Victoria de los Angeles como Cio Cio San

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Published in: on junio 14, 2012 at 7:23 pm  Dejar un comentario  
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Ghena Dimitrova como Abigaille

Published in: on junio 4, 2012 at 2:12 pm  Dejar un comentario  

Magda Olivero como Adriana Lecouvreur

Y es que colocar esta foto en este blog no obedece a la casualidad, sino porque hoy la diva italiana cumple la edad de 102 años.  Toda una vida consagrada al canto, al arte. ¿Cuántos recuerdos debe guardar la gran Magda Olivero? ¿Cuántas experiencias dignas de conocer una y otra vez? ¿Cuántos consejos para los cantantes que apenas comienzan o que ya tienen una carrera consolidada?

Tanti auguri, grandissima Magda Olivero

Published in: on marzo 25, 2012 at 1:31 pm  Dejar un comentario  

Traviticidio escénico en Bellas Artes

Y otra vez tocó ópera en Bellas Artes. Y desde luego, no podía faltar, mucho menos tratándose de una ópera tan importante y conocida: La Traviata de Verdi. Un título así asegura el lleno total del aforo del teatro en que se presente.

Personalmente, yo estaba muy entusiasmado, se trataba de la primera función completa totalmente escenificada a la que yo asistía. Por otra parte, no es necesario recordarles lo mucho que me gusta este título, ¿verdad? Además, se había anunciado que se estrenaría con una producción totalmente nueva. No pues qué padre.

Tomé un programa de mano y me puse al corriente con el reparto completo y el equipo creativo responsable para la función del domingo. Este era: 

Violeta Valery – Leticia de Altamirano
Alfredo Germont – Arturo Chacón
Giorgio Germont – Luis Ledesma
Flora Bervoix – Margarita Botello
Gastone – Ramón Yamil
Dottore Grenvil – Alejandro López
Il Barone Douphol – Octavio Pérez
Annina – Elizabeth Mata

Orquesta y Coro del Palacio de Bellas Artes

Director Concertador – Denis Vlasenko
Puesta en escena – David Attie
Diseño de escenografía e iluminación – Jesús Hernández
Director del Coro – Xavier Ribes
Diseño de Vestuario – Sara Salomón
Coreografía – Jessica Sandova
Producción ejecutiva – Martha Chávez

Fue un gusto encontrarme con el estimado Mauricio Laguardia dentro del teatro. Mientras daban las 5 pm para el inicio de la función, platicábamos de grabaciones varias y funciones pasadas de la CON. Entre plática y más, el tiempo pasa volando. Para cuando me percaté – y eso porque el público empezaba a silbar y aplaudir como si estuviéramos en un palenque –  ya eran 5:10 pm. El aforo de la Sala Principal de Bellas Artes estaba casi lleno. No pasaron más de cinco minutos cuando la función daba inicio. Estos son mis comentarios.

Antes, debo admitir que me enfrento a un problema: ¿Cómo debo comenzar? ¿De lo más a lo menos? ¿De la música a lo visual? ¡Qué cosa tan problemática!… Creo que me basaré en el segundo criterio.

Comenzaré por los cantantes, las damas primero. A Leticia de Altamirano ya la tenemos algo escuchada gracias a la proyección que alcanzó en el reality “Ópera Prima” que pretendía descubrirnos a las nuevas mejores voces líricas del país, y Leticia fue finalista en dicho certamen. Timbre agradable y voz bonita era todo lo que yo conocía de ella. Esta fue la primera vez que pude apreciarla como debe ser – en teatro y sin micro – y bueno, mis impresiones sobre ella siguen siendo las mismas: Tiene un timbre agradable y bonita voz, bien proyectada, una lírica completa. Durante el primer y parte del segundo acto se le nota cómoda, luce segura y hasta metió variaciones propias en la cabaletta de su escena final del primer acto, coronándola con un sobreagudo que le valió los aplausos y bravos del respetable. Pero a partir de la mitad del segundo acto hasta el final de la función, pudieron notarse algunas deficiencias, principalmente la ausencia de graves y fiato algo limitado. Aún con esto, afronta el papel muy lucidamente y lo lleva a su terreno. Físicamente luce muy bella. Confieso que no iba con altas expectativas respecto a ella, pero le he aplaudido con gusto al final de la función.

