Y en un año, son 200…

Sí. Falta solo un año para celebrar el bicentenario de Wilhelm Richard Wagner, o Richard Wagner, considerado como uno de los más prominentes compositores de ópera.

Desde esta mañana, he estado escuchando Wagner (sí, solo Wagner). Comencé escuchando una grabación de Tristan und Isolde con Jon Vickers y Helga Dernesch dirigidos por el gran Herbert von Karajan. Después, me he puesto a escuchar diversos extractos de su obra operística que mantengo en mi iPod y que me hicieron viajar en medio del mar de gente que inunda nuestra caótica ciudad. Conductores como Erich Kleiber, Karl Böhm, Georg Solti, Herbert von Karajan, Clemens Krauss, dirigiendo voces como la de Birgit Nilsson, Wolfgang Windgassen, Kirsten Flagstad, Gwyneth Jones, Lauritz Melchior, Waltraud Meier, René Pape, etc.

No soy un acérrimo wagneriano, y no conozco toda su obra (pero ya estoy resolviendo eso), hasta confieso (yo y mis confesiones) que le tenía miedo (gran error el mío). Aún con eso, les dejo a manera de Top 5 de esos momentos wagnerianos que más me hacen vibrar (por ahora).

5. O du mein holden Abendstern de Tannhäuser

Una de las más bellas arias compuestas por Wagner, perteneciente a su ópera Tannhäuser. Este título aún conservaba la influencia romántica propia de la época, aunque ya se notaba el particular sello del alemán. Bellísimo fragmento.

4. Preludio al acto I de Parsifal.

Parsifal fue la segunda ópera que conocí de Wagner. Denominado por el mismo compositor como un “Festival Sacro-Dramático”, Parsifal trata de la leyenda del Santo Grial. No es de extrañar entonces que la partitura esté plagada de efectos místicos y grandes escenas. Los coros es una de las cosas que no deben pasarse por desapercibido.

3. Notung! Notung! Neidliches Schwert! de Siegfried.

La tercera jornada de la tetralogía del Anillo del Nibelungo atesora un momento que a me emociona tanto: la escena de la forja. Siegfried reconstruye a Notung, la espada que fuera de su padre Siegmund. ¡Me encanta!

2. La cabalgata de las valquirias de Die Walküre.

Quizá la música más poderosa que hasta el momento he escuchado. Y es que yo creo que debe ser una verdadera experiencia escuchar a una orquesta en vivo interpretar esto. ¿Se imaginan? Frecuentemente relacionada con la película Apocalypse Now de Coppola. Alguna vez cometí la locura de poner esto y subirle todo el volumen al iPod. Seguramente le provoqué un daño irreversible a mis oídos, pero no me arrepiento. ¡Gloria!

1. Liebestod de Tristan und Isolde.

Y este es (para mí) el momento cumbre de la música wagneriana. La “Muerte de Amor” que Isolda canta al final de éste título. Indescriptible lo que esto genera en mí. Quizá la responsable de que esto sea así sea la voz de la sueca Birgit Nilsson. Casi orgiástico.

Gracias Richard Wagner, por dejarnos páginas tan bellas, por hacernos vibrar (a los wagnerianos y a lo que no, también). Nos vemos el año que viene, para festejar tus 200.

Published in: on mayo 22, 2012 at 10:27 pm  Comments (4)  

Yo confieso… (Parte 1)

El pasado sábado, una persona me hizo la siguiente pregunta: “Y dime, ¿cuántos discos tienes tú?”. No supe qué contestar, así que intenté acotar: “¿Discos de qué tipo? ¿De ópera y música clásica?”. “Sí” me contestaron. Silencio sepulcral. En realidad, nunca me he dado a la tarea de contar cuántos discos he comprado desde que escucho ópera. Haciendo cálculos y a “ojo de buen cubero” respondí: “Pues yo creo que como unos 70, más o menos”. Fue el fin del tópico, más no de la conversación, que siguió en otros temas.

De regreso a casa, me volví a preguntar lo mismo, ¿cuántos discos tengo ya desde hace (aproximadamente) dos años?

Ya en mi habitación, me di a la tarea de contar todos y cada uno de ellos. Sabía que no podrían ser menos de 70 como había dicho, pero tampoco pensé que fueran muchos más. 84. Y eso solo contando las cajas, ya que algunos son discos dobles y box sets. “¡Aylavirgen! ¿Tantos discos he comprado?”  Pero ¡oh, sorpresa!, había solo contado los recitales y compilaciones. Había olvidado juntar las grabaciones de óperas completas que poseo. 25. No lo podía creer.

