando hasta una edad avanzada”. Por su parte Britten no tenía muchos amigos y a pesar de la genialidad de sus trabajos, aún escandalizaba la Inglaterra de la posguerra que seguía siendo en buena parte victoriana.

El año lírico en nuestro país dio inicio el 2 de febrero con la reposición de este título que nos ocupa. Yo asistí a la función de ayer,  5 de febrero.

El reparto fue el siguiente:

Gustav von Aschenbach – Ted Schmitz
El viajero, el dandy entrado en años,
 el viejo gondolero, el gerente del hotel,
el barbero, el jefe de los cómicos
y la voz de Dionisio – Armando Gama

La voz de Apolo – Santiago Cumplido
Tadzio – Ignacio Pereda
Jaschiu – Julio Landa

Orquesta y coro del Teatro de Bellas Artes
Director: Christopher Franklin

Es de destacar que el papel principal (Aschenbach) sea muy demandante para el cantante que se ponga a cantar con él, es largo (casi siempre está en escena), todo lo que se percibe desde su óptica y entendimiento lo que requiere una gran variedad de matices vocales. Indudablemente, solo un tenor de las características expresivas de Pears podría ser el indicado para realizar este maratónico papel (más de dos horas). A pesar de ser una dura prueba, el tenor norteamericano Ted Schmitz salió bien librado de ella. Un timbre bello, facilidad para los agudos y una voz expresiva que corre por todo el teatro, además de poseer muy buenas dotes histriónicas. Me gustaría escucharlo de nuevo cantando algo de Mozart, más Britten y como Tom Rackwell de The Rake’s Progress.

Ted Schmitz como Aschenbach y Armando Gama como el Dandy

John Shirley-Quirk fue elegido por el compositor para dar vida a nada menos que a siete diferentes personajes a lo largo de la ópera. La voz de bajo-barítono de Shirley-Quirk daba un toque tenebroso a cada uno de esos personajes, que de una manera u otra, todos ellos anuncian muerte a Aschenbach. Armando Gama resulto idóneo para el papel, su voz oscura contrastaba perfectamente con el timbre luminoso de Schmitz, y a la par para las cuestiones histriónicas.

Britten escribió de manera ex profeso el papel de la voz de Apolo para la cuerda de contratenor, un tipo de voz usualmente relegada al repertorio antiguo y a veces, como sustituto para los papeles originales para castrato en un tiempo en que dicha cuerda no era aceptada y desgraciadamente, aquí en México aún no encuentra mucha cabida en el gusto del público en general. El instrumento del contratenor James Bowman era el óptimo para dotar ese carácter etéreo necesario para la voz de Apolo. Y para esta función, fue Santiago Cumplido quien encarnó al dios griego, iniciando un poco flojo pero desempeñándose al final muy bien.

Santiago Cumplido como la Voz de Apolo

Dentro del cuerpo de ballet, es de destacar la participación de Ignacio Pereda, dando un Tadzio inocente y a la vez poseedor de una sensualidad que desconoce, al igual que la de Julio Landa como Jaschiu.

La orquesta bien llevada por el director Christopher Franklin, imprimiendo la fuerza necesaria en determinadas partes (como la confrontación entre Apolo y Dionisio) hasta lograr lecturas intimistas (Aschenbach analizando sus sentimientos). El coro dirigido por Xavier Ribes muy bien desempeñado.

Completando una escenografía muy funcional, el diseño de vestuario y la iluminación. El escenario por momentos se convertía en los famosos canales de Venecia, en la Plaza de San Marcos y en momentos en un hotel gracias al movimiento de paredes, el desplazamiento de tarimas para dar lugar a los canales, góndolas, etc.; el vestuario en tonos blancos o negros, incorporando el color rojo en los personajes para el barítono y más tarde para el tenor.  Todos estos componentes muy acertados.

Considero que esta función presenciada por un servidor el día de ayer ha sido una de las mejores cosas que he visto en Bellas Artes. Me da gusto ver que en Bellas Artes se puedan presentar espectáculos de este tipo, de gran calidad e ingenio, la combinación de talento nacional y extranjero. Su inclusión dentro de esta temporada me parece un acierto, a pesar de no ser una ópera de repertorio y además, de que aquí “adolecemos” por la preferencia por el Pucciverdi.