Quien realmente se merece mi más efusiva admiración es el tenor Arturo Chacón como Alfredo Germont. No le había escuchado anteriormente y ha sido para mí un gusto escucharle en un papel tan malagradecido y a veces tan olvidado en importancia como lo es Alfredo. Y es que Chacón conoce tan bien el personaje que hace lo que quiere con él, eso sí, con mucho gusto y elegancia. Ni gritos ni desafinaciones gracias a su buena técnica. Un timbre bello y cálido y que corre también por todo el teatro, excelentes dicción y fraseo. Son pocos los tenores que realmente me convencen como Alfredo (de momento, se me vienen a la mente Bergonzi, Gedda y Kraus), creo que agregaré a mi lista el nombre de Arturo Chacón. ¡Bravo!

A Luis Ledesma tampoco le había escuchado anteriormente, o no que yo recuerde. Más que barítono, su voz me sonó de bajo-barítono, graves rotundos y un centro estable, pero con agudos algo entubados. Buena técnica vocal. Actualmente se adolece por la falta de buenos barítonos de nobleza para roles verdianos. Me gustaría escucharlo en otra cosa más que en Verdi.

Del resto del reparto, bien. Excelente labor del coro, con todo y que entró tarde en el Godiam, godiam del primer acto, que fue muy notorio.

Del director no tengo gran cosa que decir. Se paró y dirigió. Si bien parecía que estaba en piloto automático, de repente se excedía con el volumen de la orquesta, casi tapando a la terna principal donde el respetable sabía que decía algo porque movían la boca y el subtitulaje lo decía, nada más por eso.

Paso ahora al trabajo del equipo creativo de esta puesta de Traviata. Me parece que fue un trabajo tan conceptual y tan dirigido a cierto público que yo no entendí y al final, terminó por fastidiarme.

Vamos a la parte que menos me gustó –¿ o que no entendí? –: la parte visual. No creí encontrar algo tan sin chiste como escenografía para una Traviata después de la mentada puesta con el enorme reloj, producción del Festival de Salzburgo y que hicieran conocida Anna Netrebko y Rolando Villazón, una puesta muy vista y muy fea. Pues bueno, ayer vi otra también muy fea. Existía un marco de luz tipo neón – corríjanme si es necesario – alrededor del proscenio, tipo la Carabina de Ambrosio – pensé que en cualquier momento podrían salir Beto el Boticario, El Simpatías, Gina Montes y compañía – lo cual ya estaba feo y limitaba el espacio. La escenografía, simple y sin chiste. Unas estructuras, unas escaleras dobles, unas tablas que hacían de paredes que bajaban y subían y unas sillas. Y ya. Eso fue toda la escenografía. Con eso representaban la opulencia de la casa de Violeta y Flora, eso mismo sirvió para hacer una casa de campo y el cuartucho miserable al final – aquí sí quedó bien –. La iluminación tampoco ayudó. 

No sé si era una producción para un público muy ecléctico y entendido que por eso los ignorantes y desinformados como yo no supimos entender  y menos apreciar. O si es que yo tengo tan mal gusto que hubiera preferido una producción de cartón y piedra como las que suelen ponernos en Bellas Artes en cuanto a ópera se refiere en lugar de una cosa tan abstracta.

Explico. El primer acto iniciaba con un pre-preludio a piano con las notas de Addio del passato, Violetta-Leticia caminaba hacia el centro contemplando uno piano suspendido por una cuerda – jamás entendí ese elemento –  para después proseguir con el preludio orquestal. Al finalizar este comienza la fiesta… O el delirio.

El color rojo presente en todo el primer acto me hace pensar más en un burdel de mala muerte que en la rica casa de Violeta. Unas sillas rojas por todo mobiliario. Mi pobre Violeta, antes de su muerte ya vivía en la miseria.

En el segundo acto, nos enteramos que ella y Alfredo-Arturo viven en una casa de campo. Pero nos enteramos por que así dice el programa de mano o porque ya conocemos la historia. La casa igual de sombría que un cuento de Edgar Allan Poe con un árbol al fondo y más sillas – esta vez de color azul – por todo mobiliario. Y luego, durante la confrontación entre Violeta y papá Germont-Luis, ¡se abre un abismo en el suelo más claro que toda la casa! De acuerdo al estimado Mauricio Laguardia, esto parecía un homenaje al filme “Pulp Fiction” de Quentin Tarantino, donde sucede una escena similar. Qué bueno que me explicó eso, pero aún así sigo sin entender que significa eso o que relevancia tenía. Tendré que ver esa película

Para el tercer acto, Violeta y Flora tenían al mismo diseñador de interiores y tenían el mismo guía de feng-shui, aunque estaba orientada de otra manera ya que le entraba más luz. Seguro a Flora le iba peor que a Violeta, porque ni para una mesa tenía para que sus invitados jugaran a las cartas y había que imaginárselo, pero eso sí, tenía muchas sillas.

