Joan Sutherland como Alcina

Published in: on mayo 21, 2012 at 1:51 pm  Dejar un comentario  

Birgit Nilsson como Salome

Happy Birthday Birgit Nilsson

Published in: on mayo 17, 2012 at 10:34 am  Dejar un comentario  

Bidù Sayao como Manon

Published in: on mayo 9, 2012 at 10:38 pm  Dejar un comentario  

FROSCH en Bellas Artes

¡Pero cómo disfruté la función de ayer! En serio que sí. No solo por que fuera una composición de mi adorado Richard Strauss, o porque me despertará cierta emoción presenciar tan monumental obra en el Palacio de Bellas Artes (como manifesté en mi entrada anterior). Pero es que realmente lo pasé muy bien. Sería mucho declarar que ha sido lo mejor que he visto presentado por la CNO, no. Pero si de lo que más me ha gustado.

Después de haber disfrutado de unos momentos muy amenos con algunas amistades, nos enfilamos al Palacio de Bellas Artes para presenciar esta función de Die Frau ohne Schatten (o Frosch para abreviar, de acuerdo como lo haría el mismo Strauss) cuyo estreno nacional ocurrió apenas tres días antes. Una ópera complicada para gran parte del respetable por muchas razones: una orquestación densa, cantada en su idioma original que no es el más cercano a las lenguas romance, larga duración, argumento plagado de enigmas, etc. Pero que al final de cuentas, representaba un acontecimiento y desde luego, yo no perdería la oportunidad de presenciarlo.

Ya ocupados nuestros asientos y casi a punto de iniciar, el recinto lucía ocupado si acado en un 70%, lo cual no me parecía extraño por las razones arriba mencionadas. Mientras estábamos en la plática pre-función, di un vistazo rápido al programa de mano para revisar algunos pormenores de la función.

El reparto compuesto por talento nacional y extranjero (¡gracias!):

El Emperador – Carlo Scibelli
La Emperatriz – Rebeca Nash
La Nodriza – Malgorzata Walewska
Barak – Noé Colín
Su mujer – Olga Sergeyeva
El Mensajero – Óscar Velázquez
Un centinela del umbral del templo – Anabel de la Mora
La aparición de un joven – Juan Carlos López
La voz del halcón – Ana Gabriella Schwedhelm
El tuerto – Josué Cerón
El manco – Octavio Pérez Bustamante
El jorobado – Víctor Hernández

Coro y Orquesta del Teatro de Bellas Artes

Director concertador – Guido Maria Guida
Puesta en escena – Sergio Vela
Diseño de escenografía – Philippe Armand
Diseño de vestuario – Violeta Rojas
Coreografía y movimiento actoral – Ruby Tagle
Director artístico del Coro del Teatro de Bellas Artes – Xavier Ribes

Prácticamente el quinteto principal compuesto de voces extranjeras. Seguramente, si se hubieran limitado a contratar solo talento nacional como en otras ocasiones, todo hubiera quedado seguramente en “buenas intenciones” y tendríamos que conformarnos con el pucciverdi de siempre con algún Donizetti y Rossini por ahí. Afortunadamente, no sucedió así con este título.

Poco tiempo pasado de las 5 de la tarde (uno o dos minutos), la sala empezaba a oscurecer, mientras una odalisca guiaba a un narrador que iría explicando la trama al inicio de cada uno de los actos de la función. Al terminar su discurso, salieron del escenario y entonces sí, inició la función.

No sé hasta qué punto mis comentarios sean objetivos, sigo aún con la emoción a flor de piel de haber presenciado con mis propios ojos tan monumental obra, pero intentaré ser lo más realista posible.

Como es habitual, iré por partes. Primero la vocal. Se dice que para cantar esta ópera, se necesitan voces especializadas en la composición straussiana, cantantes de primer nivel y es precisamente esa una de las razones por las que este título se represente poco.