Mi asombro era enorme. Inmediatamente me embargo un sentimiento de culpa. ¿Crisis? ¿Cuál crisis? Y aunque intentaba aminorar mi culpa recordando que algunos los había conseguido a un precio de ganga y algunos otros los había recibido como un regalo de algunas amistades (no más de 10 de ellos), mi sentimiento mezcla de sorpresa y culpa seguía ahí.

“Creo que tengo problemas”. Concluí mientras contemplaba mi “pequeña colección” (porque finalmente, lo es).

Hoy es uno de esos días en los que tengo ganas de sincerarme. No es que me cueste hacerlo, lo cierto es que no acostumbro hacerlo ante mucha gente, y mucho menos ante ojos anónimos (otros no tanto) que lean esto. Pero hoy he decidido hacerlo.

Tampoco se trata de algo terriblemente punible, quizá es hasta superfluo e intrascendente, pero he decidido compartirlo con ustedes, quizá algunos pasen por la misma situación.

Sí, confieso que aún compro discos en físico. Sí, voy a la tienda, llevo mi dinero y me estoy dentro mínimamente una media hora (a veces menos) eligiendo mi compra. Y es que es algo superior a mis fuerzas. O por el momento sí.

Tiempo atrás decidí comenzar mi propia discoteca, un acervo operístico donde figuraran las grabaciones de ópera, recitales en solitario y alguna que otra excepción que entrara dentro de mis gustos.

Si alguno de ustedes ha leído este blog, recordará que mi primer disco referente a la ópera y música clásica fue un boxset de tres discos con arias cantadas por La Divina. Después de haberlo devorado (no literalmente), tuve hambre de más, así que comencé a comprar algunos más, sobre todo de los mediáticos. Así, me hice del disco de (¡qué difícil es confesar!) Duets que grabaron la Netrebko y Villazón cuando aún eran la tan famosa y ya choteada Das Traumpaar. A ese le siguió uno de arias puccinianas grabado por Angela Gheorghiu, siguiendo mi enamoramiento del meloso Puccini. Y así fue que empecé.

¡Pero por favor, déjenme contarles como compré mi primera ópera! Los precios tan altos a los que se venden me habían impedido comprar una, y con sólo pensarlo sentía que cometía un acto pecaminoso. Un simple mortal como yo, estudiante (en aquel entonces),  no podría jamás comprar una de esas lujosísimas ediciones de la Decca y la DG tenían en el mercado, con un librillo que incluye el libreto y comentarios relativos al título en cuestión,  y lo único que podía hacer con ellas era solo tocarlas en el aparador. Triste y patética historia la mía.

Generalmente los lanzamientos nos llegan uno o dos meses con retraso, trátese de una nueva grabación, re-edición o serie de colección. Un día, sin tener mucho que hacer, me metí a una tienda de discos y mientras revisaba los nuevos lanzamientos, encontré un box set con una portada amarillenta. La Bohème con Freni y Gedda. Atrás de ese box, había otros similares: La Tosca con Callas y Di Stefano, Aìda con Caballé y Domingo, Tristan und Isolde con Stemme y Domingo y otras más. ¿El precio? Accesible, comparando con otras ediciones. La EMI había anunciado por internet una nueva serie de re-ediciones de títulos de su vasto catálogo de grabaciones (seguramente ya las han visto y saben a cuales me refiero), algunas de ellas verdaderamente interesantes. A mi ya se me había olvidado, pero cuando vi las cajas lo recordé. No pude resistirme y después de mucho debatir conmigo mismo, terminé comprando la Aìda. Y así fue como adquirí mi primera grabación íntegra de ópera.

A esa Aìda le siguieron otras tantas. Actualmente mi pequeño discoteca tiene óperas de Bellini, Donizetti, Massenet, Mozart, Strauss, Verdi, Wagner, entre otros. Casi todas en re-ediciones, y alguna que otra edición de lujo, como Il Trovatore con Callas y Di Stefano o Thaïs con Fleming y Hampson.

Así es como he comenzado esta especie de fetiche coleccionista. Y es que para mí, no existe la misma emoción de comprar un CD en físico que comprarlo y descargarlo por internet. No tengo nada en contra de hacerse de música de esa manera, yo mismo he adquirido algunas grabaciones así, pero generalmente se tratan de aquellas que no están disponibles en el mercado nacional (aún), como la Lucia di Lammermoor con Dessay y Beczala (¡oh sí!, pero es que soy fan de la Dessay) o los discos en estudio de Alexandrina Pendatchanska (ya va siendo hora de que la conozcan). Respeto a quienes sus hábitos de compra se limiten solo a descargas electrónicas, existen varias ventajas, como el precio (suele ser más barata la descarga que el disco físico) y el espacio (mientras la descarga puede estar tranquilamente en el gadget de tu preferencia, yo necesito un estante más grande para poner mis discos), pero al final de cuentas, para mí no es lo mismo.