Finalmente, les dejo una grabación de esta ópera, a manera de ilustración, que proviene de una de las funciones del año pasado que programó el Teatro alla Scala de Milán, que además supuso su estreno en dicho teatro. El reparto fue el siguiente:

Gustav von Aschenbach – John Graham-Hall
 El viajero, el dandy entrado en años,
 el viejo gondolero, el gerente del hotel,
el barbero, el jefe de los cómicos
y la voz de Dionisio – Peter Coleman-Wright
La voz de Apolo – Iestyn Davies
Tadzio – Alberto Terribile
Jaschiu – Jacopo Giarda

 Orchesta e coro del Teatro alla Scala
Director: Edward Gardner

Parte 1 y Parte 2

Espero les guste la grabación.

Por último, solo quisiera retomar esta pequeña anécdota que viene incluida en el programa de mano de las funciones, para todos aquellos lectores que no pudieron asistir o que no podrán hacerlo, ya que vale la pena conocerla. Es el maestro José Octavio Sosa quien escribe, que allá por septiembre de 1967, Peter Pears se presentó en el Palacio de Bellas en un recital dedicado a obras del mismo Britten y Schumann ante una concurrencia pequeña, lo acompañaba en el piano el mismo Benjamin Britten. Una pena que tan distinguidos artistas hayan pasado tan desapercibidos en nuestro país.

Published in: on febrero 7, 2012 at 8:58 am  Comments (2)  

Amazing Grace – Jessye Norman en Bellas Artes

De acuerdo al SMN, se había pronosticado lluvia y chubascos para la zona central del Distrito Federal, justo por la ubicación del Palacio de Bellas Artes, ubicado a pocos pasos del corazón de México. Pero ni Tláloc ni nadie evitaría que el público mexicano pudiera disfrutar de la voz de una de las aún vivientes leyendas del canto lírico, que es estandarte tanto del arte lírico como popular así como exponente del talento afroamericano y activa altruista: la soprano estadounidense Jessye Norman.

Jessye Norman en Bellas Artes

Pocas veces, la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes se llena de toda la musicalidad, misticismo y alegría que una gran voz como la de Jessye Norman puede generar por sí sola, acompañada modestamente por un elegante piano ejecutado por el maestro Mark Markham. ¿Cómo podría calificar el trabajo de esta dupla? Como una maravilla. ¿Y el concierto? Como una bocanada de cielo puro.

Quizá el repertorio elegido por la soprano y su acompañante no es el que genera más entusiasmo y quizá se le califique de agringado, pero ello no quiere decir que no sea bello, apasionado y entregado y que después de todo, no todo lo que da Estados Unidos en cuanto a música se refiere tiene que centrarse en una conocida cantante-performancer. Recuerdo como la señora que se había sentado a mi lado se quejaba amargamente de como ella esperaba “una Carmen” o “un Tristan und Isolde“.

Con un ligero retraso de casi diez minutos de la fecha marcada como inicio; Jessye Norman salió al escenario, ataviada en un sobrio vestido en tonalidades rosáceas (¿violeta?, ¿fucsia?, ¿rosa mexicano?) y acompañada por el pianista Mark Markham, siendo recibida con la ovación del público sin apenas haber abierto la boca para cantar.

Jessye Norman en Bellas Artes 01

Dividido en cuatro ciclos, Jessye optó por ofrecer un homenaje sintetizado a la larga tradición de Musicales que se ha generado en su país, es música que la misma Norman ha escuchado y la cual también la ha podido inspirar, así como cantantes que quizá ha esperado imitar en lo interpretativo y que han tenido gran influencia no solo en su propia vida musical, sino en la de todo sus connacionales. Los dos primeros ciclos mostrarían la gran variedad que el género ha dado, mientras que los dos últimos servirían como tributo a Odetta, Lena Horne, Ella Fitzgerald, Nina Simone y Duke Ellington, grandes nombres asociados al mismo.