Ladies first. Si bien me pareció que la voz de la australiana Rebecca Nash como la Emperatriz fue la más ligerita en cuanto a volumen, lograba ser audible frente a la orquesta. Nash tiene un timbre bonito, con agudos seguros y graves un poco menos. Más volumen tenía la voz de la soprano rusa Olga Sergeyeva  que hizo de la Tintorera (o la mujer de Barak) graves y centro interesantes y no por eso con agudos despreciables; es de esas voces cuya resistencia son ideales para estos roles straussianos, me encantaría escucharle una Elektra.

Mención aparte merece la mezzo polaca Malgorzata Walewska. Y es que hay que tener un vozarrón, saber manejar el volumen y mantener la línea para tan temerario papel como lo es el de la Nodriza. Agudos sostenidos y graves totalmente audibles, su voz tiene el metal incisivo típico de las voces de esas latitudes, con un conocimiento tal de su instrumento y la sabiduría (porque hoy en día lo es) de cómo manejarlo. Sin duda, la más meritoria de todos, a la que bravee mucho y que desde luego me encantaría volverla a ver en el escenario de Bellas Artes.

Es sabido que los papeles masculinos de Strauss son un tanto ingratos con los cantantes, sin embargo me parece que los ayer presentes salieron avante con su respectivo rol. Me sorprende bastante que un tenor italiano ande cantando Strauss, sin embargo, Carlo Sciebelli ha dado el ancho cantando el papel del Emperador. Por alguna razón (mi mala fe, supongo) pensé que en algún momento gritaría o algo así, pero para mi sorpresa no fue así. Tiene una voz ancha y buenos agudos, y aún así logra mantener esa calidez propia de los italianos. El Barak a cargo del bajo mexicano Noé Colín también a la altura, si bien por momentos era tapado por el vozarrón de los otros, se hacía oír muy bien por todo el teatro, lo cual para mí es un gran logro hacerse oír a través de tan densa orquestación. Bravo por los caballeros.

El resto de los comprimarios, elenco nacional, muy cumplidores, completando la parte vocal de manera satisfactoria.

Es importante destacar la gran labor de los cuerpos corales que participaron en esta función: El Coro del Teatro de Bellas Artes, la Schola Cantorum de México y el Grupo Vocal “Caritas”. Personalmente, jamás había escuchado tan potente al coro del Teatro, enhorabuena por ellos.

Una maravillosa y apasionada dirección musical por parte del maestro Guido Maria Guida, matizando maravillosamente, haciendo sonar y hasta rugir a la orquesta del Palacio de Bellas Artes. Y logró algo que yo no creí posible: ¡hacer sonar afinados los alientos! Cornos, trompetas, etc, sin afear la rica y complicada orquestación straussiana. Más de 100 músicos en acción, ¿no es para emocionarse? Fue una emoción indescriptible escuchar las fuerzas de la orquesta ejecutando esas notas orgiásticas de Strauss en todo su esplendor, volumen. Cornos y tubas wagnerianas, trombones, trompetas, percusiones, hasta un órgano. Hay quienes consideran la música de Strauss como ruido. Si yo escuchara un ruido así en las calles de esta ciudad, no me molestaría.

En la parte visual/escénica, la puesta en escena minimalista de Sergio Vela cumplió satisfactoriamente, con algunas fallas que ya mencionaré. Aprovechando los nuevos recursos tecnológicos que el Palacio de Bellas Artes tiene desde hace poco menos de dos años, tenemos desniveles con estructuras que suben y bajan, un constante fondo azul que hace del palacio del emperador, la casa de Barak y el templo de Keikobad, principalmente.

Al ser esta una ópera situada en una época legendaria, los escenográfos y registas se pueden dar el lujo de jugar con los ambientes (corríjanme si me equivoco) y a grandes rasgos lo visto ayer no molesta, aunque si hay cosillas que me chiflan un poco, principalmente las olas “de carton” (así se veían desde mi localidad) mal cortadas con la barca coquetona y rústica que transportaba a la Emperatriz y a la Nodriza hasta el templo de Keikobad o ese horrendo marco de luz neón (?) que también se vio en la pasada Traviata: visualmente, cansa mucho la vista. Un poquito de coordinación no les vendría mal, pues mientras aún vemos volando por medio de arneses en la parte superior a las bailarinas caracterizadas como la Emperatriz y la Nodriza al llegar a la casa del tintorero, las cantantes ya están en a nivel del piso iniciando sus partes.