Pero para el último acto, casi les entendí todo. Les creí que Violeta vivía en la miseria más vergonzosa, tan es así que ni una simple cama tenía y la pobre tenía que reposar ¡en sillas!, esta vez blancas. Un cuarto oscuro y desnudo. Hasta aquí sí entendí – ¿o le atinaron? –. Pero, de nuevo ese piano suspendido… ¿Cómo para qué?

No señores, no le entendí al trabajo de Jesús Hernández.

Añadamos el cuerpo de baile de unas gitanas (tres bailarinas) con complejo de bailarinas de cancán de cuarta categoría enseñando unas bragas rojas y un matador con el torso desnudo. Yo no me espanto de tales elementos, pero enseñar por enseñar no va. Además de una coreografía… ¿Inexistente? ¿Fea? ¿O de nuevo muy conceptual y ecléctica para el simple público? No, lo siento, tampoco entendí el trabajo de la coreógrafa Jessica Sandoval

La dirección escénica de David Attie tampoco me convenció mucho.

Hasta eso, el vestuario no me pareció tan malo. Al principio chocaba un poco en mi ver a los caballeros con trajes de doble tela. Uno podría pensar “¡Qué bárbaros! No les alcanzo el presupuesto porque se lo acabaron con las luces en el proscenio y tuvieron que agarrar de otros retazos de tela sobrante para que acabar los trajes” pero no, así estaban diseñados por Sara Salomón.

Les juro que no me fui a meter a un tugurio de mala muerte, lo que les cuento es la verdad. Si quieren buscar fotos de la producción, encontrarán algunas disponibles en la web – aunque se aprecia otra cosa en ellas – algunas de ellas pueden verlas en el siguiente enlace – las fotos no son mías –: http://prensaescenario.wordpress.com/2012/03/17/inba-regresa-a-palacio-de-bellas-artes-opera-la-traviata-de-verdi-2/

¿Incidentes? Pocos. Me enteré que en la función del jueves pasado parte del  público se quejó porque durante el tercer acto el subtitulaje falló y dejó de proyectarse. En la función de ayer, además del pequeño fallo del coro en el primer acto con ese Godiam!, a los cinco minutos fue evidente el desprendimiento de una de las tablas sujetadas por arneses que subían y bajaban. Tan evidente fue que el público murmuró y una señora se espantó.

Todo esto quedó demostrado en los bravos y silbidos al final de la función. Aplausos y bravos para los cantantes, el coro y un poco más modestos para el director de orquesta que jamás le bajó el volumen a la orquesta, tapando a los cantantes. Y sonoros silbidos y abucheos para el equipo “creativo” de esta producción, cuyo descontento fue notorio.

Decir que la Traviata de ayer fue un rotundo fracaso sería exagerado. Si hubo una Traviata de Verdi ayer fue gracias a los cantantes solistas y al coro que a mi entendimiento y juicio lo hicieron muy bien. Mención aparte me merece Arturo Chacón, a quién bravée y aplaudí con mucho entusiasmo. Pero por esa cosa que montaron como escenografía, ni silbar era bueno, al menos no para mí. Es desconcertante pasar de la genialidad de una puesta bien pensada como lo fue la anterior ópera montada en Bellas Artes (Muerte en Venecia) y de repente, que nos pongan esto. Yo pensé que no volvería ver algo tan feo y falto de interés como aquella Tosca – también montada en Bellas Artes – el año pasado.  Pero ¡oh, sorpresa! Si lo lograron. Y casi se superaron.

No estaba esperando una producción zeffirelliana. Ya sabía yo que no sucedería así. Pero al menos algo bien pensado, que fuera acorde al espíritu romántico de la ópera, un poco más colorido. Pero lo de hoy en día es la tecnología y el conceptualismo. La modelindá llego a la ópera – hace años – y también a Bellas Artes.

Les habría salido más barato si lo hubieran hecho en versión concierto. Y al menos, habría más presupuesto para las siguiente óperas que se supone también montaran el resto del año.

Palabras más, palabras menos, nos quedaron a deber.

Y bueno, para quitarles el mal sabor de boca a los asistentes y que estén leyendo esto, les dejo no una, sino dos grabaciones de Traviata.