Celebración del musical americano

I

Somewhere (West Side Story) – Bernstein
You’ll never walk alone (Carousel) – Rodgers & Hammerstein
But not for me (Girl Crazy) – George Gershwin
I got rhythm (Girl Crazy) – George Gershwin

II

The man I love (Lady, be good) – George Gershwin
Sleepin’ bee (House of flowers) – Arlen
Climb ev’ry mountain (The Sound of Music) – Rodgers & Hammerstein
Lonely town (On the town) – Bernstein
My man’s gone now (Porgy and Bess) Gershwin

III

Another done gone man – Tradicional
Stormy Weather – Arlen
Summertime (Porgy and Bess) – Gershwin
My baby just cares for me – Donaldson Kahn

IV

Meditación para piano – Duke Ellington
Don’t get around much anymore – Duke Ellington
I’ve got it bad and that ain’t good – Duke Ellington
It don’t mean a thing if it ain’t got that swing – Duke Ellington

Aparentemente, un repertorio no precisamente exigente en cuanto a lo vocal y que no presentaría un problema importante para las tablas de Norman. Nada más equivocado que eso. Es un repertorio en el cual debe interpretarse además de cantarse, convertir lo conocido en algo totalmente nuevo y mejor/peor aún: dejar huella en él, y Jessye Norman lo logró, con su exquisito arte, su inconfundible voz, sus increíbles habilidades musicales y su majestuosa presencia. Cada una de sus recreaciones de un repertorio tan conocido se ganó el aplauso al término de cada una y la ovación del respetable en determinadas ocasiones.

En cuanto a cuestiones vocales, su voz sigue siendo poderosa, sobre todo en los graves y la zona media. Su habilidad para los pianissimi es aún latente y esa musicalidad innata estuvo siempre presente, sobre todo en aquellas versiones jazzeadas o con swing en los cuales, Norman no dejo de transmitir todo el sentimiento requerido. El respetable no podía más que callar y dejarse llevar por sentimientos tan polarizados entre lágrimas y risas. Efectivamente, el agudo no es su fuerte, cosa que a nadie en la sala le importó.

Una vez finalizado el programa concertado, fue tanto el clamor del público y las ganas de la soprano por estar con nosotros y brindarnos más de su arte, que nos ofreció dos bises: El primero el espiritual He’s got the whole world in his hand y el segundo la fabulosa Amazing Grace, que inició primero tocando el piano por ella misma y después, dirigiendo al público al que pidió que le acompañara con un murmullo al ritmo de tan hermosa canción. El resultado es difícil de descifrar, yo lo calificaría como “algo que no fue de este mundo”.

Jessye Norman en Bellas Artes 02

Fueron dos horas maravillosas en las cuales Jessye Norman nos mostró que sigue vigente y que aún la tenemos por un rato. Que cuando los años de experiencia y calidad vocal hablan por el artista, no es necesaria toda esa parafernalia que las casas discográficas hacen hoy en día para dar a conocer a cantantes líricos de dudosa profesionalidad e incluso talento necesario. Ojalá este tipo de artistas de talla internacional y de talento indiscutible pudieran venir más seguido a México.

Gracias por haber venido Jessye Norman, por regalarnos una noche mágica auténtica de gozo, de alegría y de deleite, pues los que realmente apreciamos la música (conociéndola o no) sabremos apreciar infinitamente.

Jessye Norman en Bellas Artes 03

Antes de finalizar este post, quiero agradecer a un asiduo lector y amigo por permitirme usar imagenes captadas por él mismo tan ilustrativas por su excelente ubicación: Alejandro Macías. Gracias por compartir este invaluable material y también por captar, aunque sea unos minutos, parte de su interpretación en The Man I Love. A continuación, les dejo dos videos que pudé captar desde mi localidad, espero los disfruten.

My man’s gone now

Summertime

The man I love*


*Video captado por Alejandro Macías

Published in: on marzo 30, 2011 at 6:28 am  Comments (3)  

Rusalka de Dvòrak en Bellas Artes

Continuando con la actividad operística en nuestro país, y en el marco del Festival de México en su edición número 11, fue presentada ayer (en su segunda función) la ópera Rusalka de Antonín Dvorak.