Mucho se ha comentado y discutido la cantidad de recursos gastado para el montaje de esta ópera, una cifra alta y que puede rayar en el escándalo. Personalmente, contando con los efectos de producción y la plantilla de cantantes, coros y orquesta contratada por cuatro funciones, logística y demás, me parece demasiado. Dicen que hablar de dinero es una banalidad cuando se trata de arte. A mí no me lo parece, menos en la situación económica en que nuestro país se encuentra y agregando que faltan todavía otros títulos de la temporada de ópera por presentar. También faltaría conocer de donde han provenido los recursos. Veamos qué sucede.

Sí, fue una función altamente disfrutable, detallitos por aquí y por allá, pero que finalmente no molestan demasiado cuando se mira en su totalidad. Y sí, salí muy contento.

Una verdadera pena que el foro no luciera lleno para contemplar esta magna obra. Entiendo que Die Frau ohne Schatten no es un título que llame mucho la atención o que sea altamente conocido, y casi puedo apostar que los que acudieron a la función del domingo son auténticos diletantes en su mayoría que saben que Strauss es más que Salome y Der Rosenkavalier. Qué tristeza que se hayan perdido tan genial función. Si alguno aún no la ha visto y tiene boletos para asistir, vaya, le gustará, y olvídese de que estará dentro del teatro por cinco horas, realmente disfrutará.

Lo que sí me parece definitivamente triste es que se esté perdiendo el respeto por el trabajo de los músicos y cantantes que están trabajando ahí en el foso o sobre el proscenio. Explico: Más de una vez (lamentablemente) pude escuchar los ruidos de gente que abría sus empaques de celofán con dulces o cacahuates, el ruido al abrir sus latas de refresco e incluso como a algún emocionado (o dormido) se le caía la lata vacía (supongo) cuando la orquesta era tan reducida. Me parece una total falta de respeto ya no solo a los músicos y cantantes, sino incluso para el resto del público que está disfrutando de la música.

No resta más que esperar que sorpresas nos deparan para la siguiente tanda de Nabucco que tiene programada para el mes que viene.

Si ustedes se perdieron la oportunidad de asistir o si quieren revivir en sus oídos esta maravillosa ópera, aquí les dejo (como es costumbre) una grabación de la misma. Se trata de una de las funciones realizadas hace diez años en el escenario de la MET. El reparto es el siguiente:

La Emperatriz – Deborah Voigt
El Emperador – Thomas Moser
Barak – Wolfgang Brendel
Su mujer – Gabriele Schnaut
La Nodriza – Reinhild Runkel
Un mensajero –  Eike Wilm Schulte
La voz del halcón – Julia Faulkner
El Jorobado – Allan Glassman
El Tuerto – Timothy Nolen
El Manco – James Courtney

Coro y orquesta de la MET Opera, dirigidos todos por el director Christian Thielemann. Una muy buena función, con el quinteto principal muy bien plantado. Si bien Thomas Moser luce con los agudos algo apretados, conoce el rol y aún lo saca adelante. Las damas están simplemente maravillosas. Espero les agrade.

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Published in: on mayo 7, 2012 at 11:18 pm  Comments (1)  

Leonie Rysanek como Die Kaiserin

Published in: on mayo 7, 2012 at 1:36 pm  Dejar un comentario  

Ansias straussianas

El pasado jueves 3 de mayo, se dio el estreno nacional de una de las óperas más ambiciosas, monumentales y seguramente más imposibles del repertorio operístico: Die Frau ohne Schatten, ópera en tres actos, compuesta por Richard Strauss con libreto de Hugo von Hofmannstahl; dentro del marco del Festival de México en su edición número 28 en el Palacio de Bellas Artes. Yo no he asistido aún y me encuentro en un estado de ansiedad por presenciar una función. No suelo ser una persona ansiosa… Bueno, a veces sí.