Seguramente habrá algunos que están pensando en comprarse por vez primera un disco de música clásica, ópera o algún box set, o también quien esté pensando en seguir agrandando su pequeña o grande colección. ¡Qué bien! Pero si me permiten un consejo: Compren solo aquello que ya hayan escuchado. Actualmente hay muchas opciones donde pueden escuchar un pequeño preview de nuevas y viejas grabaciones, ya sea en su tienda digital o en la sucursal de su preferencia. También si lo que piensan comprar es por valor estético, profesional y hasta sentimental, pues adelante, háganse de él. Personalmente, yo compro lo que ya he escuchado y me ha gustado tanto, que no pienso en si comprarlo o no. Hasta tengo una lista en mi bloc de notas titulado “Discos y grabaciones a comprar”, aunque luego uno encuentra cada ganga que a veces no puedo respetar esa lista.

Ahora que si ustedes no tienen en que gastarse el dinero (lo dudo) y para ustedes gastar en discos en precios de más de cuatro cifras es una bicoca, compren todo lo que deseen.

Este gusto culposo también me ha dejado algunas cosas buenas, pero sobre todo aprender a comprar (y los efectos se reflejan en mi bolsillo). Mis primeras compras fueron casi como un arrebatamiento por haber encontrado tal o cual CD, pero con el tiempo ha disminuido. Recuerdo el día que compré un disco de Bejun Mehta. En una tienda estaba a un precio realmente alto. La voz de ese contratenor, el repertorio elegido (arias de Handel) y el acompañamiento musical (René Jacobs dirigiendo la Freigburg) me habían impulsado a hacerme de él, pero definitivamente no a ese precio. Decidí esperar. Tiempo después, entré a curiosear a una librería, sin nada en particular que comprar. Mientras revisaba el apartado de música clásica y ópera, encontré ese mismo disco, a un precio razonable. No lo dudé y me lo llevé.

También llega a suceder que muchos discos cuando recién son sacados a la venta, tienen precios altos. Pero con el tiempo, precisamente como esos discos son muy caros y mucha gente no está dispuesta a pagar por ellos, las mismas tiendas deciden ponerlos en “precio especial”. La espera no siempre es fácil, pero si pueden, hagan el intento. Su bolsillo se los agradecerá.

En todo caso, cada quién conoce las necesidades propias y cada uno sabe cómo se gasta el dinero.

Ante todo, quiero que quede claro que este post no lo he escrito en un afán de presunción y vanidad. Nada de eso. Inicié como un acto de sinceridad al admitir que soy de la “escuela antigua” que todavía se toma la molestia de ir a una sucursal de tienda de discos y resolver el dilema de “¿Cuál me llevo?”; y terminé hasta compartiendo un par de consejos para comprar y resolver la pregunta de “¿Para cuál me alcanza?”.

Seguramente no faltará el que piense “Pobre de este tipo, ahí anda decidiendo para cuál le alcanza” o “Cuando se trata de arte, hablar de dinero es una frivolidad”. Recuerden señores, la situación económica actual está muy difícil y como dicen las abuelitas, guardianas de la sabiduría popular, el horno no está para boyos. También es importante recordar que no todo lo que se comercia (en este ambiente) es arte.

Después de haber escrito esto, aún puedo determinar si tengo problemas con mi fetichismo. Sin embargo, creo que sabiéndose administrar, hay oportunidad para todo, aún para permitirse ciertos caprichitos a los cuales uno termina sucumbiendo en un mundo bombardeado por opciones y también por mercadotecnia.

Por mi parte, yo ya estoy deliberando que comprar primero. Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra.

Published in: on mayo 21, 2012 at 2:04 pm  Comments (9)  

Duetos de ocasión romántica

El clima frío de hoy no impedirá que miles de personas se demuestren su afecto/amor. Es más, servirá de pretexto a muchos para andar pegados como muéganos para mínimo darse calor corporal.

Yo suelo tomarme como una persona que no demuestra demasiado sus sentimientos, que no anda enamorándose a cada cinco minutos, muy seco pues. Sin embargo, admito que con todo eso soy un poco cursi y hay cosas que me conmueven demasiado. Una de esas cosas son los duetos de amor en la ópera.

Existen miles de duetos en el género lírico. La mayoría tratan de amor, algunos otros no. Casi siempre son entre soprano-tenor al ser las tesituras elegidas para los roles protagonistas, aunque los hay también entre mezzo-tenor, barítono-soprano, contralto-soprano, etc.

Muchos de ustedes conocen duetos operísticos y seguramente tendrán sus favoritos como yo. Así que hoy, he decidido preparar una pequeña muestra de los duetos que más me conmueven. Los hay para distintas ocasiones: despedidas, seducción, amor a primera vista, abandonados, etc. Así pues, les dejo con ellos.

