Down to Mexico Diva – Deborah Voigt en Bellas Artes

En realidad no recuerdo cuándo y en qué escuché por vez primera a Deborah Voigt. Lo que sí recuerdo fue cuándo y en qué me prendí de su voz y noté su existencia en medio de un mar de cantantes líricos. Fue mientras cantaba aquella aria desesperanzada de la princesa griega Ariadna, después de ser abandonada a su suerte en la isla Naxos por el cruel Teseo; es una grabación de la ópera Ariadne auf Naxos dirigida por Giuseppe Sinopoli, con la voces de Natalie Dessay, Anne Sofie von Otter y Ben Heppner. Ese ruego a la muerte fue lo que me hizo darme cuenta de su poderosa voz.

Dicho papel ha sido el signature role de esta cantante americana, nacida el 4 de agosto de 1960 en Wheeling, un suburbio localizado a las afueras de Chicago. Nacida en el seno de una familia muy religiosa (bautista), Deborah se sintió atraída por la música desde muy tierna edad, incentivada quizá por su participación en el coro de su iglesia. A los 14 años, ella y su familia se mudan a Placentia, una ciudad al sur de California. Durante sus años de juventud, se integró al cuerpo musical de su preparatoria, y aunque ella se tomaba muy en serio sus participaciones musicales dentro del grupo, jamás pensó que llegaría a ser una cantante lírica. Ni siquiera tenía conocimiento de que existía la MET Opera.

Gracias a una beca, conoció a Jean Paul Hummel, con quién entrenó su voz durante ocho años. Para 1985, era finalista del “MET National Council Auditions for Young Singers”. Siguió participando en diferentes concursos, adquiriendo cierta notoriedad, tomando clases con reputados cantantes como Leontyne Price, hasta que a inicios de 1991 su carrera despunta al debutar en la Boston Lyric Opera el papel principal en Ariadne auf Naxos, lo que la colocó en las grandes ligas al recibir elogios de todos lados.

Para finales del mismo año llega al escenario de la MET Opera, debutando con el papel de Amelia de Un Ballo in Maschera de Verdi. Regresa en marzo año siguiente (1992) para cantar Chrysothemis en la ópera Elektra, además gana el prestigioso “Richard Tucker Award” que otorga anualmente “The Richard Tucker Music Foundation”. Desde entonces, Deborah siguió construyendo su carrera internacional, debutando en diversas casas de ópera en Estados Unidos y Europa, cantando un repertorio más bien limitado, por diversas razones. Una de ellas era el sobrepeso de la cantante.

Existe un capítulo negro en la carrera de Voigt que ella misma titula The little black dress. Sucedió en 2004, cuando fue despedida de la Royal Opera House por no poder lucir uno de los entallados vestidos de cóctel que debía usar para la puesta en escena de Ariadne auf Naxos en el teatro londinense. La ROH, en lugar de cambiar de vestuario, optó por cambiar de cantante, contratando a Anne Schwanewilms. En su momento Deborah guardo silencio, pero ello no impidió que demandara a la ROH y que a su vez, la opera house fuera el blanco de duras críticas por su proceder.

Este escándalo, sumado a todos sus intentos con dietas para bajar de peso durante muchos años, fue lo que la orilló a someterse a una cirugía de bypass gástrico (si, esa que está tan de moda ahora dónde te engrapan el estómago para que con pequeñas cantidades de comida uno se sienta satisfecho). Una operación bastante riesgosa, más aún para una cantante, sin embargo, la operación resultó un éxito, perdiendo más de 50 kilos y reduciendo su talla de manera considerable. El cambio fue más que notorio.

Muchos podrían acusar a Voigt de haberse sometido a esta operación por simple estética, obedeciendo a los cánones estéticos y a la creciente invasión de “cuerpos bonitos” en el universo operístico, donde el cantante lírico además de cantar bien, debe lucir esbelto en el escenario. En su momento, Deborah declaró que se trataba más que nada de una cuestión de salud, pero que también la cuestión estética tenía que ver.

Varios críticos y fanáticos suyos aplaudieron su decisión al someterse a esta cirugía, pero algunos más alegan que a partir desde entonces, su voz ha cambiado drásticamente, volviéndose un timbre opaco y hasta con toque matronil y con ciertos problemas de fiato.

Este cambio en su apariencia, le permitió agregar nuevos papeles a su voz y salir un poco del encasillamiento de Wagner y Strauss, anexando heroínas italianas veristas, roles con los que antes solo podía soñar y que ahora, gracias a su cambio físico, le pedían cantar.

Está demás decir que tiempo después, Deborah regresó a la ROH para cantar el papel de Ariadne, en la misma producción que la había echado.

Actualmente, su repertorio abarca los grandes papeles del repertorio alemán como Wagner (Senta, Isolde, Elsa, Sieglinde, Brunnhilde), Strauss (Ariadne, Chrysothemis, Die Marschallin, Salome, Helena), Beethoven, Weber, Verdi (Amelia, Aìda, Lady Macbeth, Leonora) y algunos veristas, como Puccini (Tosca y Minnie), con ciertas incursiones en el francés como Les Troyens de Berlioz (Cassandre) o la fallida Alceste de Glück (que canceló debido a una gripa). Ha realizado también una importante cantidad de grabaciones de óperas y álbumes en solitario.