Yo amo las óperas de Strauss, pero eso no quita que existan algunas que me cuesten más trabajos que otras. Arabella y Der Rosenkavalier entraron directito a mi top de favoritas, mientras que otras como Elektra y la mencionada Die Frau ohne Schatten me costaron un poco más. Y es esta última la que me he dado a la tarea de “estudiar” para no llegar tan en blanco.

Mi primer acercamiento con este título fue por el DVD editado por la Decca, con el gran sir George Solti en el foso y unos cantantes de primera: Eva Marton, Cheryl Studer, Marjana Lipovsek, Thomas Moser y Robert Hale. Y a pesar de haber leído un poco de ella antes de comenzar a ver esta grabación visual, no por eso mi tarea resultó tan fácil. Posteriormente me dí a la tarea de escuchar la versión realizada por el mismo director y cuyo reparto lo encabezan Hildegard Behrens, Julia Varady y Plácido Domingo, y aunque traté de escucharla con detenimiento, no se simplificó mi tarea.

Y es ahora que me he dado ahora a la investigación de todo lo que rodea ésta ópera que le he empezado “a agarrar bien el hilo“.

¿De qué va este título? A grosso modo, la Emperatriz (que es hija de Keikobad, el rey del mundo de los espíritus) solo tiene tres días para conseguir una sombra y si no la consigue para entonces, su esposo el Emperador será petrificado. La Nodriza de la emperatriz es la más feliz de poder regresar al mundo de los espíritus ya que detesta vivir entre los humanos, sin embargo, accede a buscarle una sombra a su protegida y la encuentran en una agria Tintorera, esposa de Barak el tintorero, con quien sostiene diversos conflictos, ya sea por la dura vida a su lado, la intromisión persistente de sus cuñados deformes, etc. Visto de esta manera, puede parecer un argumento muy soso y/o fantasioso, pero está muy lejos de serlo.

En 1911, a una semana del estreno de Der Rosenkavalier, Hugo von Hofmannstahl ya estaba pensando en la nueva obra que presentaría a Richard Strauss, basándose en una pieza de Goethe, que fuera el eco a la mozartiana Die Zauberflöte como lo fue Der Rosenkavalier para Le Nozze di Figaro. Sin embargo, el proceso creativo se alargó de 1911 hasta 1917. Durante ese período, había comenzado y finalizado la primera guerra mundial y Strauss no había permanecido ocioso en ese lapso, sino que creo otros trabajos como la ópera Ariadne auf Naxos (también con la colaboración de Hofmannstahl), la Sinfonía Alpina, etc, pero aún quedaba por terminar Die Frau. La tardanza se justifica por las exigencias mismas del libreto y la música (orquesta y cantantes, como más adelante les explico), ya que tanto Strauss como Hofmannstahl sabían que esta ópera no podría representarse en el período de la posguerra.

Fue hasta 10 de octubre de 1919 cuando por fin pudo representarse enteramente en la Wiener Staatsoper. El reparto lo encabezaron dos de las más grandes sopranos de principios del siglo XX y grandes favoritas de Strauss (y rivales): Maria Jeritzia como La Emperatriz y Lotte Lehmann como La Tintorera. Completando el quinteto principal Lucie Weidt como la Nodriza, Karl-Aagaard Oestvig como El Emperador y Richard Mayr como Barak. Dirigidos por Franz Schalk. Solo unos días después fue estrenada en la Staatsoper Dresden y otras más de Alemania. Ya en 1949 Erich Klieber la estrena en el Teatro Colón de Buenos Aires y diez años más tarde, hace su debut en Estados Unidos en la ópera de San Francisco. Ya en 1966 llega por fin a la MET Opera.

Su divulgación la debe gracias a toda la gama de directores alemanes que se interesaron en dirigir y grabar la ópera, comenzando con el paladín de Strauss: Karl Böhm. Siguieron su ejemplo otros directores como Joseph Keilberth, Rudolf Kempe y hasta el propio Herbert von Karajan.