L’incoronazione di Poppea – Pur ti miro, pur ti godo

¿A poco no es bonito? Conocido como el primer dueto de amor en una ópera, se suele decir que no es de la autoría del mismo Monteverdi y que fue agregado por Benedetto Ferrari en representaciones subsecuentes a su estreno. Después de muchas intrigas, Poppea se corona emperatriz de Roma y mujer de Nerón, triunfando el amor (lascivo, creo yo), sobre la virtud. Personalmente, a mi me parece uno de los duetos más cachondos en toda el género lírico.

Yo soy tuya…
Tuyo soy yo…
Esperanza mía, dilo,
tú eres mi ídolo,
sí, bien mío,
sí, corazón, vida mía, sí.

Ariodante – Bramo de aver mille vite

Cursi, o más bien, un dueto coqueto. Siguiendo la moda de las opere serie que eran la moda por aquel entonces, Handel termina su ópera con un dueto entre los dos amantes, el caballero Ariodante y la princesa Ginevra, también después muchas intrigas, finalizando con el coro feliz donde todo era felicidad (inverosímilmente). Me encanta este dueto.

Quisiera tener mil vidas
quisiera tener mil corazones
Para consagrarlas a ti

Don Giovanni – Là ci darem la mano

El tan mentado dueto entre el descarado y libertino Don Giovanni y la “inocente” pastora Zerlina, poco antes de las bodas de esta última siempre me da mucho morbo. Y es que eso que dice él “¡Ándale vamos, no’mas tantito!” y ella tan inocente con un “¡Ay no! ¡Quita! ¡Estate sosiego!” que yo no me creo, me parece tan seductor y a la vez tan en doble sentido para mi gusto. Aún así, no deja de gustarme y producirme morbo. Ese Lorencito, tan picarón con sus libretos

Allí nos daremos la mano,
allí me dirás que sí.
Mira, no está lejos;
partamos, mi bien, de aquí.

Lucia di Lammermoor – Sulla tomba che rinserra… Verrano a te

Este es el único momento en que vemos a una Lucia cándida y amorosa frente a su querido Edgardo, porque de ahí en adelante la vemos angustiada o loca. Antes de que se desate la tormenta entre sus amores, Lucia y Edgardo se juran fidelidad eterna ante el cielo, aunque de poco les serviría porque según esto, sus votos no serían válidos porque no están bendecidos (qué oportuno). Al final, la chica pierde la razón y él se suicida. Qué cosa tan trágica.

Llegarán hasta ti con la brisa
mis ardientes suspiros,
en las olas del mar oirás
el eco de mis lamentos.
Pensando que yo me alimento
de gemidos y de dolor,
deja que una amarga lágrima
humedezca esta prenda.

 Manon – “Toi! Vous!”/”Oui, c’est moi”…  N’est-ce plus ma main

El “pégame, pero no me dejes”. Ideal para rogar. La interesada Manon dejó al pobre caballero Des Grieux y ahora que él se ha vuelto el predicador del lugar, ella vuelve a interesarse. Esta situación me deja dos cosas en que pensar: 1) Por mal que te portes, siempre tendrás a tu menso enamorado que te perdone y 2) Manon tenía atracción por pervertir a santos varones. Qué escondido se lo tenía la muchacha.

¡Sí! ¡Fui cruel y culpable!
¡Pero acordaros de la intensidad de nuestro amor!
¡Ah! En esa mirada que me abruma
¿leeré mi perdón algún día?

Tristan und Isolde – O sink hernieder Nacht der Liebe

Esto es una cosa tremenda. Siempre he pensado en Tristan und Isolda como un acto sexual (de tres horas). Mientras el primer acto me parece un preludio de seducción y el tercer acto la culminación con orgasmo incluido (representado por el Liebestod), el segundo acto lo veo como la parte más importante del acto. Y es que no hace falta más que escuchar este dueto donde Tristan se reúne con Isolda a escondidas del incómodo Rey Märke, jurándose amor de una manera romántica, pero sin cursilería barata.

Así moriríamos
para estar más unidos,
ligados eternamente,
sin fin,
sin despertar,
sin angustias,
sin nombre,
aprisionados por el amor,
entregados el uno al otro,
¡para sólo vivir por el amor!

Madama Butterfly – Bimba dagli occhi neri… Vogliatemi bene

Y es que con éste simplemente no puedo. No. Me emociono siempre que lo escucho, desde la primera nota. La delicada geisha Cio-Cio-San se ha desposado con el lujurioso y despiadado Pinkerton; ella se le entrega, sin sospechar que solo representa para él una más de sus fantasías sexuales. Posteriormente, ella se suicida, entregándole ese hijo fruto de su amor (el de la geisha, no el de él) para recuperar su honor. Sentimentaloides abstenerse.