Sin embargo, no todo es ópera en la carrera de Voigt. Ella siempre se ha mostrado entusiasta al cantar otro tipo de repertorio, como el de Broadway y las canciones populares americanas, además de descatarse cantado lieder de Strauss y Zelminsky. Incluso ha cantado en Broadway recientemente, encarnando el papel principal del musical “Annie get your gun”, recibiendo el visto bueno tanto del público y de los críticos, estos últimos algo reacios al conocer esta decisión de la Voigt.

A lo largo de su carrera, Deborah ha sido ganadora de diferentes premios y acreedora a honores muy distinguidos, al punto de ser elevada como “Caballero de la Orden de las Artes y las Letras” en Francia.

Voigt recientemente cantó en el escenario de la MET Opera el papel de Brunnhildë en tres de las cuatro jornadas que componen “El Anillo del Nibelungo” de Wagner (Die Walküre, Siegfried y Götterdammerung) y regresará el año que viene para realizar otro ciclo como parte de las celebraciones a Wagner en 2013, alternando sus funciones con conciertos en solitario con diferentes orquestas en diferentes espacios.

____________________________________________________

Eran pasadas de las 6 p.m. cuando me encontraba en frente del Palacio de Bellas Artes. Ni el cotidiano gentío ni el inesperado granizo evitarían que me perdiera de la presentación de Deborah Voigt. Y es que no todos los días viene a nosotros una cantante de su talla a nuestro país.

Antes de las 7, las puertas de acceso a la Sala Principal se abrieron para que la gente entrara. Tomé un programa de mano y lo primero que hice fue revisar las obras con las cuales la soprano se hiciera oír:

Amy Beach

The Year’s at the Spring
Ah, Love, But a Day
I send my Heart up to Thee

 

Ottorino Respighi

Contrasto
Nebbie
Notte

 

Richard Wagner

Dich, Teure Halle (de Tannhäuser)
Du bist der Lenz (de Die Walküre)

 

INTERMEDIO

 

Richard Strauss

Ich trage meine Minne, Op. 32 num. 1
Schelechtes Wetter
Lob das Leidens, Op. 15 num. 3
Ach, Lieb, ich muss nun scheider, Op. 21 num. 3
Frühlingsfeier, Op. 56 num. 5

 

Ben Moore

I am in Need of Music
This Heart that flutters
To the Virgins
Bright Cap

Leonard Bernstein

Piccola Serenata
So Pretty
Greeting
Another Love
It’s gotta be bad to be good
Somewhere

Confieso que sentí un poco de decepción al ver que no incluía otras cosas más operísticas, como el Liebestod de Tristan und Isolda, o un Es gibt ein Reich de Ariadne auf Naxos. Y me sorprendió no encontrar nada de Puccini, pese a que en los afiches se anunciaba – secretamente albergaba la ilusión de que cantase Laggiù nel soledad de La Fanciulla del West – pero no había nada de eso. Inmediatamente quise creer que podría incluir algo de eso en alguna propina.

Confieso abiertamente que al menos la mitad del programa no lo conocía. Con excepción de las piezas de Wagner y Strauss, y alguna vez escuchadas otras piezas de Respighi y Bernstein, pero de Beach y Moore nada. Quizá tenga que ver que son compositores de música estadounidense – Beach de principios del siglo pasado y Moore actualmente activo –. La música estadounidense aún es materia pendiente para mí.

Poco a poco el recinto fue llenándose. Primera llamada. Segunda llamada. Tercera llamada. Al sonar ésta última, el aforo de la Sala Principal se había llenado en un 70% – para la mitad del concierto, puedo aventurarme a decir que estaba ocupado un 80% del recinto –, las luces comenzaban a apagarse y la emoción ya era mucha.

Puntual, salió Deborah Voigt al escenario, acompañada del pianista Brian Zeger. Apenas haber traspasado la puerta, recibió grandes aplausos y ovaciones sin ni siquiera haber abierto la boca. Enfundada en un hermoso vestido azul eléctrico y quizá un poco nerviosa, agradeció el caluroso recibimiento del público y sin más, comenzó a hacer lo que ella mejor sabe hacer: cantar.

¿Qué puedo decirles acerca del arte esta mujer? Qué es maravilloso. Su voz corre sin problemas por toda la Sala Principal, oyéndose desde los lugares preferentes hasta donde yo estaba  – Primer Piso – y podría apostar que llegaba hasta la Galería. Un centro cremoso, un agudo timbrado y seguro y los graves más que decentes.

Lo más aplaudido de la primera parte fueron las dos arias de Wagner – con toda razón –, creo yo que esto es lo que más tenía en mente el público al identificarla como una de las sopranos dramáticas más conocidas del orbe. Tras el término de esta primera parte, yo me sentía abrumado. La calidez de su instrumento me había atrapado.

Tras el breve intermedio de 15 o 20 minutos – no lo recuerdo con exactitud –, vuelve a salir la Voigt acompañada de su pianista. En esta ocasión, Deborah se encontraba ataviada con un vestido azul marino con flores doradas en dorado y un pequeño saco –disculparán ustedes mi descripción, pero de términos de moda no conozco mucho – y visiblemente un poco más calmada con respecto a la primera parte, continuo con el programa establecido.

Es seguro que Deborah conoce muy bien este repertorio, y que sabe cómo sacarle jugo. Sabe expresar lo que canta no solo con la voz, sino con toda la intención necesaria. Retomando las palabras de un crítico acerca de ella “sabe que cada canción tiene una historia y sabe que tiene que contarla”. Personalmente, me conmovieron mucho cuatro piezas de esta segunda parte: This Heart that flutters, So Pretty, Gretting y Another Love.