Arriba mencionaba que las dificultades que implicaban tanto el libreto como la partitura. Ahora veamos.

Die Frau ohne Schatten no se trata solo de un simple “cuentito de hadas”, la trama misma está plagada de simbolismos y enigmas. El misterio queda expuesto y el significado de lo representado se presta a múltiples interpretaciones. Pudiera ser que la “sombra” que desea proyectar la emperatriz represente la condición terrenal que todo ser humano tiene con todas sus virtudes y defectos y que ella no, o también (de manera singular) la fertilidad propia que le hace falta para concebir hijos. Y a todo esto, ¿por qué el emperador se la vive buscando a su halcón? ¿Qué representa?. ¿Por qué el tintorero es el único que tiene nombre propio? ¿Y por qué elegirle el oficio de tintorero en lugar de otro? ¿Será simple casualidad que los hermanos de Barak tengan determinados defectos físicos (uno es ciego, otro jorobado y uno más manco)? La nodriza, ¿es buena o mala?. Efectivamente, hay demasiadas preguntas. Y tanto misterio y simbología pudiera aburrir al respetable y quizá sea por esto que ha tardado más tiempo en ser aceptada por el público.

Vocalmente: El quinteto principal está conformado por voces “de uso rudo”: Dos sopranos dramáticas, una mezzosoprano o contralto con un grave potente y agudos solventes, un heldentenor y un barítono. La emperatriz y la tintorera exigen dos voces de gran peso y de alta resistencia, además de que la primera aún mantiene algunos pasajes con coloratura. La nodriza es un papel de esos que se denominan “rompevoces”. Es sabido que Strauss no solía tratar muy amablemente las voces masculinas y en ésta ópera no hizo la excepción, así que el tenor y el barítono que se atrevan con el emperador y Barak (respectivamente) tienen una ardua tarea. El resto de los cantantes en los demás personajes tampoco son muy fáciles de cantar.

La orquesta tampoco la tiene fácil: Más de 100 músicos en el foso, dotándola de un poderoso arsenal de percusiones y dándole la mayor importancia hasta entonces recibida por los metales. Además, introduce otros instrumentos atípicos en cualquier orquesta que dan cierta exoticidad a la ópera, instrumentos tales como timbales, campanillas, un xilófono, cinco gongs chinos, un tam-tam, dos celestas, una armónica de cristal y hasta un órgano. Por momentos, la orquesta straussiana llega a ser más pesada que la wagneriana, y sin embargo, Strauss introduce ciertos momentos intimistas de cámara.

Debido a todas estas implicaciones, esta ópera es muy poco representada y desgraciadamente cuenta con tan pocas grabaciones comerciales disponibles. Me parece que el principal problema ha sido (y sigue siendo) encontrar a los cantantes capaces de hacer justicia a tan grandes papeles, y sin embargo, los ha habido. Leonie Rysanek es quizá la más famosa “Emperatriz” de la historia, seguida por Inge Borkh y Birgit Nilsson (que agregó este papel a su repertorio al final de su gran carrera); incluso algunas se han atrevido a cantar los dos papeles como Gwyneth Jones y la gran Eva Marton. Como mencioné, la Nodriza son “palabras mayores” para cualquier cantante que se atreva con ese papel, y han sido las especialistas las que han logrado destacar ahí, especialistas como Martha Modl, Astrid Varnay, Hanna Schwarz y Marjana Lipovsek. Como el “Emperador” han destacado James King, Rene Kollo, Thomas Moser y Peter Seiffert y como Barak los barítonos Dietrich Fischer-Dieskau y José Van Dam.

Con todos estos antecedentes, ¿cómo no estar ansioso por ver esta monumental obra? Habrá que esperar unas horas…

Published in: on mayo 5, 2012 at 11:22 pm  Dejar un comentario  

Franco Corelli como Don José

Published in: on abril 15, 2012 at 12:29 pm  Dejar un comentario  

Depuis le jour

Bueno, después de unas vacaciones un poco prolongadas, regreso a este espacio. Ahora, les comparto esta obsesión musical que se ha apoderado de mi cabeza al grado de tararearla aún cuando estoy escuchando otra cosa (o sí, si es posible).