La primera es una grabación transmitida en radio de una función del 2008 realizada en la Royal Opera House con un cast estelar que muchos amarán:

Violetta Valery – Anna Netrebko
Alfredo Germont- Jonas Kaufmann
Giogio Germont  – Dmitri Hvorostovsky

Orchestra and Chorus from the Royal Opera House, Covent Garden.
Dir.: Maurizio Benini 

Parte 1  Parte 2 Parte 3

Ya sabemos que muchas veces un reparto plagado de estrellas de la ópera no siempre funciona. Netrebko no es ni de lejos una gran Violetta – más bien la aterriza a sus dominios –, pero en escena convence y la gente le aplaude. Jonas Kaufmann hace un Alfredo muy entregado sin gritos histéricos, aunque con una italinianitá más que dudosa y la voz entubada en ciertas partes. Hvorostovsky conoce el rol y el estilo, pero lo prefiero más en otros roles verdianos. Aún así, la función se deja escuchar, también gracias al trabajo de Maurizio Benini.

La segunda, se trata de la grabación in-house de una función de este año en el Teatro Massimo di Palermo, Italia. Un reparto no del todo conocido, pero bien soportado por la primadonna:

 Violetta Valéry – Mariella Devia
Alfredo Germont – Stefan Pop
Giorgio Germont – Simone Piazzola

Orchestra e Coro del Teatro Massimo di Palermo
Dir.:  Carlo Rizzi

Parte 1  Parte 2  Parte 3

Si, posiblemente Devia ya esté un poco cascadita de la voz para cantar el juvenil rol, pero su prodigiosa técnica, su intención y sus tablas la avalan, lo cual la vuelve una Violeta muy aceptable, que aún puede y que haría temblar a muchas que se las dan de grandes divas. Completan la terna principal dos cantantes (Pop y Piazzola) de los cuales no tenía conocimiento, pero se dejan oír muy bien. La dirección de Rizzi, eficaz.

Espero disfruten de las grabaciones.

Y señores, más ópera y menos variedad burlesquera, por favor.

Published in: on marzo 19, 2012 at 2:57 pm  Comments (5)  

Down to Mexico Diva – Deborah Voigt en Bellas Artes

En realidad no recuerdo cuándo y en qué escuché por vez primera a Deborah Voigt. Lo que sí recuerdo fue cuándo y en qué me prendí de su voz y noté su existencia en medio de un mar de cantantes líricos. Fue mientras cantaba aquella aria desesperanzada de la princesa griega Ariadna, después de ser abandonada a su suerte en la isla Naxos por el cruel Teseo; es una grabación de la ópera Ariadne auf Naxos dirigida por Giuseppe Sinopoli, con la voces de Natalie Dessay, Anne Sofie von Otter y Ben Heppner. Ese ruego a la muerte fue lo que me hizo darme cuenta de su poderosa voz.

Dicho papel ha sido el signature role de esta cantante americana, nacida el 4 de agosto de 1960 en Wheeling, un suburbio localizado a las afueras de Chicago. Nacida en el seno de una familia muy religiosa (bautista), Deborah se sintió atraída por la música desde muy tierna edad, incentivada quizá por su participación en el coro de su iglesia. A los 14 años, ella y su familia se mudan a Placentia, una ciudad al sur de California. Durante sus años de juventud, se integró al cuerpo musical de su preparatoria, y aunque ella se tomaba muy en serio sus participaciones musicales dentro del grupo, jamás pensó que llegaría a ser una cantante lírica. Ni siquiera tenía conocimiento de que existía la MET Opera.

Gracias a una beca, conoció a Jean Paul Hummel, con quién entrenó su voz durante ocho años. Para 1985, era finalista del “MET National Council Auditions for Young Singers”. Siguió participando en diferentes concursos, adquiriendo cierta notoriedad, tomando clases con reputados cantantes como Leontyne Price, hasta que a inicios de 1991 su carrera despunta al debutar en la Boston Lyric Opera el papel principal en Ariadne auf Naxos, lo que la colocó en las grandes ligas al recibir elogios de todos lados.

Para finales del mismo año llega al escenario de la MET Opera, debutando con el papel de Amelia de Un Ballo in Maschera de Verdi. Regresa en marzo año siguiente (1992) para cantar Chrysothemis en la ópera Elektra, además gana el prestigioso “Richard Tucker Award” que otorga anualmente “The Richard Tucker Music Foundation”. Desde entonces, Deborah siguió construyendo su carrera internacional, debutando en diversas casas de ópera en Estados Unidos y Europa, cantando un repertorio más bien limitado, por diversas razones. Una de ellas era el sobrepeso de la cantante.