Simpática con el público, mandando besos y cariños a sus fans. No platicó, pero eso no impidió que el respetable la apremiara con aplausos al término de cada canción – y con justa razón –.

Había terminado ya el programa y la Voigt, acompañada de Zeger agradecían la ovación mientras el público clamaba por más. Deborah nos regaló dos propinas – aquí mi corazón se detuvo, pensando que mis ilusiones posiblemente se harían realidad –. Desgraciadamente no reconocí las dos piezas que cantó – recuerden, desconozco el repertorio de la canción norteamericana, mea culpa – pero definitivamente fueron estupendas. En la primera hasta terminó tocando el piano a cuatro manos al lado de Zeger. La última, con un ligero toque de jazz, enloqueció a los presentes. Si alguno de ustedes lectores asistió al concierto y conoce estas canciones, le suplicaría que me ilumine.

Frecuentemente leo y escucho comentarios acerca del desempeño de su voz, respecto a funciones de ópera. Muchas de ellas me hablan de una voz cansada y con deficiencias notables. Hay que recordar que no es lo mismo cantar una ópera de dos horas a hacer un recital con piezas selecionadas. Creo yo que sería más arriesgado cantar con acompañamiento de piano que con una orquesta completa, ya que en el primer caso la voz está más desnuda, mientras que en el segundo la orquesta podría compensar o tapar los defectos de una voz gastada. Yo no puedo respaldar lo que se dice de otras ocasiones, pero si puedo afirmar que lo que escuché el sábado pasado fue una estupenda voz por parte de Deborah Voigt.

A mis ojos, la Voigt queda como una gran artista, que conoce su instrumento y sabe sacarle partido a ello, apoyándose en su expresividad.

Salí del Palacio de Bellas Artes con un buen sabor de boca. Hacía frío afuera debido a la lluvia, sin embargo la calidez que Deborah Voigt me transmitió durante poco más de media hora me mantuvo de cierta manera abrigado sin pasar frío. Y mientras regresaba a casa, llevaba en mi mente:

We were learning in our school today
All about a country far away
Full of lovely temples painted gold,
Modern cities, jungles ages old.
And the people are so pretty there,
Shining smiles and shiny eyes and hair.

Then I had to ask my teacher why
War was making all those people die.
They’re so pretty, so pretty.
Then my teacher said and took my hand,
“They must die for peace you understand.”
But they’re so pretty, so pretty.

I don’t understand.

Si alguno de ustedes ser perdió el recital de esta maravillosa cantante, aquí les dejo algo que podría gustarles. Se trata de cuatro canciones straussianas que la Voigt interpretó en junio del 2007 con la New York Philharmonic y Lorin Maazel en el podio. Las canciones son Befreit, Lied der Frauen, Morgen! y Frühlingsfeier. Además, agregué un Liebestod de Tristan und Isolde. Espero les agrade.

Descarga

Published in: on febrero 27, 2012 at 4:46 pm  Comments (2)  

Duetos de ocasión romántica

El clima frío de hoy no impedirá que miles de personas se demuestren su afecto/amor. Es más, servirá de pretexto a muchos para andar pegados como muéganos para mínimo darse calor corporal.

Yo suelo tomarme como una persona que no demuestra demasiado sus sentimientos, que no anda enamorándose a cada cinco minutos, muy seco pues. Sin embargo, admito que con todo eso soy un poco cursi y hay cosas que me conmueven demasiado. Una de esas cosas son los duetos de amor en la ópera.

Existen miles de duetos en el género lírico. La mayoría tratan de amor, algunos otros no. Casi siempre son entre soprano-tenor al ser las tesituras elegidas para los roles protagonistas, aunque los hay también entre mezzo-tenor, barítono-soprano, contralto-soprano, etc.

Muchos de ustedes conocen duetos operísticos y seguramente tendrán sus favoritos como yo. Así que hoy, he decidido preparar una pequeña muestra de los duetos que más me conmueven. Los hay para distintas ocasiones: despedidas, seducción, amor a primera vista, abandonados, etc. Así pues, les dejo con ellos.

L’incoronazione di Poppea – Pur ti miro, pur ti godo

¿A poco no es bonito? Conocido como el primer dueto de amor en una ópera, se suele decir que no es de la autoría del mismo Monteverdi y que fue agregado por Benedetto Ferrari en representaciones subsecuentes a su estreno. Después de muchas intrigas, Poppea se corona emperatriz de Roma y mujer de Nerón, triunfando el amor (lascivo, creo yo), sobre la virtud. Personalmente, a mi me parece uno de los duetos más cachondos en toda el género lírico.

Yo soy tuya…
Tuyo soy yo…
Esperanza mía, dilo,
tú eres mi ídolo,
sí, bien mío,
sí, corazón, vida mía, sí.

Ariodante – Bramo de aver mille vite

Cursi, o más bien, un dueto coqueto. Siguiendo la moda de las opere serie que eran la moda por aquel entonces, Handel termina su ópera con un dueto entre los dos amantes, el caballero Ariodante y la princesa Ginevra, también después muchas intrigas, finalizando con el coro feliz donde todo era felicidad (inverosímilmente). Me encanta este dueto.