¡Ah! ¡Cuántos ojos fijos, atentos,
desde todos lados mirándome!
¡En el firmamento, allá lejos,
en las playas, en el mar!
¡Cuántas miradas! El cielo sonríe.
¡Ah, dulce noche!
Todo está lleno de amor.
¡El cielo sonríe!

Andrea Chénier – Vicino a te

Qué cosa tan más triste. Después de sortear muchos problemas, Maddalena di Coigny y el poeta Andrea Chénier al fin están juntos, solo para ir al suplicio uno al lado del otro. El verismo siempre desborda pasión por cada nota (a veces muy edulcorada), pero siempre efectiva para emocionar y éste dueto no es la excepción. Además, qué sexy que Franco Corelli cante esto…

¡Junto a ti se apacigua
mi alma intranquila;
eres la meta de cada deseo,
de cada sueño, de cada poema!
¡En tu mirar veo
la iridiscencia
de los espacios infinitos.
Te miro;
¡en el verde manantial
de tu profunda pupila
vago con mi alma!

Der Rosenkaviler – Mir ist die Ehre winderfahren

A mi parecer, el dueto de amor con la música más bella jamás escrita. Si no me creen, escúchenlo, creo que Strauss no volvió a escribir algo tan bello como esto y el trío final (de voces) al final de esta misma ópera. Oktavian se presenta en casa de la burguesa Sophie para entregar la rosa de plata, como dictan las costumbres vienesas, que es el símbolo del compromiso que está por contraer con el fantoche del viejo Barón Ochs. Sin embargo, Sophie y Oktavian se enamoran, y como no, los dos son guapos, bellos y deseosos, lo que hace que Marie Therese (la mariscala) pase a segundo término en el corazón de Oktavian. Bellísimo desde que inicia hasta que acaba.

Era un jovenzuelo
que ni siquiera la conocía.
Pero, ¿quién soy?
¿Cómo podría estar junto a ella?
¿Cómo podría traerla junto a mí?
Si no fuera un hombre
los sentidos me abandonarían.
Este instante de felicidad
no lo podré olvidar mientras viva.

Luisa Fernanda – De mi tierra extremeña

Porque en el género chico también hay cosas muy románticas. La zarzuela en si siempre se me ha antojado muy pícara y apasionada, y este dueto es prueba de ello. Luisa Fernanda desdeña a Vidal porque su corazón ya pertenece a otro, y a pesar de los intentos del joven, termina por darse cuenta que la dama no soltará prenda alguna. Pobre Vidal.

Los hombres de mi tierra, cuando quieren,
no pierden la esperanza de triunfar.
Montaraza de mis montes,
amapola de mis trigos,
relicario de mis sueños,
manantial de mi cariño…
No se duelen mis amores
del desdén con que los tratas
¡Para un río de desdenes,
tengo un puente de esperanzas!

Como vieron, hay duetos de amor para toda la ocasión. Así que si les apetece, pueden dedicar uno a esa persona especial el día de hoy, ahora que si no quieren caer en el cliché, dediquen uno cada día. También les deseo un bonito y consumista día hoy, 14 de febrero.

Por cierto, ¿cuáles son sus duetos preferidos?

Published in: on febrero 15, 2012 at 2:36 am  Comments (1)  

Soundtrack para un día lluvioso

¿No les gusta este clima frío y con lluvía? A mi sí, mucho (bueno, en determinadas circunstancias). No sé si tenga que ver con mi carácter voluble o con mi odio irracional hacia los climas calurosos y húmedos. De cualquier manera, días así se antojan para quedarse en casa viendo películas o salir muy bien abrigado a tomar un buen café. Yo optaría por quedarme en casa, disfrutar un buen café y leer o escuchar algo de música.

Como todos ustedes, yo también tengo mi música favorita (supongo) y esta varía dependiendo de diversos factores: mi estado de ánimo, el clima, hora del día, etc. Personalmente, este clima siempre me sugiere un mood melancólico, calmado, sin sobresaltos, un tanto depresivo quizá. Entonces, aderezo un día como el de ayer (el de hoy, y por lo que se ve, el de mañana) con un poco de música rusa y eslava.

Será una fijación mía, pero la música clásica y la lírica compuesta por compositores de dichas latitudes se me antojan para acompañar musicalizar días como estos. Selecciono en mi reproductor de música, aquellas arias o piezas que más me gustan de Tchaikovsky, Rachmaninov, Rimsky-Korsakov, Dvòrak y Smétana, entre otros  y suenan en mis oídos casi todo el día.