Rusalka hace su (afortunado) debut en tierras mexicanas a 110 años de su estreno en Praga, y como muchas otras obras, que cuentan con una gran belleza musical, sigue siendo una rareza dentro del repertorio operístico, pero de la cual tuvimos la fortuna de disfrutar en nuestro país.

El reparto completo va de la siguiente manera:

Rusalka: Elisabet Strid
Príncipe: Ludovit Ludha
El Espíritu de las Aguas: Alexander Teliga
Ježibaba: Belem Rodríguez
Princesa Extranjera: Celia Gómez
Guardabosques: Antonio Duque
Un joven cocinero: Sandra Maliká
Cazador: Néstor López
Tres Ninfas: Lucía Salas, Edurne Goyarzu, Nieves Navarro.

En el podio el maestro Ivan Anguélov al frente de la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes.

Suele esperarse que el cantante protagonista sea quien sobresalga de entre todos (por eso es el/la protagonista) sin tener que depender del resto del reparto. Y así sucedió anoche. Es la primera vez que escucho a la soprano Elisabet Strid y me he llevado una grata sorpresa. La sueca, encargada de darle voz a Rusalka, posee la voz justa para este tipo de papeles y que es muy común encontrar en las voces originarias de dichas latitudes: homogeneidad pura, un metal platinado y no por ello frío, interpretativa y musical, manteniéndose en la línea desde principio a fin. Ha sido ella la principal ovacionada (y con justa razón) de la noche con una interpretación emotiva y convincente, en especial por su aria principal “Měsíčku no nebi hlubokém”. ¡Enhorabuena para Strid!

El rol de Ježibaba fue cantando por la mexicana Belem Rodríguez, ofreciendo una bruja de voz imponente aunque de maneras caricaturescas (que pueden no ser propias). Me ha sorprendido lo bien que ha cantado con sus medios: una voz metálica, incisiva y bien impostada, audible en todo el lugar. Igualmente ovacionada por los asistentes, y con justa razón. Una bruja perversa pero muy buena de voz.

Ludovit Ludha realizó un Príncipe con medios muy justos. Con una voz discreta en cuanto a volumen que llegó a ser opacada por la densa orquestación de Dvòrak, falto cierto arrojo e intención. Dentro de lo audible, se escuchaba un timbre limpio, pero el gran problema del cantante fue ese, el volumen. Desconozco si se deba a la altura del lugar, algún resfriado o a una simple mala noche en la cual la voz no estaba en su punto óptimo. No fue el más ovacionado de la noche.

El bajo polaco Alexander Teliga, quien dio vida al Espíritu de las Aguas, comenzó flojo, con una voz que le costó calentar todo el primer acto, pero durante el segundo y tercero su voz tomó lo que podría decirse un segundo aire. Conmovedora durante su aria del segundo acto “Běda! Běda! Celý svět nedá ti”. En todo el tiempo, mostró gran musicalidad.

La Princesa Extranjera encontró vida en la voz de Celia Gómez, quién empezó también baja pero calentó y logró darse a notar.

El resto del reparto a la altura, y es de reconocer su dominio sobre un idioma totalmente diferente de las lenguas romances y que han sabido cantar con gran habilidad, destacando al trío integrado por Lucía Salas, Edurne Goyarzu y Nieves Navarro como las tres ondinas.

La dirección musical corrió a cargo de las afortunadas manos del director búlgaro Ivan Anguélov, quién demostró su conocimiento sobre la partitura de Dvòrak. Aunque los metales de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes no se mantuvieron al orden, sonando casi en todo momento muy estridentes (sobre todo los cornos, un problema similar que pude percibir en el pasado Fidelio).

A pesar de la poca intervención del Coro del Teatro de Bellas Artes, es necesario hacerles un reconocimiento justo, aunque fueron tapados durante su última intervención en el tercer acto por la orquesta.

El cuerpo de ballet hizo su aparición dentro del segundo acto. Siento no poder detalles de su desempeño, ya que mis conocimientos sobre ballet son más que raquíticos, aunque fue visible que el pequeño espacio que tuvieron para hacer sus movimientos fue un problema para ellos.