Existe un capítulo negro en la carrera de Voigt que ella misma titula The little black dress. Sucedió en 2004, cuando fue despedida de la Royal Opera House por no poder lucir uno de los entallados vestidos de cóctel que debía usar para la puesta en escena de Ariadne auf Naxos en el teatro londinense. La ROH, en lugar de cambiar de vestuario, optó por cambiar de cantante, contratando a Anne Schwanewilms. En su momento Deborah guardo silencio, pero ello no impidió que demandara a la ROH y que a su vez, la opera house fuera el blanco de duras críticas por su proceder.

Este escándalo, sumado a todos sus intentos con dietas para bajar de peso durante muchos años, fue lo que la orilló a someterse a una cirugía de bypass gástrico (si, esa que está tan de moda ahora dónde te engrapan el estómago para que con pequeñas cantidades de comida uno se sienta satisfecho). Una operación bastante riesgosa, más aún para una cantante, sin embargo, la operación resultó un éxito, perdiendo más de 50 kilos y reduciendo su talla de manera considerable. El cambio fue más que notorio.

Muchos podrían acusar a Voigt de haberse sometido a esta operación por simple estética, obedeciendo a los cánones estéticos y a la creciente invasión de “cuerpos bonitos” en el universo operístico, donde el cantante lírico además de cantar bien, debe lucir esbelto en el escenario. En su momento, Deborah declaró que se trataba más que nada de una cuestión de salud, pero que también la cuestión estética tenía que ver.

Varios críticos y fanáticos suyos aplaudieron su decisión al someterse a esta cirugía, pero algunos más alegan que a partir desde entonces, su voz ha cambiado drásticamente, volviéndose un timbre opaco y hasta con toque matronil y con ciertos problemas de fiato.

Este cambio en su apariencia, le permitió agregar nuevos papeles a su voz y salir un poco del encasillamiento de Wagner y Strauss, anexando heroínas italianas veristas, roles con los que antes solo podía soñar y que ahora, gracias a su cambio físico, le pedían cantar.

Está demás decir que tiempo después, Deborah regresó a la ROH para cantar el papel de Ariadne, en la misma producción que la había echado.

Actualmente, su repertorio abarca los grandes papeles del repertorio alemán como Wagner (Senta, Isolde, Elsa, Sieglinde, Brunnhilde), Strauss (Ariadne, Chrysothemis, Die Marschallin, Salome, Helena), Beethoven, Weber, Verdi (Amelia, Aìda, Lady Macbeth, Leonora) y algunos veristas, como Puccini (Tosca y Minnie), con ciertas incursiones en el francés como Les Troyens de Berlioz (Cassandre) o la fallida Alceste de Glück (que canceló debido a una gripa). Ha realizado también una importante cantidad de grabaciones de óperas y álbumes en solitario.

Sin embargo, no todo es ópera en la carrera de Voigt. Ella siempre se ha mostrado entusiasta al cantar otro tipo de repertorio, como el de Broadway y las canciones populares americanas, además de descatarse cantado lieder de Strauss y Zelminsky. Incluso ha cantado en Broadway recientemente, encarnando el papel principal del musical “Annie get your gun”, recibiendo el visto bueno tanto del público y de los críticos, estos últimos algo reacios al conocer esta decisión de la Voigt.

A lo largo de su carrera, Deborah ha sido ganadora de diferentes premios y acreedora a honores muy distinguidos, al punto de ser elevada como “Caballero de la Orden de las Artes y las Letras” en Francia.

Voigt recientemente cantó en el escenario de la MET Opera el papel de Brunnhildë en tres de las cuatro jornadas que componen “El Anillo del Nibelungo” de Wagner (Die Walküre, Siegfried y Götterdammerung) y regresará el año que viene para realizar otro ciclo como parte de las celebraciones a Wagner en 2013, alternando sus funciones con conciertos en solitario con diferentes orquestas en diferentes espacios.

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Eran pasadas de las 6 p.m. cuando me encontraba en frente del Palacio de Bellas Artes. Ni el cotidiano gentío ni el inesperado granizo evitarían que me perdiera de la presentación de Deborah Voigt. Y es que no todos los días viene a nosotros una cantante de su talla a nuestro país.