Más que música orquestal, escucho arias y canciones. Y son Galina Vishnevskaya, Boris Christoff , Dmitri Hvorotovsky y hasta Anna Netrebko quienes ponen voz a tan bellas melodías. A continuación, les comparto algo de lo que escucho en días así.

Estas dos me transmiten una melancolía infinita:

Galina Vishnevskaya – Escena de locura de Marfa de “La Novia del Zar” de Rimsky-Korsakov

Piotr Beczala – Kuda, kuda vy udalilis (Aria de Lensky) de Eugenio Oneguin de Tchaikovsky

Galina Vishnevskaya – Never sing to me again de Rachmaninov

Esto es lo más romántico que he escuchado en lengua rusa:

Dmitri Hvorotvsky – Ya vas lyulyub de “La Dama de Picas de Tchaikovsky

Anna Netrebko – Zdes’ khorosho (How beautiful is here) de Rachmaninov

Irina Arkhipova – Da chas nastal de “La muchacha de Orleáns” de Tchaikovsky

Antonina Nezhdanova – The Nightingale and the Rose de Rimsky-Korsakov (bellísimo romance oriental)

Magdalena Kozena – Songs my mother taught me de Dvòrak (la prefiero con acompañamiento de piano)

Y finalmente, algo alegre:

Nicolai Ghiaurov – The Song of Drunken People de Khrennikov

Y a ustedes, ¿qué les gusta escuchar en estos días?

Published in: on febrero 12, 2012 at 12:39 pm  Comments (2)  

Mitos (estúpidos) y realidades de la ópera…

Muchas veces me ha ocurrido (quiero creer que no soy el único) que cuando la gente se entera de que me gusta la ópera, me salen con frases de éste tipo (cuando atinan a decir algo):

– ¿Ópera? ¿En serio? ¿Eso debe ser aburrido, no?
– ¿O sea que a ti te gusta ver a las gordas con trenzas rubias y cuernotes?
– A mi me aburre eso porque no le entiendo.
– ¿A tu edad oyendo esas cosas?
– Qué interesante. A mí también me gusta la ópera. Me gusta mucho una que dice O mio bambino o algo así.
– ¡Ay qué padre! A mí también me gusta como canta la Sara Brigman y el cieguito, Andrea Bocheli
– Yo solo conozco al Pavaroti y a Plácido Domingo.

Ante tales frases, y dependiendo de la persona y las circunstancias, trato o de contener la risa (o el enojo) que dichas oraciones me causan o prefiero cambiar el tema de manera educada.

Soprano Wagneriana

En esta ocasión, me gustaría desmentir estos mitos o ideas equivocadas que genera la palabra “Ópera” (al menos en los casos que me ha tocado escuchar). O más bien, sería lo que me gustaría haber respondido a las personas que me dijeron frases como las anteriores.

+ ¿Ópera? ¿En serio? ¿Eso debe ser aburrido, no?

Si, es en serio, me gusta la ópera. Creo que soy muy novel aún (aunque en dos años he aprendido muchas cosas y jamás terminaré de aprender) en este asunto, sin embargo, cada día aprendo y descubro o una obra, o un compositor, o un cantante, o un término o una grabación. La ópera, sobre todo para los que estamos muy verdes, es un mundo muy basto de conocer y escuchar, prácticamente uno jamás podría cansarse de descubrir más y más tópicos referentes a esa palabra.

+ ¿O sea que a ti te gusta ver a las gordas con trenzas rubias y cuernotes?

Yo aún sigo preguntándome: ¿De dónde salió tan disparatada idea? ¿Quién pinto a los cantantes de ópera de tal manera? Por que digo, no todas son así. La masa corporal no tiene ninguna relación directa con la potencia, timbre u otras características vocales. Actualmente, y siguiendo con los estándares de la moda, se prefiere a los cantantes con una buena figura, a veces eso se impone a la calidad de sus voces a la hora de contratarlos para tal o cual título. Vaya, no todas salen vestidas de Brunhildë (por lo de los cuernotes y trenzas rubias). 

+ A mi me aburre eso porque no le entiendo.

Esto es entendible, pero no justificable. Es triste que la mayoría de las personas deba entender lo que se canta (ya sea ópera o canciones populares o de moda) para decidir si les gusta o no, sobre todo cuando la música puede ser tan descriptiva y provocar una emoción, o al menos una decisión si “gusta o no”. Desgraciadamente, el que la ópera se cante en idiomas como el italiano, francés, alemán, ruso, eslavo o inglés impide que mucha gente se atreva a ir a la ópera. Si ni con zarzuela.

 + ¿A tu edad oyendo esas cosas?