Quisiera tener mil vidas
quisiera tener mil corazones
Para consagrarlas a ti

Don Giovanni – Là ci darem la mano

El tan mentado dueto entre el descarado y libertino Don Giovanni y la “inocente” pastora Zerlina, poco antes de las bodas de esta última siempre me da mucho morbo. Y es que eso que dice él “¡Ándale vamos, no’mas tantito!” y ella tan inocente con un “¡Ay no! ¡Quita! ¡Estate sosiego!” que yo no me creo, me parece tan seductor y a la vez tan en doble sentido para mi gusto. Aún así, no deja de gustarme y producirme morbo. Ese Lorencito, tan picarón con sus libretos

Allí nos daremos la mano,
allí me dirás que sí.
Mira, no está lejos;
partamos, mi bien, de aquí.

Lucia di Lammermoor – Sulla tomba che rinserra… Verrano a te

Este es el único momento en que vemos a una Lucia cándida y amorosa frente a su querido Edgardo, porque de ahí en adelante la vemos angustiada o loca. Antes de que se desate la tormenta entre sus amores, Lucia y Edgardo se juran fidelidad eterna ante el cielo, aunque de poco les serviría porque según esto, sus votos no serían válidos porque no están bendecidos (qué oportuno). Al final, la chica pierde la razón y él se suicida. Qué cosa tan trágica.

Llegarán hasta ti con la brisa
mis ardientes suspiros,
en las olas del mar oirás
el eco de mis lamentos.
Pensando que yo me alimento
de gemidos y de dolor,
deja que una amarga lágrima
humedezca esta prenda.

 Manon – “Toi! Vous!”/”Oui, c’est moi”…  N’est-ce plus ma main

El “pégame, pero no me dejes”. Ideal para rogar. La interesada Manon dejó al pobre caballero Des Grieux y ahora que él se ha vuelto el predicador del lugar, ella vuelve a interesarse. Esta situación me deja dos cosas en que pensar: 1) Por mal que te portes, siempre tendrás a tu menso enamorado que te perdone y 2) Manon tenía atracción por pervertir a santos varones. Qué escondido se lo tenía la muchacha.

¡Sí! ¡Fui cruel y culpable!
¡Pero acordaros de la intensidad de nuestro amor!
¡Ah! En esa mirada que me abruma
¿leeré mi perdón algún día?

Tristan und Isolde – O sink hernieder Nacht der Liebe

Esto es una cosa tremenda. Siempre he pensado en Tristan und Isolda como un acto sexual (de tres horas). Mientras el primer acto me parece un preludio de seducción y el tercer acto la culminación con orgasmo incluido (representado por el Liebestod), el segundo acto lo veo como la parte más importante del acto. Y es que no hace falta más que escuchar este dueto donde Tristan se reúne con Isolda a escondidas del incómodo Rey Märke, jurándose amor de una manera romántica, pero sin cursilería barata.

Así moriríamos
para estar más unidos,
ligados eternamente,
sin fin,
sin despertar,
sin angustias,
sin nombre,
aprisionados por el amor,
entregados el uno al otro,
¡para sólo vivir por el amor!

Madama Butterfly – Bimba dagli occhi neri… Vogliatemi bene

Y es que con éste simplemente no puedo. No. Me emociono siempre que lo escucho, desde la primera nota. La delicada geisha Cio-Cio-San se ha desposado con el lujurioso y despiadado Pinkerton; ella se le entrega, sin sospechar que solo representa para él una más de sus fantasías sexuales. Posteriormente, ella se suicida, entregándole ese hijo fruto de su amor (el de la geisha, no el de él) para recuperar su honor. Sentimentaloides abstenerse.

¡Ah! ¡Cuántos ojos fijos, atentos,
desde todos lados mirándome!
¡En el firmamento, allá lejos,
en las playas, en el mar!
¡Cuántas miradas! El cielo sonríe.
¡Ah, dulce noche!
Todo está lleno de amor.
¡El cielo sonríe!

Andrea Chénier – Vicino a te

Qué cosa tan más triste. Después de sortear muchos problemas, Maddalena di Coigny y el poeta Andrea Chénier al fin están juntos, solo para ir al suplicio uno al lado del otro. El verismo siempre desborda pasión por cada nota (a veces muy edulcorada), pero siempre efectiva para emocionar y éste dueto no es la excepción. Además, qué sexy que Franco Corelli cante esto…

¡Junto a ti se apacigua
mi alma intranquila;
eres la meta de cada deseo,
de cada sueño, de cada poema!
¡En tu mirar veo
la iridiscencia
de los espacios infinitos.
Te miro;
¡en el verde manantial
de tu profunda pupila
vago con mi alma!

Der Rosenkaviler – Mir ist die Ehre winderfahren

A mi parecer, el dueto de amor con la música más bella jamás escrita. Si no me creen, escúchenlo, creo que Strauss no volvió a escribir algo tan bello como esto y el trío final (de voces) al final de esta misma ópera. Oktavian se presenta en casa de la burguesa Sophie para entregar la rosa de plata, como dictan las costumbres vienesas, que es el símbolo del compromiso que está por contraer con el fantoche del viejo Barón Ochs. Sin embargo, Sophie y Oktavian se enamoran, y como no, los dos son guapos, bellos y deseosos, lo que hace que Marie Therese (la mariscala) pase a segundo término en el corazón de Oktavian. Bellísimo desde que inicia hasta que acaba.