Gustave Charpentier jamás se destacó como un gran compositor operístico, a pesar de contar con trabajos sinfónicos interesantes y ser alumno del mismo Jules Massenet. Su obra más importante sería la ópera Louise, novela musical en cuatro actos estrenada el 2 de febrero de 1900 en la Opéra-Comique de Paris y que fue parte de la respuesta francesa al movimiento verista de la ópera italiana, alcanzando un éxito apabullante.

 La historia se centra en un Paris bohemio, en su gente de clase trabajadora, sus sueños y sus limitaciones. Louise es una joven costurera sometida al gris yugo de sus padres lo que la hace añorar su libertad y luchar por su amor por el poeta Julien, que le corresponde. Con esto ya tenemos suficiente para armar el drama que tanto nos gusta.

Depuis le jour, situada al inicio del tercer acto, es una de las más bellas páginas de música escritas. O como diría un querido amigo: es toda una poesía. Si lo queremos ver de una manera práctica, al momento de esta aria, la misma Louise confiesa que ya ha entregado sus favores a su amante. Pero si lo transportamos a esa realidad romántica y dramática, es un canto al triunfo por su nueva vida. Seguramente el cantar esta pieza fue el gran mérito que hizo que la carrera de la soprano escocesa Mary Garden tomara vuelo, después de asumir el rol en la octava función a partir del tercer acto.

Hoy en día, esta aria forma parte del repertorio de numerosas cantantes sopranos, aunque nunca hayan cantado la ópera completa. Habiendo tantas versiones, escojo esta de Anna Moffo grabada por ahí de la década de los 60’s (en el apogeo de su voz). La pasión en cada nota y frase que imprime La Bellissima en esta pieza no tiene igual.

Escúchenla, y enamórense de ella.

Depuis le jour où je me suis donnée,
toute fleurie semble ma destinée.
Je crois rêver sous un ciel de féerie,
l’âme encore grisée de ton premier baiser!
Quelle belle vie! Mon rêve n’était pas un rêve!
Ah! Je suis heureuse!
L’amour étend sur moi ses ailes!
Au jardin de mon coeur chante une joie nouvelle!
Tout vibre, tout se réjouit de mon triomphe!
Autour de moi tout est sourire, lumière et joie!
Et je tremble délicieusement
au souvenir charmant
du premier jour
d’amour!
Quelle belle vie!
Ah! je suis heureuse! trop heureuse…
Et je tremble délicieusement
au souvenir charmant
du premier jour
d’amour!

Published in: on abril 13, 2012 at 1:45 pm  Comments (1)  

Magda Olivero como Adriana Lecouvreur

Y es que colocar esta foto en este blog no obedece a la casualidad, sino porque hoy la diva italiana cumple la edad de 102 años.  Toda una vida consagrada al canto, al arte. ¿Cuántos recuerdos debe guardar la gran Magda Olivero? ¿Cuántas experiencias dignas de conocer una y otra vez? ¿Cuántos consejos para los cantantes que apenas comienzan o que ya tienen una carrera consolidada?

Tanti auguri, grandissima Magda Olivero

Published in: on marzo 25, 2012 at 1:31 pm  Dejar un comentario  

¡Yo también quiero ir a ver a Sondra Radvanovsky!

Pero me voy a tener que quedar con las ganas. Me hacía mucha ilusión poder ver y escuchar en vivo – aunque sea en un recital a piano – a una de las cantantes actuales a las cual puedo ponerle pocas pegas y que me gusta como canta Verdi. En medio de una sequía de auténticas sopranos verdianas, Sondra Radvanovsky se ha abierto paso y se posiciona como una de las mejores en la actualidad. Lo mismo canta una Aìda que una Elena o que una Leonora, como antaño lo hicieran grandes de la talla de Aprile Millo, Leontyne Price y también la gran Renata Tebaldi.