Antes de las 7, las puertas de acceso a la Sala Principal se abrieron para que la gente entrara. Tomé un programa de mano y lo primero que hice fue revisar las obras con las cuales la soprano se hiciera oír:

Amy Beach

The Year’s at the Spring
Ah, Love, But a Day
I send my Heart up to Thee

 

Ottorino Respighi

Contrasto
Nebbie
Notte

 

Richard Wagner

Dich, Teure Halle (de Tannhäuser)
Du bist der Lenz (de Die Walküre)

 

INTERMEDIO

 

Richard Strauss

Ich trage meine Minne, Op. 32 num. 1
Schelechtes Wetter
Lob das Leidens, Op. 15 num. 3
Ach, Lieb, ich muss nun scheider, Op. 21 num. 3
Frühlingsfeier, Op. 56 num. 5

 

Ben Moore

I am in Need of Music
This Heart that flutters
To the Virgins
Bright Cap

Leonard Bernstein

Piccola Serenata
So Pretty
Greeting
Another Love
It’s gotta be bad to be good
Somewhere

Confieso que sentí un poco de decepción al ver que no incluía otras cosas más operísticas, como el Liebestod de Tristan und Isolda, o un Es gibt ein Reich de Ariadne auf Naxos. Y me sorprendió no encontrar nada de Puccini, pese a que en los afiches se anunciaba – secretamente albergaba la ilusión de que cantase Laggiù nel soledad de La Fanciulla del West – pero no había nada de eso. Inmediatamente quise creer que podría incluir algo de eso en alguna propina.

Confieso abiertamente que al menos la mitad del programa no lo conocía. Con excepción de las piezas de Wagner y Strauss, y alguna vez escuchadas otras piezas de Respighi y Bernstein, pero de Beach y Moore nada. Quizá tenga que ver que son compositores de música estadounidense – Beach de principios del siglo pasado y Moore actualmente activo –. La música estadounidense aún es materia pendiente para mí.

Poco a poco el recinto fue llenándose. Primera llamada. Segunda llamada. Tercera llamada. Al sonar ésta última, el aforo de la Sala Principal se había llenado en un 70% – para la mitad del concierto, puedo aventurarme a decir que estaba ocupado un 80% del recinto –, las luces comenzaban a apagarse y la emoción ya era mucha.

Puntual, salió Deborah Voigt al escenario, acompañada del pianista Brian Zeger. Apenas haber traspasado la puerta, recibió grandes aplausos y ovaciones sin ni siquiera haber abierto la boca. Enfundada en un hermoso vestido azul eléctrico y quizá un poco nerviosa, agradeció el caluroso recibimiento del público y sin más, comenzó a hacer lo que ella mejor sabe hacer: cantar.

¿Qué puedo decirles acerca del arte esta mujer? Qué es maravilloso. Su voz corre sin problemas por toda la Sala Principal, oyéndose desde los lugares preferentes hasta donde yo estaba  – Primer Piso – y podría apostar que llegaba hasta la Galería. Un centro cremoso, un agudo timbrado y seguro y los graves más que decentes.

Lo más aplaudido de la primera parte fueron las dos arias de Wagner – con toda razón –, creo yo que esto es lo que más tenía en mente el público al identificarla como una de las sopranos dramáticas más conocidas del orbe. Tras el término de esta primera parte, yo me sentía abrumado. La calidez de su instrumento me había atrapado.

Tras el breve intermedio de 15 o 20 minutos – no lo recuerdo con exactitud –, vuelve a salir la Voigt acompañada de su pianista. En esta ocasión, Deborah se encontraba ataviada con un vestido azul marino con flores doradas en dorado y un pequeño saco –disculparán ustedes mi descripción, pero de términos de moda no conozco mucho – y visiblemente un poco más calmada con respecto a la primera parte, continuo con el programa establecido.

Es seguro que Deborah conoce muy bien este repertorio, y que sabe cómo sacarle jugo. Sabe expresar lo que canta no solo con la voz, sino con toda la intención necesaria. Retomando las palabras de un crítico acerca de ella “sabe que cada canción tiene una historia y sabe que tiene que contarla”. Personalmente, me conmovieron mucho cuatro piezas de esta segunda parte: This Heart that flutters, So Pretty, Gretting y Another Love.

Simpática con el público, mandando besos y cariños a sus fans. No platicó, pero eso no impidió que el respetable la apremiara con aplausos al término de cada canción – y con justa razón –.