Era un jovenzuelo
que ni siquiera la conocía.
Pero, ¿quién soy?
¿Cómo podría estar junto a ella?
¿Cómo podría traerla junto a mí?
Si no fuera un hombre
los sentidos me abandonarían.
Este instante de felicidad
no lo podré olvidar mientras viva.

Luisa Fernanda – De mi tierra extremeña

Porque en el género chico también hay cosas muy románticas. La zarzuela en si siempre se me ha antojado muy pícara y apasionada, y este dueto es prueba de ello. Luisa Fernanda desdeña a Vidal porque su corazón ya pertenece a otro, y a pesar de los intentos del joven, termina por darse cuenta que la dama no soltará prenda alguna. Pobre Vidal.

Los hombres de mi tierra, cuando quieren,
no pierden la esperanza de triunfar.
Montaraza de mis montes,
amapola de mis trigos,
relicario de mis sueños,
manantial de mi cariño…
No se duelen mis amores
del desdén con que los tratas
¡Para un río de desdenes,
tengo un puente de esperanzas!

Como vieron, hay duetos de amor para toda la ocasión. Así que si les apetece, pueden dedicar uno a esa persona especial el día de hoy, ahora que si no quieren caer en el cliché, dediquen uno cada día. También les deseo un bonito y consumista día hoy, 14 de febrero.

Por cierto, ¿cuáles son sus duetos preferidos?

Published in: on febrero 15, 2012 at 2:36 am  Comments (1)  

¡Feliz cumpleaños DiDonato y Jaroussky!

Joyce DiDonato & Philippe Jaroussky

Este post no pretende cambiar el curso de la historia (ni ninguno de los ya publicados). Es solo para felicitar a la mezzo-soprano Joyce DiDonato y al contratenor Philippe Jaroussky por sus cumpleaños, hoy 13 de febrero.

Reconocidos como “cantantes mediáticos” al contar con el respaldo de una de las grandes disqueras del mercado (Virgin/EMI). Sin embargo, dicha etiqueta no les ha impedido demostrar su talento. Joyce, moviéndose dentro del repertorio belcantista y barroco con algunas incursiones al francés romántico y alemán contemporáneo; Philippe, destacándose en el repertorio barroco, antiguo y abordando nichos no propios de su cuerda como la mélodie francaise.

Recientemente, DiDonato ganó el Grammy Award (justo ayer) por su disco “Diva/Divo” en la categoría “Best Classical Vocal Solo”, además de que fue invitada a participar en el Pre-Telecast Show, siendo la primer artista lírica en hacerlo. Próximamente, Joyce estará ofreciendo algunos recitales en Europa y Estados Unidos, cantando también el Ariodante de Handel e integrará a su repertorio el papel de Maria Stuarda de la ópera homónima de Donizetti (anteriormente, ya había cantado el papel de Elisabetta I en el mismo título).

Por su parte Jaroussky recién ha terminado una pequeña gira al lado del ensamble L’Arpeggiata presentando su nueva grabación “Los Pájaros Pérdidos”, participará en el estreno mundial de la ópera Caravaggio, y formará parte del cast para el tan anunciado Giulio Cesare in Egitto de Handel en Salzburgo al lado de Cecilia Bartoli, Andreas Schöll y otros; intercalando con recitales en solitario.

¡Enhorabuena para ambos! Qué sigan cumpliendo muchos años más y qué continuen continuen llenándonos de alegría con sus voces y su arte.

Published in: on febrero 14, 2012 at 1:44 am  Dejar un comentario  

Soundtrack para un día lluvioso

¿No les gusta este clima frío y con lluvía? A mi sí, mucho (bueno, en determinadas circunstancias). No sé si tenga que ver con mi carácter voluble o con mi odio irracional hacia los climas calurosos y húmedos. De cualquier manera, días así se antojan para quedarse en casa viendo películas o salir muy bien abrigado a tomar un buen café. Yo optaría por quedarme en casa, disfrutar un buen café y leer o escuchar algo de música.

Como todos ustedes, yo también tengo mi música favorita (supongo) y esta varía dependiendo de diversos factores: mi estado de ánimo, el clima, hora del día, etc. Personalmente, este clima siempre me sugiere un mood melancólico, calmado, sin sobresaltos, un tanto depresivo quizá. Entonces, aderezo un día como el de ayer (el de hoy, y por lo que se ve, el de mañana) con un poco de música rusa y eslava.

Será una fijación mía, pero la música clásica y la lírica compuesta por compositores de dichas latitudes se me antojan para acompañar musicalizar días como estos. Selecciono en mi reproductor de música, aquellas arias o piezas que más me gustan de Tchaikovsky, Rachmaninov, Rimsky-Korsakov, Dvòrak y Smétana, entre otros  y suenan en mis oídos casi todo el día.

Más que música orquestal, escucho arias y canciones. Y son Galina Vishnevskaya, Boris Christoff , Dmitri Hvorotovsky y hasta Anna Netrebko quienes ponen voz a tan bellas melodías. A continuación, les comparto algo de lo que escucho en días así.