¿Y qué tiene de malo? Hoy en día existe una gran cantidad de gente joven que gusta del arte lírico. Prefiero escuchar las exuberancias barrocas de Händel, la delicadeza clasicista de Mozart, las contagiosas melodías verdianas o el lirismo wagneriano que lo que se hace hoy en día y que muchos tienen el atrevimiento de llamar música. No entraré en detalles de aquellas “corrientes musicales actuales” a las que me refiero, por qué luego la gente es muy susceptible con los gustos.

+ Qué interesante. A mí también me gusta la ópera. Me gusta mucho una que se llama O mio BAMBINO o algo así.

No, O mio babbino caro (que así se escribe) no es una ópera, es un aria. Un aria es un fragmento vocal cuya justificación es la de dar a conocer el pensamiento o discurso de un personaje dentro de la ópera, que es la historia que se desarrolla. Arias son “Voi che sapete”, “Un bel dì vedremo”, “Celeste Aìda”, etc. y óperas son “La Bohème”, “Manon”, “Rinaldo”, etc.

+ ¡Ay qué padre! A mí también me gusta como canta la Sara Brigman y el cieguito, Andrea Bocheli

Bueno, vamos por partes. Lo primero es que son Sarah Brightman y Andrea Bocelli. Lo segundo es que la gente en común tiende a pensar que son cantantes de ópera por que llevan el adjetivo “soprano” o “tenor” que su disquera, los medios de comunicación o ellos mismos quizá se han adjudicado, siendo que por se necesita más que ser soprano o tenor para poder cantar ópera como tal. Ambos artistas son estándartes de lo que se le llama “Classical Crossover”, que no, no es ópera.

No ahondo más en esto porque me gustaría desarrollar éste tema en otra entrada futura.

+ Yo solo conozco al Pavaroti y a Plácido Domingo.

 Es natural que la gente conozca más a Luciano Pavarotti (si, con doble t) y a Plácido Domingo, ya que han sido de los más expuestos en los medios, ya sea cantando en ruinas arqueológicas o a Miss Piggy de los Muppets, ambos han tenido una presencia importante en los medios. Pero de ahí a que sean los únicos tenores del mundo de la ópera, sería una vil mentira.

Contrario a lo que muchos piensan, la ópera es un tema de actualidad y muy vigente. Es un arte que lleva más de 400 años de existencia y que aún tiene más para dar. No se trata solo de una persona fornida dando gritos desesperantes en medio de un escenario mientras un señor agita un palo en un foso.

Y a ustedes, ¿les ha pasado algo similar?

Published in: on enero 5, 2011 at 12:52 pm  Comments (17)  

Todas (o casi) quieren ser Violetta

Hago un pequeño paréntesis en la serie de entradas de Tosca para hablar de un personaje controvertido y muy querido por muchos operopatas.

Desde las consagradas Ponselle, Albanese, Callas, Tebaldi, Sills, Freni hasta las actuales como Gheorghiu, Dessay, Netrebko o Harteros, todas (más bien, casi todas) aquellas cantantes que se precien de ser soprano han cantado el rol de Violetta Valèry, protagonista de la ópera La Traviata de Giuseppe Verdi. La pregunta aquí es: ¡¿PORQUÉ?! ¿Es por lo complicado y exigente que es cantar éste papel? ¿O por el contrario es muy sencilla? ¿Por que no mejor Turandot, Isolda o Abigaille? ¿Es que acaso Violetta es la heroína ideal que representa el arquetipo de mujer sacrificada con el que toda fémina se identifica? ¿O acaso es una experiencia satisfactoria sentirse una prostituta (perdón, cortesana, para no herir susceptibilidades) redimida? ¿Qué es lo que tiene Violeta Valèry que la vuelve una de las protagonistas más queridas e interpretadas? No lo sé. Sin embargo, es innegable que Violetta supone un papel de ensueño para cualquier cantante soprano (con obvias excepciones). Vamos por partes.

Vocalmente, es todo un reto para la cantante que se atreva a usar su voz para hacer Violetta. Debe poseer facilidad para la coloratura y todo lo que ello conlleva (trinos, saltos, gorjeos, etc) pero a su vez la voz debe poseer cierto peso y anchura vocal (sin llegar a ser una Brunhilde). Desde luego que éste cambio abrupto no es de gratis, la misma historia lo pide.

Psicológicamente también supone todo un desafio. Durante el primer acto, Violetta se presenta como una elegante prostituta (perdón de nuevo, cortesana) alegre, graciosa, lujosa y coqueta aunque con un vacío emocional enorme que solo puede llenar mediante una vida de excesos (cualquier parecido con la realidad urbana es mera coincidencia). Conforme avanza la trama va formándose un delicioso cuadro dramático en el que está inmersa nuestra protagonista que la hacen madurar y en donde figuran el autosacrificio mediante el engaño, el desprecio de su amante, el abandono de sus otrora amigos y desde luego, el poquísimo tiempo de vida con la que cuenta (desde luego, alguien debe de morir para que todo sea perfecto).