Había terminado ya el programa y la Voigt, acompañada de Zeger agradecían la ovación mientras el público clamaba por más. Deborah nos regaló dos propinas – aquí mi corazón se detuvo, pensando que mis ilusiones posiblemente se harían realidad –. Desgraciadamente no reconocí las dos piezas que cantó – recuerden, desconozco el repertorio de la canción norteamericana, mea culpa – pero definitivamente fueron estupendas. En la primera hasta terminó tocando el piano a cuatro manos al lado de Zeger. La última, con un ligero toque de jazz, enloqueció a los presentes. Si alguno de ustedes lectores asistió al concierto y conoce estas canciones, le suplicaría que me ilumine.

Frecuentemente leo y escucho comentarios acerca del desempeño de su voz, respecto a funciones de ópera. Muchas de ellas me hablan de una voz cansada y con deficiencias notables. Hay que recordar que no es lo mismo cantar una ópera de dos horas a hacer un recital con piezas selecionadas. Creo yo que sería más arriesgado cantar con acompañamiento de piano que con una orquesta completa, ya que en el primer caso la voz está más desnuda, mientras que en el segundo la orquesta podría compensar o tapar los defectos de una voz gastada. Yo no puedo respaldar lo que se dice de otras ocasiones, pero si puedo afirmar que lo que escuché el sábado pasado fue una estupenda voz por parte de Deborah Voigt.

A mis ojos, la Voigt queda como una gran artista, que conoce su instrumento y sabe sacarle partido a ello, apoyándose en su expresividad.

Salí del Palacio de Bellas Artes con un buen sabor de boca. Hacía frío afuera debido a la lluvia, sin embargo la calidez que Deborah Voigt me transmitió durante poco más de media hora me mantuvo de cierta manera abrigado sin pasar frío. Y mientras regresaba a casa, llevaba en mi mente:

We were learning in our school today
All about a country far away
Full of lovely temples painted gold,
Modern cities, jungles ages old.
And the people are so pretty there,
Shining smiles and shiny eyes and hair.

Then I had to ask my teacher why
War was making all those people die.
They’re so pretty, so pretty.
Then my teacher said and took my hand,
“They must die for peace you understand.”
But they’re so pretty, so pretty.

I don’t understand.

Si alguno de ustedes ser perdió el recital de esta maravillosa cantante, aquí les dejo algo que podría gustarles. Se trata de cuatro canciones straussianas que la Voigt interpretó en junio del 2007 con la New York Philharmonic y Lorin Maazel en el podio. Las canciones son Befreit, Lied der Frauen, Morgen! y Frühlingsfeier. Además, agregué un Liebestod de Tristan und Isolde. Espero les agrade.

Descarga

Published in: on febrero 27, 2012 at 4:46 pm  Comments (2)  

¡Feliz cumpleaños DiDonato y Jaroussky!

Joyce DiDonato & Philippe Jaroussky

Este post no pretende cambiar el curso de la historia (ni ninguno de los ya publicados). Es solo para felicitar a la mezzo-soprano Joyce DiDonato y al contratenor Philippe Jaroussky por sus cumpleaños, hoy 13 de febrero.

Reconocidos como “cantantes mediáticos” al contar con el respaldo de una de las grandes disqueras del mercado (Virgin/EMI). Sin embargo, dicha etiqueta no les ha impedido demostrar su talento. Joyce, moviéndose dentro del repertorio belcantista y barroco con algunas incursiones al francés romántico y alemán contemporáneo; Philippe, destacándose en el repertorio barroco, antiguo y abordando nichos no propios de su cuerda como la mélodie francaise.

Recientemente, DiDonato ganó el Grammy Award (justo ayer) por su disco “Diva/Divo” en la categoría “Best Classical Vocal Solo”, además de que fue invitada a participar en el Pre-Telecast Show, siendo la primer artista lírica en hacerlo. Próximamente, Joyce estará ofreciendo algunos recitales en Europa y Estados Unidos, cantando también el Ariodante de Handel e integrará a su repertorio el papel de Maria Stuarda de la ópera homónima de Donizetti (anteriormente, ya había cantado el papel de Elisabetta I en el mismo título).

Por su parte Jaroussky recién ha terminado una pequeña gira al lado del ensamble L’Arpeggiata presentando su nueva grabación “Los Pájaros Pérdidos”, participará en el estreno mundial de la ópera Caravaggio, y formará parte del cast para el tan anunciado Giulio Cesare in Egitto de Handel en Salzburgo al lado de Cecilia Bartoli, Andreas Schöll y otros; intercalando con recitales en solitario.

¡Enhorabuena para ambos! Qué sigan cumpliendo muchos años más y qué continuen continuen llenándonos de alegría con sus voces y su arte.