Estas dos me transmiten una melancolía infinita:

Galina Vishnevskaya – Escena de locura de Marfa de “La Novia del Zar” de Rimsky-Korsakov

Piotr Beczala – Kuda, kuda vy udalilis (Aria de Lensky) de Eugenio Oneguin de Tchaikovsky

Galina Vishnevskaya – Never sing to me again de Rachmaninov

Esto es lo más romántico que he escuchado en lengua rusa:

Dmitri Hvorotvsky – Ya vas lyulyub de “La Dama de Picas de Tchaikovsky

Anna Netrebko – Zdes’ khorosho (How beautiful is here) de Rachmaninov

Irina Arkhipova – Da chas nastal de “La muchacha de Orleáns” de Tchaikovsky

Antonina Nezhdanova – The Nightingale and the Rose de Rimsky-Korsakov (bellísimo romance oriental)

Magdalena Kozena – Songs my mother taught me de Dvòrak (la prefiero con acompañamiento de piano)

Y finalmente, algo alegre:

Nicolai Ghiaurov – The Song of Drunken People de Khrennikov

Y a ustedes, ¿qué les gusta escuchar en estos días?

Published in: on febrero 12, 2012 at 12:39 pm  Comments (2)  

Crónica de una feliz muerte en Venecia

This is frenzy, absurd.
The heat of the sun must have made me ill.
So longing passes comes back and forth
Between life and the mind.
Ah, don’t smile like that!
No one should be smiled at like that.
I love you.

Afiche Muerte en Venecia

Basada en el libro “Der Tod in Venedig” de Thomas Mann, editado en 1912, la historia de la ópera “Death in Venice” (Muerte en Venecia), compuesta por Benjamin Britten, se centra en Gustav von Aschenbach, escritor cincuentón en plena crisis creativa, que viaja a Venecia para recuperar su inspiración y lo que termina trastornado a causa de su enamoramiento por Tadzio, un jovencito que también pasa sus vacaciones en Venecia con su familia, justo en el momento en que la ciudad está siendo arrasada por la plaga del cólera. El argumento parece simple y no habrá quien lo catalogue de una historia de amor entre homosexuales tal como lo hizo en su momento Joan Cross(o de temática gay, si se quieren sentirse modernos); pero va más allá de eso.

No se trata de cómo le llega su segundo aire un hombre maduro al ver a un chico, ni de la idealización (mucho menos consumación) de su amor, no es la versión homoerótica de la novela Lolita de Vladimir Navokov y que después Stanley Kubrick (y tiempo después Adrian Lyne) hicieran película.

 

Muerte en Venecia puede interpretarse de diferentes maneras, algunas más complejas que otras y dicha apreciación dependerá de la percepción propia. Personalmente, pienso que presenta la lucha entre lo ideal y lo real,  el pensamiento y la belleza (representado por el dios Apolo) contra lo carnal y la pasión (representado por el dios Dionisio), una lucha que culminará con el desgaste y posterior colapso del personaje principal.

La historia de su gestación va más o menos así: Britten mantenía desde hace años la idea de realizar una adaptación operística del título de Thomas Mann, y solicitó la aprobación de Golo Mann en 1970, hijo del autor y a quién conoció durante su exilio en Estados Unidos. La respuesta fue afirmativa. Por aquel mismo tiempo, el controvertido Luchino Visconti hacía su versión fílmica de la misma historia.

El compositor comenzó al año siguiente a trabajar con su acostumbrado equipo: El tenor Peter Pears, su pareja sentimental y cantante protagonista en las anteriores óperas de Britten; Myfanwy Piper, crítica de arte y anterior libretista de dos trabajos previos de Britten (The Turn of the Screw y Owen Wingrave); John Piper, pintor y escenógrafo (esposo de Myfanwy). Durante ese año, vacacionaron en Francia donde comenzaría a realizarse la adaptación y más adelante, viajaron a la propia Venecia para afinar detalles de la obra que ya empezaba a tomar forma.

En la novela de Thomas Mann, Aschenbach y Tadzio jamás llegan a cruzar palabra, y Britten y M. Piper debían encontrar la manera de resolver para su ópera la ausencia de un diálogo entre el personaje y su obsesión. Decidieron que ni Tadzio ni ninguno de sus relacionados tuvieran voz, y que solo a través de movimientos expresaran su parte, de ahí que dichos roles sean encarnados por bailarines, lo que obligó a Britten a incorporar a su equipo a Frederich Ashton, coreógrafo con el cual mantenía una amistad de años. La música donde tiene cabida Tadzio fue aderezada con el exótico sonido del “gamelan”, un conjunto de percusiones típico en la música indonesia y del cual el compositor quedo fascinado durante su estancia en Bali, agregando una extrañeza inusual a su partitura, extrañeza percibida por Aschenbach cuando ve en Tadzio todo aquello que él jamás se ha permitido vivir.

Peter Pears como Gustav von Aschenbach

Ya en 1972, Britten se dedicaba a escribir el borrador de la partitura, aún introduciendo cambios y ajustes, con algunas ligeras interrupciones. Su trabajo de composición finalizó el año siguiente y el estreno se llevo a cabo el 16 de junio de 1973, en el marco del Festival de Aldeburgh que se realizaba en The Maltings, Snape, Inglaterra. El compositor no pudo ni estar al frente de los ensayos y mucho menos asistir al estreno mundial de la que sería su última ópera, debido a una operación quirúrgica. Solo hasta que el Covent Garden la programó en octubre del mismo año, Britten pudo ver su obra culminada. Tres años después, Britten muere.