En cuanto a lo visual, es necesario destacar la creatividad de Jorge Ballina quien a través de una estructura ligera sostenida por arneses que subía y bajaba nos daba la sensación de estar sumergidos en el mundo acuático o llevarnos a la superficie, con ayuda de diversos montículos movibles para la entrada o salida de los personajes (como la espectacular entrada de Ježibaba) durante el primer y tercer acto, ya que durante el segundo (que se desarrolla en el castillo del Príncipe) fueron tarimas, barandales y candelabros los elementos de la escenografía. Es de reconocer de igual manera el trabajo de Eloise Kazan con un vestuario más bien inspirado en cuentos fantásticos disneylanderos (especialmente el de Ježibaba y el del Espíritu de las Aguas).

Debo reconocer que no conozco mucho acerca de la regia y todo lo que a la actividad se refiere, pero debo decir que el trabajo de Enrique Singer me ha gustado, adaptándose al libreto, aunque con alguno que otro detalle que me ha contrariado, como aquella pseudo-relación afectiva entre el Espíritu de las Aguas y Ježibaba o la quasi escena lésbica de las ondinas (no quiere decir que me moleste, y desconozco las indicaciones del autor en dichas escenas).

Rusalka aún se sigue presentando en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, por dos fechas más: Jueves 17 a las 20:00 horas y Domingo 20 a las 17:00, si tienen oportunidad de asistir a alguna de las funciones no duden en hacerlo, me parece que disfrutarán de un gran espectáculo.

Después de esta serie de funciones, nos queda esperar la presentación de la soprano estadounidense Jessye Norman en el mismo foro, presentando lo que parece ser un programa compuesto por piezas del musical americano. Más adelante, se habla de llevar a escena las desventuras del pueblo judío y su tiempo como esclavos del rey babilonio Nabucodonosor o también de las histerias y celos de una célebre cantante romana, su nacionalista pintor y un perverso jefe de policía.

Published in: on marzo 15, 2011 at 6:19 am  Comments (3)  

Algunos anuncios

Bueno, cómo se han podido dar cuenta, no he actualizado mucho que digamos este espacio, y no ha sido por la falta de ideas o tópicos de los cuales escribir, sino por falta de tiempo, pero he resuelto terminar con esa situación.

Han notado que no he hecho comentarios sobre las últimas dos transmisiones de ópera desde la MET Opera de Nueva York: Nixon in China de Adams e Iphigènie in Tauride de Gluck. De la primera poco tengo que decir, salvo los repetidos gallos que soltaba James Maddalena (cantante principal) admito que la obra no logró atraparme, ni su trama ni su música. No tengo nada en contra de las obras contemporáneas (que conste que muchas me encantan), pero esta no tuvo mucha suerte conmigo. En cuanto a la Iphigènie, en ese caso si tengo algunas cosas que decir, con todo y el resfrío anunciado de los protagonistas Susan Graham y Plácido Domingo por Peter Gelb, manager general de la MET. Pero eso aún hay tiempo de discutirlo.

En México, la actividad operística también está en un buen momento. Primero fue anunciada la inminente visita de la soprano estadounidense Jessye Norman, quién actualmente realiza solo recitales (después de una intensa actividad operística en la década de los 80’s en los más variados roles). El foro encargado de recibirla es el Palacio de Bellas Artes, en la ciudad de México, el 26 de marzo, evento al cual un servidor espera acudir.

Aunado a eso, la Compañía Nacional de Ópera en conjunto con el Festival de la Ciudad de México preparan el estreno en México de la que quizá es la ópera checa más famosa fuera de sus fronteras: Rusalka de Dvòrak. El cast, integrado por miembros nacionales e internacionales, cantarán en una puesta montada en el Palacio de Bellas Artes los días jueves 10 y 17 y los domingos 13 y 20 de marzo.

Respecto a éstos eventos que se llevarán a cabo en México, he decidido hacer una semblanza de cada una (si, admito que aún debo el Boris Godunov), así que Jessye Norman y Rusalka tendrán un lugar aquí en estos días futuros. Estén pendientes

Published in: on marzo 1, 2011 at 12:39 pm  Dejar un comentario  

La Mulata de Córdoba/La Vida Breve

La ópera puede escribirse en cualquier idioma que uno pueda imaginar. A pesar de que estamos acostumbrados a escuchar la ópera en idiomas “más propios” o “cantables” como el italiano, el francés y el alemán, también hay una gran cantidad de óperas cuyos libretos y partituras han sido pensados para el idioma español y que son prácticamente desconocidas.