Cuando me enteré que visitaría nuestro país, intercalada entre Deborah Voigt y Dmitri Hvorostovsky, me dio mucha emoción. Unos días después de enterado, me encontré con un amigo que también gusta mucho de la ópera. Le compartí las buenas nuevas y también se sintió emocionado; aunque no supo quién era Sondra Radvanovsky.

Palabras más, palabras menos, reproduzco de manera casi fiel el diálogo que mantuvimos:

Yo. – (Emocionado.) ¡Ya viste! Van a venir Deborah Voigt, Sondra Radvanovsky y Dmitri Hvorostovsky. Qué bien, parece ser que ahora sí escucharemos cantantes actuales internacionales.
Mi amigo. – (Emocionado.) ¡Sí! A Dmitri si tengo ganas de verlo en vivo. ¿Deborah Voigt? ¿Qué no es ella la que hace las presentaciones en las transmisiones de la MET aquí en el Auditorio Nacional?
Yo. – Sí, es ella. Pero no solo hace eso, también canta y lo hace muy bien.
Mi amigo. – (Indiferente.) ¡Ah! Es que de ella no he escuchado mucho. ¿Y la otra quién es?
Yo. – ¿La otra? (Sorprendido.) ¿Te refieres a Sondra Radvanovsky?
Mi amigo. – Sí, ¿ella qué canta o qué?
Yo. – ¿Cómo que qué canta Sondra? ¡Ópera! Es una buena cantante de ópera. Es muy buena cantando roles de Verdi. ¿Cómo es que no la conoces?
Mi amigo. – Pues no, no la había escuchado mencionar. ¿Qué ha cantado?
Yo. – Pues varias cosas, pero te repito: Ella es muy buena cantando Verdi. Lo último que le vi fue una Leonora de Il Trovatore que se transmitió aquí en el Auditorio Nacional y estuvo muy bien.
Mi amigo. – (De nuevo indiferente.) ¡Ah!… No, pues no sé nada de ella.

Admito que me quedé un sorprendido de que una cantante como Sondra pasara desapercibida aún, siendo tan buena como lo es. Quizá sea porque ella no tiene el respaldo de una gran disquera y que no es precisamente la que canta de todo, lo haga o no bien.

Por eso, este post, además de dedicarlo a Sondra, lo dedico a aquellas personas – como mi amigo – que solo saben que Sondra es una cantante de ópera, pero que no conocen parte de su carrera.

Sondra Radvanovsky nace un 11 de abril en Berwyn, un suburbio al sur de Chicago, Illinois. A la edad de 11 años se muda a Richmond, Indiana, donde empieza a tomar sus primeras lecciones de canto, un tanto inspirada después de una Tosca en donde Plácido Domingo hacía el papel de Caravadossi. Ingresó a la University of Southern California con la tesitura de mezzo-soprano, eventualmente seguiría estudiando con Martial Singher. Hasta entonces, Sondra se mantenía cantando arias de Mozart, pero fue Singher quien le apuntó que ella podría convertirse en una soprano verdiana. A la par de sus estudios de canto, estudia teatro en la UCLA.

Diez años fueron necesarios para que Sondra cantara en una ópera completa, siendo su debut en La Bohème en el papel de Mimì en Richmond, Indiana. Por esas mismas fechas, conoce a Diana Soverio, su actual maestra de canto.

Gracias al trabajo constante, Sondra gana en 1995 el Met’s National Council Auditions, lo que le permitiría ser parte del programa Lindemann Young Artist Development, donde perfeccionaría su técnica con diversos maestros como Renata Scotto. Realiza algunos papeles pequeños (como en Elektra y Rigoletto), para después realizar otros con mayor importancia (en Les Contes d’Hoffmann, Carmen, etc.) pero es en 1999, cuando canta por vez primera su Leonora de Il Trovatore, cuando empieza a adquirir cierta notoriedad y su carrera empieza a tomar vuelo.