Desde su estreno, “Death in Venice” fue objeto de escándalo en los arraigados sectores conservadores de la sociedad y al solo considerarse una simple historia homosexual que podría  incitar esta conducta “inmoral” entre quienes la presenciaran. En algunas ciudades inglesas, la ópera fue prohibida para su representación.

Hay quienes sostienen varias semejanzas entre el escritor Gustav von Aschenbach y el propio Benjamin Britten. Una de ellas es el estancamiento intelectual de ambos en la edad madura: Mientras Aschenbach no encuentra la inspiración necesaria para seguir con su vocación, Britten estaba en un “período de sequía” después del estreno de su “War Requiem”. Otra de ellas es la atracción por hombres jóvenes: Así como Aschenbach se enamora del pequeño Tadzio, es sabido de la constante atracción de Britten hacia los jovencitos y sus coqueteos con ellos (pese a su relación estable desde 1937 con su compañero sentimental, el tenor Peter Pears).

Benjamin Britten en 1979

Las semejanzas van más allá de estas simplezas: en el libro de Mann, se detalla a Aschenbach de la siguiente manera “había crecido […] aislado, sin amigos, dándose cuenta prematuramente de que pertenecía a una generación en la cual escaseaba, si no el talento, sí la base fisiológica que el talento requiere para desarrollarse; a una generación que suele dar muy pronto lo mejor que posee y que rara vez conserva sus facultades actuando hasta una edad avanzada”. Por su parte Britten no tenía muchos amigos y a pesar de la genialidad de sus trabajos, aún escandalizaba la Inglaterra de la posguerra que seguía siendo en buena parte victoriana.

El año lírico en nuestro país dio inicio el 2 de febrero con la reposición de este título que nos ocupa. Yo asistí a la función de ayer,  5 de febrero.

El reparto fue el siguiente:

Gustav von Aschenbach – Ted Schmitz
El viajero, el dandy entrado en años,
 el viejo gondolero, el gerente del hotel,
el barbero, el jefe de los cómicos
y la voz de Dionisio – Armando Gama

La voz de Apolo – Santiago Cumplido
Tadzio – Ignacio Pereda
Jaschiu – Julio Landa

Orquesta y coro del Teatro de Bellas Artes
Director: Christopher Franklin

Es de destacar que el papel principal (Aschenbach) sea muy demandante para el cantante que se ponga a cantar con él, es largo (casi siempre está en escena), todo lo que se percibe desde su óptica y entendimiento lo que requiere una gran variedad de matices vocales. Indudablemente, solo un tenor de las características expresivas de Pears podría ser el indicado para realizar este maratónico papel (más de dos horas). A pesar de ser una dura prueba, el tenor norteamericano Ted Schmitz salió bien librado de ella. Un timbre bello, facilidad para los agudos y una voz expresiva que corre por todo el teatro, además de poseer muy buenas dotes histriónicas. Me gustaría escucharlo de nuevo cantando algo de Mozart, más Britten y como Tom Rackwell de The Rake’s Progress.

Ted Schmitz como Aschenbach y Armando Gama como el Dandy

John Shirley-Quirk fue elegido por el compositor para dar vida a nada menos que a siete diferentes personajes a lo largo de la ópera. La voz de bajo-barítono de Shirley-Quirk daba un toque tenebroso a cada uno de esos personajes, que de una manera u otra, todos ellos anuncian muerte a Aschenbach. Armando Gama resulto idóneo para el papel, su voz oscura contrastaba perfectamente con el timbre luminoso de Schmitz, y a la par para las cuestiones histriónicas.

Britten escribió de manera ex profeso el papel de la voz de Apolo para la cuerda de contratenor, un tipo de voz usualmente relegada al repertorio antiguo y a veces, como sustituto para los papeles originales para castrato en un tiempo en que dicha cuerda no era aceptada y desgraciadamente, aquí en México aún no encuentra mucha cabida en el gusto del público en general. El instrumento del contratenor James Bowman era el óptimo para dotar ese carácter etéreo necesario para la voz de Apolo. Y para esta función, fue Santiago Cumplido quien encarnó al dios griego, iniciando un poco flojo pero desempeñándose al final muy bien.

Santiago Cumplido como la Voz de Apolo

Dentro del cuerpo de ballet, es de destacar la participación de Ignacio Pereda, dando un Tadzio inocente y a la vez poseedor de una sensualidad que desconoce, al igual que la de Julio Landa como Jaschiu.

La orquesta bien llevada por el director Christopher Franklin, imprimiendo la fuerza necesaria en determinadas partes (como la confrontación entre Apolo y Dionisio) hasta lograr lecturas intimistas (Aschenbach analizando sus sentimientos). El coro dirigido por Xavier Ribes muy bien desempeñado.

Completando una escenografía muy funcional, el diseño de vestuario y la iluminación. El escenario por momentos se convertía en los famosos canales de Venecia, en la Plaza de San Marcos y en momentos en un hotel gracias al movimiento de paredes, el desplazamiento de tarimas para dar lugar a los canales, góndolas, etc.; el vestuario en tonos blancos o negros, incorporando el color rojo en los personajes para el barítono y más tarde para el tenor.  Todos estos componentes muy acertados.

Considero que esta función presenciada por un servidor el día de ayer ha sido una de las mejores cosas que he visto en Bellas Artes. Me da gusto ver que en Bellas Artes se puedan presentar espectáculos de este tipo, de gran calidad e ingenio, la combinación de talento nacional y extranjero. Su inclusión dentro de esta temporada me parece un acierto, a pesar de no ser una ópera de repertorio y además, de que aquí “adolecemos” por la preferencia por el Pucciverdi.