Si combinamos las cuestiones antes presentadas, es posible concluir que la Violetta Valèry no es un papel fácil. Pocas han sido las que han logrado triunfar en el rol; la primera que se me viene a la mente (por obvias razones) es La Divina, su innata musicalidad e histrionismo, aunado a sus cualidades vocales, nos legó diversas grabaciones (y una grabación pirata en video en Lisboa) donde es casi palpable su Violetta y que nos hacen añorar esos años gloriosos. Renata Tebaldi, quién generalmente abordó los roles verdianos tardíos como Elisabetta, Desdemona o Alice Ford, bordó una Violeta más que correcta, aunque lucía más en los actos II y III, similarmente hizo Freni algunos años después y aunque el acto I le suponía algunos problemas, abordó el rol (alentada por Karajan) que supó resolver valientemente, aunque ello le valiera las rechiflas del público milanés. Actualmente seguimos cantando con un buen número de cantantes que abordan el rol, descatable la de Angela Gheorghiu, quien lleva cantando el papel más de 10 años con gran soltura, aunque agregando algunos modos histéricos y veristas en pro de darle “credibilidad” al personaje. Desde luego me faltan muchas por mencionar, pero tendría que escribir al menos cinco entradas y eso ahorita, no me apetece.

¿Qué tiene Violetta que todas quieren cantarla? Sigo sin saberlo. Quizá al final de todo, parafraseando a una dama burguesa que asistió a las primeras presentaciones de este título “solo se trate de una simple prostituta”. Pero gracias a ese rol algunas han entrado al Olimpo operístico, pero otras solo han dado un simple (pero doloroso) traviatazo…

Published in: on agosto 4, 2010 at 10:25 am  Comments (3)  

El primer acercamiento a la ópera…

Recuerdo que la primera vez que yo tuve un acercamiento (muy lejano, por cierto) con la ópera, fue en aquel capítulo dónde Bugs Bunny (ese conejito tan simpático emblema de una casa de entretenimiento estadounidense tan importante que no mencionaré) hacía travesuras enfundándose en un disfraz de yelmo, falda corta, trenzas y un casco al pobre Elmer Gruñón. Sus ocurrencias eran ambientadas con una música poco usual en la típica “música incidental” con la que se musicalizaban los capítulos por lo general. Yo desconocía en realidad la trama que se encontraba detrás de todo ésto, pero me era muy divertido ver cómo el conejo gris se enfundaba en su disfraz y bajaba de un camastro situado en lo alto de una colina a lomo de un córcel (muy obeso, por cierto), como él y Elmer se cantaban entre sí y al final ver como éste últimco mandaba a su antojo rayos y centellas contra el pobre e indefenso conejo. Hace más de diez años de que ví éste epísodio y así fue mi primer contacto con la ópera.

También recuerdo que en cierta ocasión, será como unos dos años después de lo relatado anteriormente, cambiando de canal en la televisión con el control remoto de manera aleatoria por que no había nada bueno que ver, me fui a quedar embobado en algún canal que no recuerdo, a un señor maquillándose como payaso mientras cantaba a todo pulmón y hablaba algo de salir a dar la función mientras el corazón se le partía por dentro. Ese momento dónde pudé apreciar todo el dramatismo y la tragedia que vivía aquel payasito me duró un minuto, ya que encontré al canal siguiente una película que me gustaba. Tiempo después supé que se trataba de un tenor, un tal Plácido Domingo el que cantaba en ese video. Ese fue mi segundo contacto con la ópera.

Mi introducción hacia éste maravilloso universo lírico se fue dando tiempo después, por vías no precisamente convencionales, pero que me sirvieron para conocer y comenzar a abrirme paso en éste bello ambiente. No todos tuvimos la suerte de nacer y criarnos en un hogar influenciado por las melodías pegajosas de Rossini o en el lirismo wagneriano o de apreciar videos con las super puestas con grandes estrellas del pasado. De alguna manera, todos hemos llegado a éste fascinante universo y lo importante es que podemos no solo disfrutarlo, con composiciones maravillosas ideadas por grande músicos interpretadas aún hasta nuestrod días, cantadas por grandes intérpretes canoros de los cuales hay crónicas (de los más antiguos) y afortunadamente registros en algunos casos (sobre todo con los cantantes del s. XX), sino que también podemos apreciarlo, maravillarnos y seguir aprendiendo de él (o es que acaso soy muy novato aún?)

¿Y el tuyo? ¿Cómo fue tu primer acercamiento a la ópera? ¿Cómo fue que te integraste a éste universo?

Published in: on julio 11, 2010 at 10:19 am  Comments (1)