Es España el país más cercano a la tradición operística, gracias sobre todo a su situación histórica y geográfica. Mientras en Italia, Inglaterra y Francia florecía en aquel entonces éste joven arte, en España también se producían títulos nacionales tales como La Briseida, La Madrileña, Clementina y Amor aumenta valor y los nombres de Vincente Martin i Soler y José Melchor de Nebra se hacían de cierto prestigio.

Sin embargo, es la zarzuela lo que se nos viene a la cabeza cuando hablamos del género lírico en este país con títulos como El Gato Montés, Luisa Fernanda, La Tabernera del Puerto y otras historias picarescas, aunque también se hayan producido óperas.

En México, cabe destacar que no se trata de un acto del mal llamado “malinchismo” lo que hace que éstos títulos hayan sido relegados, sino que muchas de ellas carecen de la calidad notable, sobre todo aquellas que fueron producidas durante el siglo XIX ya que, en lo que respecta las mexicanas, eran copias del estilo romántico tan popular en aquel entonces por Europa.

Afortunadamente, a partir del siglo XX, comenzaron a surgir una serie de títulos cantados en español que lograron un notable éxito dentro y fuera de nuestras fronteras, tal es el caso de Ildegonda, Carlota, Tata Vasco, entre otras.

La gente puede emocionarse escuchando los dramas belcantistas o gozando con las melodías francesas, pero despreciar totalmente la producción operística en español es injusto.

Una perfecta oportunidad para disfrutar una pequeña parte del acervo lírico mexicano-español es asistir a partir de hoy a las funciones que dará la Compañía Nacional de Ópera en el Palacio de Bellas Artes, presentando dos títulos: La Mulata de Córdoba de José Pablo Moncayo (si, el mismo compositor del célebre “Huapango”) y La Vida Breve de Manuel de Falla.

La Mulata de Córdoba y La Vida Breve en Bellas Artes

La Mulata de Córdoba, estrenada en México en 1948 con la gran Oralia Domínguez en el papel principal, se basa en la antigua leyenda colonial homónima. Soledad es una mulata que además de poseer belleza, tiene otros dones poco comunes que le serán útiles para sortear los problemas que se cuentan en esta brevísima ópera.

La Vida Breve, estrenada en 1913 en Niza en una adaptación al idioma francés, se estrenaría tal cual un año después en Madrid. La historia, basada en un poema de Carlos Fernández Shaw quién a su vez realizó el libreto de ésta obra, relata el infortunio amoroso que sufre la gitana Soledad a manos de un mal hombre llamado Paco.

El estreno de este programa tendrá lugar hoy 13 de Febrero, las funciones subsecuentes son Martes 15, Domingo 20 y Martes 22 de Febrero. El elenco es como sigue:

La Mulata de Córdoba

Grace Echauri, mezzosoprano: Soledad
Gerardo Reynoso tenor: Anselmo
Enrique Ángeles, barítono: Aurelio
Arturo López Castillo, bajo: Inquisidor
Francisco Javier Martínez: Enamorado

La Vida Breve

Violeta Dávalos, soprano: Salud
Dante Alcalá, tenor: Paco
Nieves Navarro, mezzosoprano: La abuela
Arturo López Castillo, bajo: El tío Salvador
Alejandro Coreño, tenor: Voz de vendedor-Voz lejana
Edgar Gutiérrez, tenor: Voz de la Fragua
Belinda González, soprano: Carmela
Octavio Pérez, barítono: Manuel
Lucía Salas, Elizabeth Mata y Belinda González: Tres vendedoras

Acompañados por el Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes, dirección musical de Ramón Tebar, regia (dirección escénica) de Horacio Almada, dirección del coro por Xavier Ribes y coreografía para La Vida Breve de Pilar Urreta.

Published in: on febrero 14, 2011 at 3:54 am  Dejar un comentario