Desde entonces, se ha destacado con otras heroínas verdianas como Aìda, Violetta, Luisa Miller, Leonora (de Ernani y de Il Trovatore), Elena (I Vespri Siciliani) y Lina (Stiffelio), convirtiéndose en una especialista en Verdi. Además, ha agregado otros papeles de otros compositores a su repertorio, como Tosca y Sour Angelica de Puccini, Roxane de la versión operística que hiciera Alfano de Cyrano de Bergerac, Rusalka de Dvòrak, Sussanah de Floyd, Rosalinde en Die Fledermaus e incluso ha llegado al belcanto cantado Lucrezia Borgia de Donizetti y recientemente Norma de Bellini.

Además de cantar en el escenario neoyorquino, ha cantado en otros escenarios importantes como la Royal Opera House, la Opèra de Paris, el Teatro alla Scala, la Wiener Staatoper, la Lyric Opera of Chicago y San Francisco Opera, entre otros.

Sondra viene de cantar recientemente una tanda de Aìda en Chicago y de debutar imprevistamente ese mismo papel en la MET Opera de Nueva York reemplazando a Violeta Urmana. En mayo estará en el Teatro Real de Madrid para cantar el papel de Roxane en el Cyrano de Bergerac de Alfano y en julio en el Liceu de Barcelona otra tanda de Aìda. Está por debutar en la ópera Anna Bolena de Donizetti, en la Washington Opera, además de cantar en otras funciones más delante de Aìda, Don Carlos y Tosca en escenarios de Europa y Estados Unidos.

Una de las cosas que le reconozco a Radvanovsky es la particularidad de su timbre. Un timbre oscuro, aterciopelado y de gran extensión; con un gran fraseo y buen fiato, y acaso a algunos pueda molestar ese vibrato constante que a mí me recuerda un poco a la antigua camada de cantantes de por ahí de la década de los 50’s y 60’s. Más entregada en los pasajes de patetismo que en los de virtuosismo, y no es que no sepa cómo resolver esas secciones de la partitura, sino a su gusto particular por cantar más bien “cosas tristes” que “cosas alegres”, de ahí que ella prefiera cantar D’amor sull’ali rosée más que la cavatina Di tale amor de la Leonora de Il Trovatore.

No queridos lectores, Sondra Radvanovsky no se trata de una simple nueva voz lírica, se trata de una cantante que lleva ya su tiempo picando piedra en este exigente y azaroso mundo de la ópera, dónde hoy estás encumbrado y mañana en el fango. Aún en la plenitud de su carrera, se da el tiempo de elegir el repertorio que más le interesa y que vaya de acuerdo a su vocalidad y no solo por el hecho de acaparar o presionada por otros lados. Trabajo, criterio y paciencia son cualidades deseables en un cantante lírico, y Sondra ha demostrado tenerlas.

Así que, para todos aquellos que estén leyendo esto y mañana asistan a su recital en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, o aquellos que lean esto después del día sábado 24 de marzo de 2012 y que hayan asistido a su concierto, sepan muy bien y desde ya que se han ganado mi más sincera envidia. Perderme la oportunidad de asistir a un concierto como este me puede mucho, pero primero están esos compromisos familiares ineludibles, y contra eso no hay nada que hacer.

Aún con toda mi envidia, deseo que pasen una velada maravillosa. De acuerdo a lo anunciado por Bellas Artes, el programa se compone de canciones y arias de Cilèa, Giordano, Verdi, Rachmaninov, Duparc, entre otros. Presumo entonces que escucharán cosas como Io son l’umille ancella de Adriana Lecouvreur, La mamma morta de Andrea Chénier, Mercé dilette amiche de I Vespri Siciliani y las hermosas Ne poy, krasavitsa, pri mne y Zdes’ khorosho. Pero bueno, esas no son más que simples presunciones mías.

Para los que tendremos que conformarnos con no asistir, o que deseen recordar la voz de Sondra Radvanovsky, les dejo este pequeño concierto que realizó en Rusia en el 2009 con la Russian State Chamber Orchestra, dirigida por Constantin Orbelian. Arias de Il Trovatore, La Forza del Destino, I Vespri Siciliani, Tosca, Madama Butterfly y Gianni Schicchi. Disfruten

Concierto

Published in: on marzo 23, 2012 at 8:35 pm  Dejar un comentario