Published in: on febrero 14, 2012 at 1:44 am  Dejar un comentario  

Mi primer ‘Maria Callas’…

Siguiendo con ésta serie de post acerca de como nació el gusto por escuchar y degustar del género lírico (y que desde luego, ustedes no tienen la obligación de saber), existe una anécdota que me gustaría contarles.

Cuando yo recién le tomaba el gusto a “ésta música”, visitaba yo la sección de discos de una conocida tienda de prestigio, sin buscar ni esperando encontrar algo en específico, aunque tenía ganas de realizar alguna compra. Curioseando, terminé en la zona de “Música Clásica”, revisando me topé con una caja muy grande para ser un disco normal, la portada era plateada y en se veía la cara de una mujer, no precisamente hermosa, pero con unos ojos hipnotizantes. El título del disco era “Maria Callas: The Platinum Collection“. Por alguna extraña razón que aún sigo desconociendo, lo compré.

Se trataba de un disco compilatorio de famosas arias y extractos de óperas que había grabado ésta cantante. Para aquel entonces yo desconocía de muchos cantantes (más que ahora) y ésta tal Callas no ha era la excepción. El librillo que venía dentro de la caja no me daba mucha información de ella, así que decidí consultar en la siempre socorrida y poco veráz Wikipedia. Encontré cosas interesantes, desde que era una mujer que se impuso y supo hacer una carrera maravillosa aunque corta comparativamente, hasta de sus escándalos y vida personal. Por lo leído hasta entonces, me daba como conclusión que era una mujer muy importante dentro del universo lírico.

Debo confesar que cuando pusé en mi reproductor de discos el primer disco de ésta compilación, no conocía ni la mitad de las arias que venían ahí, salvo las más famosas, como la Habanera de Carmen, Un bel dì vedremo de Madama Butterfly, O mio babbino caro, etc. Cuando comencé a escuchar esa voz penetrante, oscura y brillante por momentos, cargada de un dramatismo absoluto, impreso en cada frase con mucho esmero y cuidado (a pesar de que de italiano en aquel entonces apenas sabía nada), era capaz de comprender lo que trataba de transmitir cada corte. Algo especial ocurrió cuando escuché por vez primera su “Casta Diva“, realmente extraño, transmitía una serenidad y paz, llegaba a ser hasta cierto punto íntimo. Fue ahí donde quedé prendado de su voz.

Desde entonces, María Callas, LA DIVINA, forma parte de una de mis cantantes de cabecera, de las más respetadas, admiradas y queridas. Primeramente por su trabajo, el gran legado que dejó sigue vigente hasta nuestros días, su calidad interpretativa, siempre admirada, a veces imitada y jamás igualada, su manera de comprender los papeles que interpretó en escena, etc. En segunda por su vida, no solo se trató de una mujer enérgica y de carácter difícil, caprichosa; sino también de una mujer con una gran sensación de soledad, con los mismos problemas e inseguridades que cualquier mortal podría tener. En conjunto, se trata de una mujer fascinante que demostró que cantar ópera no sólo era pararse y emitir “sonidos bonitos”, que no basta con cantar lo plasmado en la partitura para dar a entender un personaje al público.

Admito que han sido éstas y otras características, virtudes y hasta defectos los que han hecho que yo, cada día que la escucho, me prenda más de su voz, sin ser un fanático obsesionado, sino más que un admirador de su arte (y de su vida). También debo admitir que si aún estuvieramos en los tiempos de partidarismos milaneses, sin duda alguna yo sería un acérrimo “callasiano”.

Debo confesar que he escuchado de ella más bien poco en comparación de lo que yo quisiera, pero lo he hecho para ir disfrutando lenta y plácidamente de su gran arte, cómo decimos en mi país, “de lo bueno, poco”, son escazos los títlulos operísticos que he escuchado completos en voz de ella. He leído y visto todo lo que he podido, desde biografías, crónicas de algunas funciones, entrevistas, conciertos, y aquel famoso y único segundo acto de su gran Tosca en Londres. A pesar de todo, creo que nunca terminaré de aprender (y admirar) a Maria Callas.

¿Y tú? ¿Te gusta Maria Callas? ¿Haz aguantado al menos una ópera entera dónde ella figure en el papel principal? ¿Te disgusta su voz? Por que hay algo que admitir, hablar de Callas no admite medias tintas, o la amas o no la toleras. Lo cierto es que Maria Callas nunca pasará desapercibida

Published in: on julio 14, 2010 at 10:26 am  Comments (3)