Finalmente, les dejo una grabación de esta ópera, a manera de ilustración, que proviene de una de las funciones del año pasado que programó el Teatro alla Scala de Milán, que además supuso su estreno en dicho teatro. El reparto fue el siguiente:

Gustav von Aschenbach – John Graham-Hall
 El viajero, el dandy entrado en años,
 el viejo gondolero, el gerente del hotel,
el barbero, el jefe de los cómicos
y la voz de Dionisio – Peter Coleman-Wright
La voz de Apolo – Iestyn Davies
Tadzio – Alberto Terribile
Jaschiu – Jacopo Giarda

 Orchesta e coro del Teatro alla Scala
Director: Edward Gardner

Parte 1 y Parte 2

Espero les guste la grabación.

Por último, solo quisiera retomar esta pequeña anécdota que viene incluida en el programa de mano de las funciones, para todos aquellos lectores que no pudieron asistir o que no podrán hacerlo, ya que vale la pena conocerla. Es el maestro José Octavio Sosa quien escribe, que allá por septiembre de 1967, Peter Pears se presentó en el Palacio de Bellas en un recital dedicado a obras del mismo Britten y Schumann ante una concurrencia pequeña, lo acompañaba en el piano el mismo Benjamin Britten. Una pena que tan distinguidos artistas hayan pasado tan desapercibidos en nuestro país.

Published in: on febrero 7, 2012 at 8:58 am  Comments (2)  

Ô cruel souvenir

¿Nunca les ha pasado que ponen en modo aleatorio su reproductor de música y escuchan alguna pieza, canción o lo que sea que llama poderosamente su atención, al grado de que la escuchan una y una y otra vez y se percatan de lo bella que es y se preguntan cómo es posible que no la hubieran notado antes? Bueno, a mí sí me pasa y muy a menudo. En realidad, me volvió a suceder la semana pasada.

Henry VIII, ópera en cuatro actos y cinco cuadros, del compositor francés Camille Saint-Saëns, se estrenó en el año 1883 en la Opèra de Paris recibiendo buenas críticas y acogida por parte de la audiencia asistente, ganando una gran popularidad y manteniéndose en repertorio por varios años hasta caer en el olvido dentro y fuera de Francia.

El argumento, basado en “El Cisma de Inglaterra” de la autoría de Pedro Calderón de la Barca, tiene como marco histórico la separación de Inglaterra de la Iglesia Católica de Roma. La trama principal se centra en el rey Enrique VIII, su repudio a Catalina de Aragón y la proclamación de Ana Bolena como reina de Inglaterra (vieja historia ya conocida).

Mi obsesión de la semana pasada se encuentra situado en el acto último de dicha obra: “Ô cruel souvenir”, aria de Catalina de Aragón. Esta pieza inicia con un preludio y va reflejando la amargura y desolación del personaje al contemplar los días ya lejanos en su país natal antes de llegar a Inglaterra y a dónde la ha llevado su suerte. Fue la soprano Gabrielle Krauss quién cantó el papel de la aragonesa el día de su estreno en Paris, siendo muy elogiada incluso por el mismo Charles Gounod por sus dotes vocales y dramáticas.

No esperen encontrar sobreagudos y otros trucos vocales, es su intensidad y patetismo lo que atrapan de esta hermosa pieza. Yo tuve conocimiento de ella escuchando el disco “Tragédiennes III: Les Heroïnes Romantiques”, tercera entrega de la soprano Véronique Gens dedicada a la búsqueda y rescate del repertorio francés desde el barroco hasta finales de novecento, sin embargo, me ha embargado la emoción con la interpretación realizada por la soprano Anne-Sophie Schmidt años antes para su placa titulada “Les Tresors Cachés de l’Òpera Francaise”, y esa es la versión que les dejo. Espero la disfruten

Ô cruel souvenir!
Là-bas, dans ma patrie
Le nom du roi mon père était ainsi fêté!
Tout me parle de toi dans ma captivité,
Ô berceau de mes jours, mon Espagne chérie!
Je ne te reverrai jamais,
Ô douce terre où je suis née!
Au destin qui m’a condamnée
Sans révolte je me soumets.
Mais du moins garde à ma mémoire
Un souvenir plein de pitié,
Ô pays d’amour et de gloire
Que je n’ai jamais oublié!
La mort m’eût été moins amère
Si, comme autrefois, le sommeil,
Je l’avais trouvée, ô ma mère,
Sur ton sein fécond et vermeil.
Comme un soldat vaincu je tombe
Sur une terre de douleurs…
Ceux-là sont heureux dont la tombe
De leur berceau garde des fleurs.

Published in: on febrero 1, 2012 at 1:44 pm  Comments (2)  

¡De regreso!

Bueno, después de mucho tiempo de no actualizar este blog, me he vuelto a dar a la tarea de escribir sobre aquello que escucho y que deseo compartir en el ciber espacio. En medio de una oleada de desaparición y cierre de blogs debido a la ley S.O.P.A en Estados Unidos, vuelvo a dar batalla. Si bien en este espacio no suelo colgar descargas que sean objeto de copyright.

Un saludo a todos los lectores, ya sean viejos conocidos o nuevos.

Published in: on febrero 1, 2012 at 1:26 pm  Comments (2)